Una aldea en perpetua crisis

froylan-columnista

 Marshall McLuhán, destacado pensador canadiense, acuñó en los tempranos sesentas el concepto “Aldea Global”, para describir un mundo donde la comunicación corría de prisa, empequeñeciéndolo hasta compararlo con una aldea tribal. Lo asombraba la instantaneidad del teléfono, televisión, radio y los incipientes desarrollos digitales que, conjugados, abrazaban a las diversas sociedades y culturas dispersas en el mundo desarrollado.

Sesenta años después, con una velocidad que McLuhán probablemente jamás imaginó en la comunicación, en la era de las redes que hicieron obsoletos los tiempos de la radio y la TV, me cuesta trabajo aceptar que Javier Corral tenga razón; Chihuahua es una aldea y nosotros sus aldeanos. La campaña presidencial entra en su etapa crítica, la radicalización ideológica que muchos juzgamos disuelta, y nos sorprendió en asuntos domésticos.

Imposible ignorarlos por más que pretendamos involucrarnos en los temas superiores, como la caída o permanencia de un régimen que resiste a su muerte, las nefastas consecuencias ante la posibilidad de regresar al más fatuo populismo de los años que en McLuhan visualizaba su aldea, si trastocan la vida de miles y miles de chihuahuenses.

Atados a nuestro mundillo vivimos y padecemos, en consecuencia, en una suerte de particular microcosmos. Ya sabe, los maestros en paro, la sociedad ansiosa por los actos de ¿terrorismo contra gobierno? ¿narcotráfico por la guerra entre criminales? Lo que sea, la violencia infunde temor y azoro en las familias, bajas expectativas de crecimiento.

En esta escena de sobresaltos sociales prevalece un factor común; encuentra origen en quién, por definición y mandato popular, tiene por obligación desactivar todo conflicto que detenga el desarrollo y la convivencia armónica de la sociedad que gobierna. Alguien que pretende sacar a Chihuahua de su aldeanismo, a cuyo mando está sujeto el gobierno del estado y el poder que representa, Javier Corral.

Hagamos un fugaz ejercicio retrospectivo, sólo con propósitos de contraste, sobre los conflictos que definieron a pasados gobiernos, y encontraremos otro factor dominante que los identifica. Desde luego no es un recuento, sólo cito algunos que trascendieron sus sexenios.

De Fernando Baeza se recuerda el plantón del Movimiento Democrático Campesino, dirigido por Antonio Becerra y Camilo Daniel. Víctor Quintana empezaba a despuntar y Pato Ávila no quiso entrar. Fue un movimiento legítimo por mejorar precios de garantía en granos básicos, que terminó ahogado en el tedio de la plaza y las promesas cumplidas a medias.

Con Barrio empezaron las muertas de Juárez, el descrédito internacional de una comunidad a la que la prensa extranjera describían bárbara. Hubo marchas y hasta en una participó el gobernador, que así abdicaba de su obligación a detenerlos, para convertirse en otro ciudadano más. También está presente en la memoria colectiva el episodio de los colonos de Monterde, atacados violentamente por Policías Estatales.

Llegó Patricio, continuaron las muertas y la prensa internacional consolidó a Chihuahua, injustamente, como la capital mundial de los feminicidios. Después el balazo y los arrebatos del mandatario.

Con Reyes la inseguridad, la segunda parte de su administración fue de muerte, secuestros y extorsiones. Eran los tiempos en que la vida de cualquier paisano valía dos mil pesos, fuese pobre o rico.

El factor común es que la fuente de todas las crisis anteriores tenían sus orígenes fuera del gobierno. Por obvio que parezca, es pertinente aclarar que se trataba de movimientos contra la autoridad o escenas de violencia que superaban la reacción gubernamental, como los feminicidios y los ajusticiamientos entre narcotraficantes.

Dejo fuera el pasado gobierno por que sale de los parámetros anteriores, los problemas de Duarte provenían de su propia administración y más específicamente de su concepción personal de gobierno; abusivo, pendenciero, corrupto y corruptor, megalómano.

Duarte encabezó una pandilla de truhanes incultos y ambiciosos que saquearon las finanzas estatales, compraron con dinero público a la oposición, sometieron a las instituciones y se burlaron de los chihuahuenses exhibiendo como logro personal su riqueza mal habida y dispendiosa.

Las consecuencias fueron devastadoras para su partido, el PRI tuvo la peor elección en su historia. No lo advirtieron, pero trabajaron sin pausa autodestruyéndose. Sin crisis reales o creadas por enemigos externos, se convirtieron en su propio problema.

En ésta última parte, cuando avanzaron casi dos años del presente gobierno, encuentro parecidas las administraciones de Duarte y Corral. Ellos mismos han creado los problemas de su gobierno, ambos llevados a los extremos; Duarte la Corrupción, Javier su deseo de trascendencia política por la vía del choque.

Sean sinceros y respóndanse, señores del Nuevo Amanecer, quién promovió y donde organizaron las protestas del uno de enero del 2017 contra el gasolinazo. Al perder control del monstruo, tres días tomadas las casetas, quisieron contenerlo pero ya se había vuelto contra su creador. Un primer y ominoso anticipo de que el nuevo gobernador seguía jugando al opositor, habiendo protestado el cargo.

El despropósito legal para imponer a Jiménez Castro en la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia, que terminó condenado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es más que obvio. El episodio de la Contraloría, Nachito y el oso Valenzuela. La destitución de Leyva en el Ichitaip. La negligencia de negar el pago a los maestros interinos y durante meses cerrar los ojos a sus reclamos.

El cálculo político de llevar los problemas de Chihuahua a escala nacional con el fin de sacarlos de la aldea y presionar a Peña en sus terrenos: constantes declaraciones desafiando a la Federación y al presidente en particular, la caravana, la asamblea informativa donde prometió denunciarlo ante tribunales electorales, el desacato judicial a un Tribunal Colegiado de Circuito.

¿En qué se convirtió ese desafío, es decir la decisión del gobernador de Chihuahua de estirar la liga hasta romperla, pues sabe que más allá de Peña Nieto no hay ante quién apelar en sus exigencias de justicia?

Las respuestas están en la calle: atentados contra escoltas de altos jefes policiacos, incluido el gobernador, un paro magisterial de casi dos semanas en perjuicio de medio millón de chihuahuenses –padres, maestros y alumnos- y cientos de comerciantes del centro, enérgicas sentencias de la Corte, la chequera de Hacienda cerrada y roto el diálogo en Gobernación. Todas conclusiones públicas de Javier.

Es Chihuahua un amasijo de problemas que van más allá de la administración estatal. La crisis de los maestros, la violencia y la falta de dinero frustran el desarrollo de la entidad.

Pero si el gobernador sólo quiere a Duarte, meterlo a prisión y todos en paz. Su conducta es la de un valiente al que no pondrán de rodillas. Peña necesita dejar de proteger al vulgar ladrón y se acabó el problema, dicen los voceros de su gobierno, los que tienen intereses o afinidad de partido.

Lo he dicho cientos de veces, no jodan con que apoyo a Duarte, ese propósito es aplaudible, los castigos social y electoral son insuficientes para los ciudadanos lastimados, añora verlo detenido. Sin embargo nadie objetivamente, fuera o dentro de gobierno, negará que Javier trasladó sus desafectos y obsesiones contra Duarte hacia Peña Nieto y en esa parte erró la estrategia de lo que llaman “Justicia para Chihuahua”.

Pudo elegir el camino amable y optó por el choque, está en su naturaleza de opositor. Mientras más vaya e intente tirar las puertas de los Pinos pidiendo la cabeza de Duarte, mayor será la protección al saqueador. Eso lo saben muy bien Javier y sus estrategas, ninguno es pendejo ni se chupa el dedo, son conscientes de los pantanos que pretenden cruzar.

Su perversidad radica en que, para efectos de opinión pública, pone la justicia como prioridad, siendo que busca la oportunidad de generar crisis al interior de la aldea con tal de atraer reflectores nacionales que lo hagan situarse como el gran opositor del país.

Nadie fuera de los partidos pide o quiere verlo de rodillas, la exigencia social –cada vez más extendida- es que vea por Chihuahua, ponga en el centro de su agenda los problemas de la entidad en lugar de aprovecharlos como instrumento para sus aspiraciones presidencialistas. Es una insensatez tomar por objetivo de su campaña contra la corrupción el encarcelamiento de Peña Nieto, sabiendo las consecuencias que sufre la entidad.

El suyo es un cálculo de alto riesgo. Aun asumiendo que el régimen vive sus últimos meses, en el tiempo que resta los coletazos del dinosaurio moribundo son devastadores ¿Porqué no esperar a que se vaya el otro “vulgar ladrón” para emprender la campaña justiciera? No logro entender, sabiendo que obtendría el mismo resultado sin lastimar a Chihuahua.

Mi empeño es necio, quiero interpretar correctamente a un gobierno sorpresivo y extravagante. Imposible, también me paso de pendejo. Mejor cierro y parto al Acebuche, allá no hay ladrones protegidos, prematuras obsesiones presidenciales, Peñas cómplices, gobiernos autodestructivos y la única crisis la produzco yo. Ahí se la echan, el fin de semana es largo.