El día del ciudadano

froylan-columnista

Los mexicanos saldremos hoy a votar, la lista nominal del INE cuenta 82 millones, ponga usted el porcentaje de participación, algunos hablan que podría ser hasta del 70 por ciento y tendremos el número de los electores. Somos muchos los que definimos el rumbo del país.

Están en juego la presidencia de la república, nueve gubernaturas, el senado, la cámara de diputados y cerca de 2,500 cargos más, entre alcaldías, sindicaturas, regidurías y diputaciones locales. En Chihuahua elegiremos, por primera vez en la historia de manera simultánea, senadores, diputados federales y locales, 67 presidentes municipales, síndicos y regidores. Todos con su respectivo suplente.

Cada seis años, cuando elegimos presidente de la república, exagerando la nota los comentólogos dicen que son las elecciones más importantes de la historia. Sin ir hacia atrás en el tiempo, pocas elecciones han sido realmente históricas; las del 88 con Cuauhtémoc Cárdenas, las del 2000 con Vicente Fox y en Chihuahua las del 86 y 92 con Fernando Baeza y Francisco Barrio. Las anteriores estaban dominadas por el partido hegemónico, donde el resultado era predecible sin margen de falla.

Las actuales ciertamente presentan un toque histórico, definirán el rumbo del país no sólo para los próximos años, probablemente para lo que resta de un ciclo que se proyecta complejo, acelerado e incierto ¿Qué le depara el destino a nuestros nietos? No sabemos, además de la política el clima es hoy una incógnita, pero eso lo dejamos a los científicos, que parecen los únicos asustados por las alteraciones climáticas.

Es romántico decir que los “ciudadanos decidimos”. Desde luego muchos acudimos a las urnas con nuestra convicción personal de votar por quién consideramos la mejor –o si usted quiere menos mala- propuesta para el país, pero en el sistema electoral mexicano conviven, junto a la libertad de una sociedad comprometida, las peores practicas mercantilistas en la compra, coacción o inhibición del voto.

Mientras haya personas dispuestas a entregar su voto a cambio de quinientos, trescientos pesos y una despensa, los políticos inescrupulosos seguirán comprándolo. Es algo así como una ley de oferta y demanda que alimenta un círculo perverso y vil que termina por hacer de los pobres un mercado electoral, manteniéndolos empobrecidos.

Está comprobado que durante las campañas son movidos cientos de millones de pesos, quizás miles, en efectivo; que todos los candidatos a puestos importantes sobrepasan los topes de campaña y se las ingenian para presentar cuentas de inusitada pulcritud; y las historias de practicas antidemocráticas son parte de la cultura electoral más arraigada en México.

Tenemos el más costoso e ineficiente sistema electoral, en el que invertimos anualmente más de 50 mil millones de pesos, entre INE, Trife y sus representaciones estatales y municipales, más la Fepade que a nadie consigna. Es sumamente caro y sólo sirve para contar los votos.

Todo el sistema electoral, empezando por los vocales ejecutivos del INE hasta el más modesto de los partidos políticos en cualquier municipio empobrecido del país, es una simulación. Su lema debería ser “vive y deja vivir”, son instituciones sin respeto ni credibilidad para fungir de árbitros entre partidos de bribones que han hecho de la política su negocio.

Quieren regularlos con oficios y observaciones pero los hinchan de dinero, al que llaman con un dejo de eufemismo “ministraciones”, pues conocen el abuso y quieren simularlo. Por eso no hablan correctamente por lo que es “un pago mensual del erario para que hagan política”.

Para legalizar el atraco al pueblo reformaron la Constitución e hicieron de los partidos un “ente de interés público”. Cuanto cinismo, la mayoría son negocios familiares o de caciques que toman por turnos el dinero del pueblo y los “grandes”, reciben dinero a manos llenas de los gobiernos que ejercen ¿Recuerdan a Duarte? Pues todos hacen lo mismo sin ser tan obvios y sobrados.

No veo la hora en que termine éste sistema mercantilista de la política. Todos están muy cómodos así: una casta parasitaria de burócratas electorales que sólo trabajan uno de cada tres años, partidos políticos mantenidos por los mexicanos sin rendir cuentas a nadie y congresos electos bajo ese sistema. Cómo podrían reformarlo.

Ponga a un político formado en el sistema tradicional, sea del PRI, PAN, PRD o Morena a competir por un cargo de elección en Alemania, Suiza incluso en España, Chile o Uruguay e imagine que hace las mismas trampas que en México, tales como compra de votos, simular que cumplen con los límites o topes del gasto, los grupos de choque para reventar casillas del adversario y otras marrullerías ordinarias en nuestras elecciones. Terminaría en la cárcel o desterrado para siempre del país.

En cambio en México esa cultura está a tal punto arraigada que nos parece normal. Tal o cual partido está comprando votos, muy bien, que se ayude la pobre gente; que se robaron el dinero destinado para el día “D”, perfecto, que les aproveche, total todo se roban; que golpearon a unos representantes de casilla para que no llegaran, así es la política, merecido lo tiene, para que se metió donde no le llamaban.

Hay que ver las fichitas que tenemos y con el cuento de que en la guerra y el amor todo se vale, pues cada quién a rascarse con sus uñas y que sea la creatividad para comprar votos e inhibir los contrarios lo que valga. ¿Y el INE? Nada.

Sin embargo debemos mantener la idea del voto libre, no por ellos, necesitamos hacernos presentes con el fin de fortalecer progresivamente la sociedad comprometida con su país, hacerla crecer y empoderarla frente a la política rapaz de cínicos y mantenidos. Somos muchos, millones de mexicanos inconformes con tal estado de cosas que parece inalterable.

Hagamos que cada día haya más ciudadanos observantes de esa realidad nefasta que detiene el desarrollo, impulsémosla con nuestra participación cívica y menos tiempo faltará para dejar el pervertido sistema electoral en el pasado. Tarde o temprano caerá.

En lo que suceda una transformación profunda, con un México sin ines ni partidos clientelares, de caciques o familia, debo aceptar con resignación que tenemos a los políticos que nos merecemos. Confío en que no sea por mucho tiempo, cada vez muestra más fisuras en su estructura, por las que asoma su podredumbre.

Que tal si, por ejemplo, en lugar de costosos organismos electorales creamos una Comisión Electora verdaderamente ciudadana honoraria que opere para cada año de los comicios y luego se desmonte, en lugar de pagar de manera permanente a la casta de burócratas electorales; y en vez de pagarle a los partidos políticos que hagan sus comités de financiamiento privados, con fuentes y destinos de recursos transparentes; o que tal si anulan la elección de un candidato cuando compró votos, superó los limites de gasto o incurrió en cualquier práctica desleal.

Son sueños de un ciudadano harto de ver en elección tras elección a partidos políticos y candidatos arrastrando un costal de mañas antidemocráticas, que perfeccionan y actualizan con una creatividad digna de mejor causa. Preséntese a las urnas, así sea para anular el voto, hoy es el día del ciudadano, hagámoslo valer. Este domingo no iré al Acebuche, que caso habría en ley seca, mejor haré fila desde muy temprano.