No me gusta lo que veo

froylan-columnista

Falta un ciclo lunar para las votaciones, 28 días y el resultado parece definido; López Obrador sigue creciendo sin obstáculos enfrente, desvelando cada día más un acuerdo con Peña Nieto y parte de la mafia, entre ellos Felipe Calderón, para apisonar su arribo a los Pinos. “Sólo un ciego no podría verlo”, dijo hace días Jesús Ortega, uno de sus más agudos opositores entre los intelectuales y políticos de izquierda.

También yo estoy convencido y me pregunto ¿Qué tanto les repugna Ricardo Anaya para que hayan preferido –Peña y Calderón- pactar con López Obrador, rompiendo acuerdos históricos que dieron vigencia al PRIAN? La respuesta es todo. Les repugna todo, conocen su historia de traiciones y ambición incontenida de poder.

Hagamos un ejercicio de imaginación colocando a Margarita Zavala como candidata del PAN, sin el Frente, y Ricardo Anaya su coordinador o en la presidencia del partido y recordemos que antes de renunciar al PAN era la única que rivalizaba en popularidad con López Obrador. En unas encuestas salían tablas y en otras Margarita estaba incluso adelante, sin mencionar que Anaya ni pintaba.

Como juego imaginativo es dable suponer que hoy Margarita sería la gran rival de AMLO y probablemente lo hubiese rebasado, por mucho. Nunca lo sabremos, el hubiera no existe, refiero lo anterior para poner en contexto el grave daño que causó Anaya al PAN, abusando del liderazgo formal para secuestrar la candidatura. Los pisoteó.

En el escenario del “si hubiera”, José Antonio Meade a estas fechas estaría arriando banderas para despejar el paso a Margarita y los empresarios se habrían rendido ante ella con tal de marginar por tercera vez a López Obrador. La burda operación de “la mafia” contra el odiado común, efecto inverso del 2012 cuando Felipe Calderón contuvo a Josefina Vázquez Mota a favor de Peña Nieto. Este dato, parte de las leyendas políticas, lo confirmó ayer Jorge Castañeda en el programa de Aristegui.

Ahí estuvo el mal cálculo de los empresarios. Para ellos no hay más interés que el dinero, en consecuencia nada es personal sino asunto de negocios, mientras chille la caja registradora están felices, así que concluido el primer debate supusieron que podían doblar a Peña y Calderón para bajar de la contienda a Meade y Margarita.

Error, no tomaron en cuenta las ofensas personales de Anaya contra los Calderón, al punto de que Margarita renunció al partido donde nació, el PAN de sus amores, ni la justificada desconfianza de Peña, advertido por boca del candidato y en público que lo metería en prisión. Puesto en el poder no hay quién lo controle, pensó Peña ¿Que tal si, sí?.

Un comentario entre paréntesis, esa recomendación desafiante, aseguran, es de Javier Corral, ufano de que así ganó la gubernatura contra Duarte. A la distancia el error es evidente, al cancelar cualquier posibilidad de alianza con el poder lo aleja de la Presidencia.

Desde luego la elección no ha concluido, hacen hasta lo imposible por levantar a Meade y Anaya podría ser beneficiario de un espontaneo voto útil, improbable pero posible, la losa que arrastra Meade cancela sus aspiraciones, la gente nada quiere con el PRI de la corrupción y, a pesar de ser el mejor calificado entre los cuatro, sus posibilidades son poco menos que marginales y el voto útil se construye desde arriba, jamás ha sido por iniciativa popular.

Además de la corrupción, convertida en hartazgo, hay factores internos que dificultan la campaña de Meade. Peña permitió que Videgaray, Meade, Nuño, Ochoa, Mike Arriola y otros a quienes llaman el grupo “ITAM”, ningunearan a liderazgos históricos como Beltrones, Gamboa Patrón, Osorio Chong y otros exgobernadores y caciques regionales que componen la histórica nomenclatura del partido. Imposible, así nunca aprovecharán la fortaleza legendaria de su estructura electoral, en la que hoy intentan refugiarse.

No me gusta lo que veo, todo se acomoda para que López Obrador sea el próximo presidente de México, la mafia que antes lo frenó está hoy dividida; los empresarios ilusos recargados temprano con Ricardo Anaya y el poder público dispuesto a morir con Meade, esperanzados en una eficiente contención de daños. De lo perdido lo que aparezca.

Estoy en contra, lo he dicho y firmado en varios momentos, del modelo neoliberal esbozado por Miguel de la Madrid y consolidado durante el sexenio de Salinas de Gortari. Después Zedillo, Fox, Calderón y Peña lo siguieron por nota. Más de 30 años concentrando la riqueza en unas cuantas familias, en detrimento de millones y millones de mexicanos empobrecidos.

Hace varios años, diez o más, pregunté a un exsecretario de Hacienda estatal, formado en la escuela de Pedro Aspe, cuanto tiempo necesitaba el neoliberalismo, es decir la rigidez de los indicadores macroeconómicos, para verse reflejado en la economías familiar. Por lo que veo, pasan los años y en el número de miserables hambrientos en lugar de retroceder crece, argumenté.

Se va a dar una mejoría, se va a dar Froylán, es cuestión de tiempo, respondió sin convicción. Es un hombre de buena fe, bien intencionado, pero no tenía entonces una respuesta, como seguramente tampoco la tiene hoy.

Pasaron las décadas y ese tiempo nunca llegó, al contrario hoy nadie puede negar que su resultado es el surgimiento de una casta de supermillonarios, una clase media deprimida y exigua contra un altísimo número de pobres que subsisten con un dólar diario, por familia. Ese sistema impuesto por los organismos internacionales y el judaísmo mundial condenó a la miseria a millones, decenas de millones de mexicanos.

El análisis de López Obrador no puede ser más puntual y contundente, el neoliberalismo que defiende la mafia es una desgracia para el país, sin mencionar la corrupción expuesta en el gobierno de Peña, en la que nosotros tenemos a uno de sus mejores exponentes ¿Hubiese hecho Duarte y los otros gobernadores lo que hicieron sin autorización implícita de Peña? Nunca.

Lo que no me gusta, es que para combatir al sistema neoliberal que nos ahoga,propone un populismo ideológico añoso y rancio, con tendencia de dictadura. Ofrece el espejismo asistencialista que la historia tiene desacreditado, ese sistema, sin referirme a los totalitarismos rusos o chinos, destrozó la vida de por lo menos tres generaciones, en los países donde consiguieron instalarlo.

Contra ese populismo no me mueve el sentido ideológico, me parece tan ridículo hablar hoy de ideologías que hasta me niego a mencionarlas, pero son otra vez parte de la discusión nacional. Están entre nosotros.

Comparto y compro una izquierda moderna y progresista –el populismo es retrógrada y antidemocrático- como la propuesta por Cuauhtémoc Cárdenas, Juan Ramón de la Fuente, Enrique Krauze, José Woldenberg, Miguel Mancera y a escala internacional Michelle Bachelet, Pepe Múgica, Franzua Mitterrand, Felipe González y otros que han dado testimonio, en el ejercicio del poder, que hay antídoto contra el neoliberalismo canalla.

Es una izquierda de respeto a las instituciones, con sensibilidad social, sujeta a los procesos electorales, promotora de la Iniciativa Privada y el desarrollo económico como ente generador de bienestar para los más desfavorecidos.

Por esa izquierda me pronuncio, jamás por la de López Obrador y los radicales en su entorno que siguen soñando, a casi 40 años de que cayó el Muro de Berlín, con la revolución latinoamericana, insertar a México en ese proceso a manera de revulsivo. Sus promotores cierran los ojos para no ver el sufrimiento en otros países, los dominan las viejas pasiones ideológicas que alimentaron sus quimeras de frustrados estudiantes universitarios.

Encuentro inaudito que no vean las tentaciones reeleccionistas en López Obrador, cuando habla de reformar la constitución para refrendarse cada dos años: a los dos años el primer refrendo, a los cuatro el segundo ¿a los seis el tercero? Ninguna necesidad hay sin embargo la repite cual si fuese su mejor propuesta de campaña.

Y sí, temo que arruine la próxima generación de mexicanos, seis años de un gobierno contra la corrupción lo aplaudiría, así sea populista, pero la perpetuidad en el poder genera dictaduras y –con honestidad intelectual- todos conocemos sus nefastos resultados.

Nunca me había parecido de tanta weba escribir lo que escribo, observar lo que observa, anticipar lo que anticipo. Pero si llega y a los seis años pretende reelegirse, no me culpen a mi, he cumplido con la obligación de advertir al país los peligros que enfrenta –jajajaja, todos me harán caso- en vez de Aldama me voy al acebuche y que venga el diluvio, a la sombra de un nogal y con una modelo especial bien fría cualquier populismo queda conjurado.