*Frenéticos activos de Corral

* Anaya, apuesta riesgosa

* Calientan tercer debate

* Río Tinto ¿Otra negligencia?

froylan-columnista

El activismo de Javier Corral es frenético, intensificado desde su convencimiento de que López Obrador pactó con Peña Nieto, pavimentando su arribo a los Pinos. Desde antes se movía con soltura en diversas regiones del país, pero en la última semana colocó sobre sus hombros la naufragante campaña de Ricardo Anaya.

A un lado las sutilezas, fuera máscaras, lo primero es enderezar el rumbo de los candidatos frentistas, propósito con el cual se hace videos con Alejandra Barrales, usa sus redes diario para golpear a López Obrador y Peña, encabeza marchas de la paz en San Luis Potosí, promueve videos. Está más activo que muchos candidatos.

En su descargo es justo decir que son pocos los gobernantes que se resisten a intervenir en asuntos electorales que no son de su incumbencia, por ejemplo se ha comentado mucho que Duarte distrajo ilegalmente dinero de los chihuahuenses para financiar campañas del PRI en diversos estados de la república. Sin embargo ninguno con la intensidad y el denuedo de Corral.

También es válido afirmar que la política es todo su interés, posponiendo su responsabilidad de gobierno con Chihuahua: encabeza una marcha por la paz mientras la guerra del crimen deja cientos de muertos mensuales en la entidad; ocupa su tiempo combatiendo a Peña pero los hospitales del estado están en las condiciones más deplorables posibles; filma spot de apoyo a candidatos pero en Chihuahua no hay una sola obra hecha por el gobierno.

Es su estilo personal de gobernar, el activismo de oposición lo define, y si gana López Obrador, como anticipan las encuestas, serán otros tres años de confrontación con la Federación, ha dicho que “lo tendrá de frente” ¿Hacia dónde irá el estado con un gobernador en perpetuo pleito con el presidente?

Ya lo veremos, pero la experiencia y los primeros dos años de su administración no auguran cosas buenas para Chihuahua en la segunda parte del mandato. Son las consecuencias de su activismo beligerante desprovisto de atención a los problemas del estado.

El último y desesperado estirón en la campaña de Ricardo Anaya está en marcha. La promesa de cárcel al presidente Peña Nieto, hecha muy al inicio de la campaña, canceló cualquier acuerdo con el Gobierno Federal, abriendo espacio a lo que después sería el pacto AMLO-Peña. Aquella ocurrencia unió a sus adversarios en contra.

Convencido de que sólo recibirá coscorrones del gobierno, a veinte días de las votaciones y a dos semanas efectivas de campaña, Ricardo Anaya apostó su resto y recuperó aquella propuesta atrevida. A través de un video que pautó en el INE, ofrece crear una fiscalía autónoma para juzgar a Peña Nieto.

En su parte central ofrece lo siguiente: “Mientras no haya consecuencia al más alto nivel, seguirá aumentando la corrupción. Por eso propongo una fiscalía autónoma que investigue al presidente Enrique Peña Nieto y su papel en la Casa Blanca y en los demás escándalos del sexenio”.

Durante meses guardó la propuesta de cárcel, presumiblemente sugerida por Corral, con la esperanza de conseguir el favor de Peña, pero al ver que Meade no declinaría en su favor y tampoco Margarita, no le quedó más remedio que tomar el camino del monte.

¿Tiene tiempo para remontar? Difícil, la cola que arrastra es enorme y más con los videos que dan muestra de su corrupción seguramente seguirán saliendo. Su problema es que habla de corrupción teniendo los más negros antecedentes.

Y no es una ocurrencia, esa corrupción ha sido observada y denunciada, tiempo atrás, por quién ahora lo defiende con el mayor celo, Javier Corral Jurado. No tardan en pautar otro video, o subir una edición a redes, con las severas críticas que Corral hizo a Ricardo Anaya cuando competían por la presidencia del PAN.

Por eso carece de credibilidad, pesan sobre él fundadas sospechas de corrupción ¿Con qué cara denuncia a otros corruptos? No tiene calidad moral ni política para hacerlo.

El debate de mañana se calentó y en serio, el tema del pacto AMLO-Peña y los hermanos Barreiro ofreciendo negocios si gana Ricardo Anaya estarán en el centro de la discusión, por más que los temas sean otros.

¿Quién capitalizará los nocivos efectos de la guerra propuesta por Anaya? Probablemente nadie, pero no descarte usted que cuando el domingo uno de julio den los resultados, Anaya quede en tercer lugar. Cae aceleradamente, por eso la desesperada medida de prometer nuevamente cárcel contra Peña, siendo que la había dado por descartada. No tiene más, juega su carta definitiva.

Hay otra, cuando termine la campaña necesariamente dejarán muertos y heridos y cualquiera de los que conocen a López Obrador sabe que, como todo dictador, es de rencores permanentes. Ay nanita, Anaya podría convertirse en un desecho político si pierde la elección. Si, su apuesta es de alto riesgo.

Bueno sería que Mario Vázquez y super malo Jáuregui, regentes en funciones en la presidencia municipal, estén pendientes de los arroyos de la ciudad. Si realmente están saturados de basura, como denunciaron vecinos a El Diario, una lluvia de regular hacia arriba podría tener lamentables consecuencias y de pasada impactar negativamente la campaña de Maru Campos.

Sólo tengan presente lo que ha sucedido en otras administraciones, ya no se diga desgracias como aquel viernes negro del lejano 90, sino inundaciones graves en las partes bajas de la ciudad.

No está de más que tomen sus providencias, la temporada de lluvia empezó y los pronósticos son que habrá menos huracanes que el año pasado pero más grandes. Esos son los que suelen causar las inundaciones en la ciudad.

La ruptura del dique de jales en la mina Río Tinto, de Urique, sólo puede explicarse en razón de la negligencia de la empresa, pues los mismos trabajadores habían denunciado la fisura creciente que terminó por colapsar.

Ese hecho es sí mismo es criminal por parte del consorcio minero, pero que las autoridades abandonen la tarea de investigar para distribuir las responsabilidades, es otra negligencia del mismo tamaño.

Ahí necesitan realizar estudios de impacto ecológico, regenerar la zona y, sobre todo, indemnizar conforme a derecho a las familias de los mineros caídos. Ojalá tomen en serio esa urgencia, al menos siete familias perdieron el sustento.