2018, año de Duarte… y también de Corral

froylan-columnista

 No hay punto y aparte, tampoco alto en el camino ni espacio a la reflexión, el 2018 empezó de la misma manera en que terminó el año anterior; con los intereses del Ejecutivo girando en torno a la operación justiciera contra César Duarte. Esa prioridad domina su agenda y convierte al gobierno de Corral en una administración monotemática.

A mediados de año y más específicamente desde que liberaron a Garfio y ablandaron a Ricardo Yáñez, la operación había ingresado a un periodo de adormecimiento pasmoso hasta que, cinco días antes de Navidad, detuvieron al millonario de Coahuila Alejandro Gutiérrez, personaje de altos vuelos en el PRI, operador financiero de Manlio Fabio Beltrones.

La noticia, recogida por la prensa internacional con inusitado despliegue tratándose de un desconocido en el ámbito internacional –The New York Times la presentó de secundaria en su portada impresa- tocó al gobierno de Peña y trastornó la campaña de Meade. Un golpe certero, preciso y en la zona que produce daño.

En esos días Javier Coral quedó revindicado, detener a “la coneja de oro” –así llaman al empresario en su círculo interno por ser experto en hacer negocios fáciles, es muy productivo como las conejas- representó el primer gran logro de la campaña mediática basada en la justicia y puso al gobernador en ventajosa posición negociadora frente a Los Pinos y la PGR, renuentes a solicitar la extradición del fugado.

Al tope su adrenalina y ensanchado el ego con ese regustillo que dan los triunfos bien timbrados, el gobernador y quienes lo acompañan en la tarea de justicia se abandonaron a las fiestas navideñas, convencidos de aprovechar, a vuelta de año, su ventajosa situación y urgir la extradición.

Desde el 19 de diciembre, cuando detuvieron a Gutiérrez, y las inmediatas secuelas, hasta la rueda de prensa en Juárez –tres de enero- en la que Corral llamó a Peña Nieto cómplice de Duarte “a menos que en los hechos demuestre lo contrario”, nada relevante sucedió en Palacio, salvo los brindis navideños y abrazos de efusividad por el santa clous anticipado.

En esa lógica el 2017 terminó con la detención de “la coneja” y el 2018 abrió con una declaración estridente de gobernador Corral, apremiando al presidente Peña Nieto para que presente la solicitud de extradición de César Duarte, a riesgo de pasar por cómplice “en el latrocinio contra Chihuahua”, en caso de negarse.

El año pasado detuvieron a Roberto Borges, Javier Duarte, Tomás Yarrinton y Guillermo Padrés. De los gobiernadores asociados a la corrupción, los únicos que siguen libres son César Duarte y Rodrigo Medina de Nuevo León, pero éste segundo desapareció de los radares, lo que hace suponer un acuerdo político exculpatorio de facto.

Jaime Rodríguez, “el bronco”, también llegó al gobierno de Nuevo León denunciando la corrupción de Rodrigo Medina, y a fin de procesarlo abrió causas penales en su contra e incluso lo hizo pisar la cárcel, pero un juez de distrito ordenó su inmediata liberación y no pasó en prisión más que unas horas. Desde entonces su caso se diluyó en la prensa nacional.

Da la impresión que Rodríguez olvidó sus propósitos justicieros para concentrarse en la precampaña independiente a la presidencia, de modo que hoy está por conseguir su objetivo de ser candidato. En los últimos días del año pasado pidió licencia al gobierno para concentrarse en la campaña. De Rodrigo Medina ni quién hable ahora en Nuevo León.

En cambio en Chihuahua el tema Duarte sigue siendo dominante. A excepción de las semanas previas a la definición del candidato presidencial del Frente, que obviamente soñó encabezar, Javier Corral jamás puso su prioridad en otra causa que no fuese la operación justicia.

Lo utilizó como argumento central y casi único de su campaña, fue referente para justificar el inicio de su administración, con un estado en quiebra, y lo tomó por eje rector de su política el año pasado. Ahora lo tiene como instrumento de campaña nacional y éxito de su administración.

En Duarte inicia y termina todo propósito del presente gobierno. ¡Que por favor ya lo detengan! son demasiados los recursos humanos, económicos y el tiempo destinados a su captura. Chihuahua necesita un gobernador concentrado en los asuntos de interés público: seguridad, desarrollo económico, educación, salud, obra pública.

Los primeros de octubre Corral hizo un balance del primer año y aunque trató de ser plural, destacó y avaló el trabajo de todos los secretarios, su mensaje de justicia y transparencia ocupó la mayor parte. Fue la nota, por mucho ¿Sucederá lo mismo cuando presente su primer informe legal, y el segundo, tercero, cuarto y quinto?

Una interpretación genuina sobre las reflexiones anteriores sería que abogo por que olviden a Duarte y abandonen su persecución. De otro modo por qué joder con que ya fue mucho. Valdría pero no es mi propósito, razón por la cual subrayo la aclaración.

Como muchos chihuahuenses exijo y deseo que haya justicia para Chihuahua, desde este espacio he reseñado, como pocos, los abusos, excesos y desplantes de Duarte y su gente. Cebaron sin saciarse su ambición en las finanzas públicas y lo hicieron sin remordimiento ni miramientos. Estoy de acuerdo con Javier Corral cuando dijo que Duarte “confundió la constancia de mayoría con la factura del estado a su nombre”.

Podría seguir, escribí columnas completas al respecto cuando la mayoría callaba, pero el motivo de la presente entrega no es describir otra vez el corrupto pasado, sino llamar la atención sobre un hecho que, por evidente, podría pasar desapercibido en el contexto general en perjuicio de Chihuahua: la obsesión casi patológica de un gobernante con su antecesor, en detrimento de los asuntos sustantivos del estado.

Pongámoslo así: César Duarte se sale con la suya, sea consiguiendo la residencia o convertido en testigo protegido de los Estados Unidos o simplemente Peña Nieto decide protegerlo en lo que pasan las campañas y el nuevo presidente olvida el tema atendiendo sus propias prioridades.

En esa hipótesis habrían sido más de dos años perdidos para Chihuahua, está claro que por si sólo Corral no puede –está fuera de sus competencias- ejercer acción penal. ¿Aaaah… y por eso hay que dejar de perseguir o perdonar al corrupto? Otra vez, desde luego que no, hagan todo el esfuerzo en detenerlo, es una exigencia social. Sólo digo que también pongan atención en los asuntos de interés público, no es tan difícil si consideran que para eso tiene todas las instituciones a su disposición y el poder que da el cargo para moverlas.

No se trata de un anhelo personal o la opinión de quién está inconforme con el rumbo que lleva Chihuahua, éste sentir empieza a generalizarse, se comenta en distintos ámbitos de la vida pública y privada, con diferentes matices e interpretaciones, pero siempre constante en charlas informales de cafés, velorios y cotillos.

Los chihuahuenses se cansan de ver una campaña sin resultados –para le gente común no hay más resultado que la detención de Duarte- mientras la actividad gubernamental permanece inactiva, la inseguridad crece y la vida se complica.

Hemos llegado al punto de que éste 2018 es el año más importante para Cesar Duarte. Si consigue mantenerse al otro lado de la frontera habrá escapado de la justicia y en consecuencia se saldrá con la suya, disfrutando de sus millones muerto de risa.

Y dado que la suerte política de Javier Corral está ligada a la detención, así lo planteó desde campaña, por definición el 2018 también es su año. Fracasa y será recordado como el gobernador que abandonó sus compromisos con Chihuahua ofreciendo traer justicia, pero se quedó a medio camino.

Por fortuna Chihuahua es más grande que los odios y egos de ambos. La vida sigue esperanzada en que los esfuerzos personales sean el motor que impulsa el desarrollo y bienestar de cada familia, cuyos miembros se mueven ajenos a las disputas entre poderosos, que tan distantes de sí les parecen.

Es de weba empezar el año así, también imbuido en ese pleito que se ha tornado más electoral y vengativo que de legítima justicia y quién lo niegue que haga el favor de explicar porqué los ofrecimientos de perdón casi incondicional a los implicados menores, a cambio de su testimonio contra Duarte.

La noticia más reciente al respecto es que el abogado de “la coneja”, Antonio Collado, denunció que su cliente está siendo presionado para convertirse en testigo protegido, a cambio de rendir declaración que comprometa a Duarte y Videgaray. El mismo caminito de los otros.

Son doce meses, en este punto menos de 365 días y el tiempo corre, quién de los dos disfrutará satisfecho los buñuelos cuando el año sea viejo. Insensata disyuntiva, pónganse a trabajar que hay vida más allá de San Guillermo. Bienvenidos al 2018.