*El nuevo Javier Corral

* Duarte ¿Olvido y perdón?

* M3 por dirigencia del PAN

* Primer llamado de la mafia

froylan-columnista

Durante el foro de paz celebrado en Juárez, Javier Corral hizo con López Obrador lo que haría cualquier otro gobernador o funcionario de alto perfil; mostrarse sumiso, aplaudidor, obsequioso, complaciente, diligente… civilizado.

Cada funcionario, en su estilo y alcances, pretende quedar bien con el presidente en turno, es un ritual milenario de la política que Corral definió, a principios de su mandato, como “ponerse de rodillas”, diciendo que jamás lo verían así.

Si el gobernador pretende congraciarse con el presidente electo está muy bien, construir las mejores relaciones con el jefe de la Federación, esperando que sean de provecho para la entidad, es una obligación de todo mandatario que vea por la comunidad que representa.

El asunto con Javier Corral es su contrastante conducta entre el trato dispensado a Peña Nieto y el que ofrece a López Obrador. A Peña lo aporreó durante más de un año de diversas maneras e incluso prometió llevarlo a prisión, poniéndolo como ejemplo del combate a la corrupción; ante López Obrador se postra solícito y aplaude las decisiones más controvertidas, como la de Manuel Bartlett en la CFE.

En esa parte radica su más reciente desencuentro con Felipe Calderón, ventilado ayer en sus cuentas de twitter. Los textos del mutuo reclamo están en sus redes, parten de una interesantísima declaración de José Agustín Ortiz Pinchetti, representante de Morena ante el INE en la ciudad de México, donde califica la persecución de Corral contra Duarte como un error, pues en el nuevo gobierno privarán perdón y olvido.

A Corral lo alcanzan sus propios demonios, construyó una exitosa carrera parlamentaria basado en estridencias y severas amonestaciones a propios y extraños, recursos que le son inútiles y estorbosos en la nueva realidad política del país.

Tampoco es para tanto, no es la primera vez que suaviza o cambia su postura en función de las circunstancias. Anaya, Madero, el mismo Calderón y decenas más han sido por igual víctimas de su afilado discurso y ejemplos de virtud, que administra según momentos y coyunturas.

Pero si los chihuahuenses han reprobado su pleito con Peña, sería justo reconocer el paso hacia atrás con López Obrador. A nadie le gusta un gobernador pendenciero. Ojalá su postración sea de beneficio para Chihuahua, valdría la pena a cambio de resolver la crisis financiera, contener la violencia, invertir en obra y, por supuesto, encarcelar a César Duarte.

La declaración de Ortiz Pinchetti va más allá del nuevo y civilizado Corral, merece considerarse con tiento pues la formula un hombre informado y cercano al futuro presidente que sabe de lo que habla.

En esa entrevista dijo que López Obrador no castigará a funcionarios corruptos del gobierno de Peña Nieto, por eso el error de Corral, ya que a su ver prevalecerán perdón y olvido, como se mencionó arriba.

Desde ese punto de vista la indignación es entendible, redujo su gobernó al encarcelamiento de Duarte, para él ahí empieza y termina el propósito de su administración, que un funcionario menor le diga que todo es inútil y califique su operación de pifia, es para desquiciarlo.

¿Pondrán el nombre de César Duarte entre los beneficiarios del perdón y la amnistía? Antes eran sólo especulaciones insidiosas con tal de molestar al Nuevo Amanecer, hoy existen al menos sospechas alentadas por un integrante del nuevo gobierno.

Trágame tierra, el osito Valenzuela puede ocupar más diablitos de carga o camiones completos para presentar los expedientes de los seis mil millones de pesos desviados, presumiblemente por Duarte y 43 funcionarios de su administración, pero sin voluntad política para detenerlo esa papelería será material de archivo muerto.

Cala sólo imaginar que Duarte seguirá disfrutando de sus millones en los Estados Unidos, muerto de risa por las diez, quince, veinte o más ordenes de aprehensión que agreguen a su expediente. Vayan preparando la segunda marcha, por lo que el tiempo encoja.

El M3, único grupo en Chihuahua que resistió al tsunami de Morena, disputará el liderazgo del PAN estatal a una debilitada Familia Feliz, versión Nuevo Amanecer. Este grupo compuesto por Maru Campos, Malo Jáuregui y Mario Vázquez presenta por lo menos tres candidatos a la presidencia estatal: Marco Bonilla, Arturo García Portillo y el propio Mario Vázquez, al que no le vendría mal regresar con tal de fortalecer el proyecto de Maru hacia la gubernatura.

Si por méritos electorales fuese la tendrían ganada, pero la política se maneja diferente. Por disminuida que esté, la Familia pretenderá mantener la dirigencia, no cederá el control de la sucesión a sus rivales internos.

En su caso hablar de nombres carece de importancia, el candidato será quién diga el gobernador y punto, tal y como sucedió hace dos años con Fernando Álvarez Monge. Son usos y costumbres.

Lo más probable es que intenten una negociación, donde las posiciones importantes, obviamente, serían la presidencia, la secretaria general y la presidencia del comité municipal de Chihuahua.

Sin embargo hay un pero, esa virtual negociación podría destrozarla Héctor Espino, quién ha jurado con la mano sobre la biblia que presentará su registro, sin importar consecuencias.

¿Tan aventado el buen “pino”? Sus apoyadores apuestan doble contra sencillo que no habrá poder humano que lo detenga, lo que forzaría una elección abierta. Pronto empezarán los jaloneos, la actividad empieza a normalizarse tras el periodo vacacional y con ella se incrementa la grilla.

Lo dicho una y mil veces, la mafia del transporte es capaz de todo con tal de frustrar reformas legales que pongan en riesgo su negocio de la morralla. Ayer, antes de entrevistarse con César Jáuregui, el impresentable Güero Lozoya declaró que irán a paro general, todo el transporte gremial en todo el estado, si la diputada Marín continúa empeñada en reformar la ley en la materia.

Hablan en serio, llevan décadas en esa lucha y no ha habido gobernador que los contenga, porqué someterse ahora. Otra vez, si el Congreso, mejor dicho el Ejecutivo, está dispuesto a ir con todo, a llegar al fondo, prepárese a romper lanzas y tome decisiones unilaterales o congelen la ley hasta nuevo aviso, de la misma forma en que la congelaron los anteriores.