Hacia el 2021

froylan-columnista

En momentos donde el nuevo régimen sufre las primeras sacudidas con gobernadores verdes, noroñas delirantes y diputados que camina de reversa como grotescos protagonistas legislativos y López Obrador ajusta idea de gobierno para dejar en calle a las fuerzas militares, la incertidumbre del tratado con Canadá que advierte volatilidad financiera y encima Javier Coral sigue trabado intentando mantener a “la coneja” en prisión, parecería insulso y hasta frívolo hablar de las próximas elecciones a gobernador.

Si, sobran temas actuales que analizar para estar hoy con futurismos electoreros, pero la política así se mueve, en cuanto termina una elección los protagonistas empezaron a cavilar sobre la siguiente. Para efecto del presente análisis el tema guarda pertinencia desde que la Sala Guadalajara del Trife ratificó el triunfo de Cabada en Juárez, cerrando el último capítulo importante. Posible pero improbable que reconsidere el Trife.

Si alguna forma hay de reflejar en un gráfico el momento actual de la política doméstica, ésta quedaría dividida en cuatro bloques: Pan, Morena, PRI e independientes, cada uno jugando con lo recibido en las urnas. PRD y el resto de los nanos cuentan sólo de minúsculos apoyadores en coaliciones de partido dominante.

Para interpretar correctamente al PAN es necesario mirar hacia la disputa por el CEN. Hasta la semana pasada el escenario era de caos y confrontación, hoy negocian un acuerdo entre grupos que los aleje del choque sin retorno. Anaya y diez gobernadores se distribuirían los cargos de dirigencia y las coordinaciones parlamentarias, invitando al resto para que se sumen, si quieren.

Es un acuerdo rupestre y poco imaginativo: Anaya se queda con la presidencia del CEN y la coordinación de los diputados, con Marko Cortés y Juan Carlos Romero Hicks ocupando los cargos; los gobernadores con la secretaría general y la coordinación en el senado, llevando de titulares a Héctor Larios y Rafael Moreno Valle.

Un primer apunte, si consiguen materializarlo: En Chihuahua habría dos grandes perdedores, Javier Corral y Gustavo Madero. Ambos optaron por Manuel Gómez Morín, nieto del mítico fundador, al que sus adversarios internos desacreditaron con una fotografía en la que aparece junto a López Obrador, en campaña. Y un ganador, Juan Blanco, único panista chihuahuense leal a Ricardo Anaya y promotor de Cortés, con la ventaja de permanecer alejado del tsunami durante la catastrófica elección y la factura de quedar en la orillita hace tres años. Fue el único finalista contra Corral, dirá que ya le toca. Podría estar en el lugar y momento preciso. No lo pierda de vista.

Sin embargo la figura preponderante del PAN es Maru Campos, su reelección y la forma en que lo hizo –más de 200 mil votos y todos los distritos de la capital ganados- la sitúa por encima de cualquier otro aspirante al interior de su partido.

Su problema será superar el fuchi de Palacio, donde llaman al grupo de Maru –M3- despectivamente “los panduartes”. Por debilitado que lo haya dejado la derrota y distraído en asuntos de justicia que esté, Javier Corral conserva capacidad de veto.

Hace días Maru sintió el frío de la relación, el gobernador no sólo desairó su segundo informe, casi se portó grosero. En su representación envió a un funcionario de segunda, Guillermo Luján, que además es y ha sido consistente adversario interno de la presidenta.

Ese mensaje fue interpretado por la clase política, dentro y fuera del PAN, como un espera tantito, no te la creas por completo. Si Maru quiere mantener la fortaleza que le dieron los votos deberá encontrar la forma de congraciarse con el contumaz gobernador de su partido, estar dispuesta a romper con él o buscar una salida negociada donde entren al juego todas las posiciones, menos la gubernatura.

La otra está en la bipolaridad de Javier, así como hoy la rechaza mañana podría ser la mejor candidata, en cuyo caso no habría nadie que le quite esa postulación, ya de por si muy avanzada.

Al perder la elección de senadores, Corral llegó al dos de julio sin candidatos. Gustavo Madero y Rocío Reza están inhabilitados política y electoralmente por doble vía; la derrota del uno de julio y las desacertadas definiciones de su jefe en la política nacional. A menos, claro está, que hagan presidente del CEN al nieto del fundador.

En Morena la elección del candidato se reduce a usos y costumbres, López Obrador realizará su encuesta habitual: ¿Quién te gusta para Chihuahua, José Ramón, fulano, mengano o perengano? Yo pienso que perengano, pero tu decides, papá. Y a los días revelen el ganador del ganador en “las encuestas”.

Desde ese punto de vista, si lo comparte, a quién propondría usted entre una larga lista de posibles. Van ideas: Juan Carlos Loera, Bertha Caraveo, Cruz Pérez, Fernando Tiscareño; importados como Bertha Luján, Luisa María Alcalde, Rafa Espino, Juan Iván Peña; Externos entre los que estarían Marco Adán Quezada, Jorge Esteban Sandoval, Armando Cabada, Víctor Valencia y los que usted quiera agregar, caben todos.

La decisión sería sencilla en un partido consolidado y no es el caso, además López Obrador no estará en las boletas. Morena carece de estructura y el norte tradicionalmente suele repeler a la izquierda –vimos una excepción hace dos meses- en consecuencia padre e hijo necesitan tomar una decisión razonada, si quieren afianzar el nuevo régimen en el norte del país.

Dejo aquí el comentario de Morena, habida cuenta de que la política los someterá a un proceso de cernido natural hasta dejar dos o tres nombres, cuyos perfiles serán sometidos al método “aleatorio” usual en Morena, descrito arriba.

Del PRI poco que decir, su colapso ha sido tal que resulta difícil encontrar un candidato. Es totalmente entendible; en la gran derrota de hace dos años, medio partido quedó inhabilitado social y políticamente, los duartistas, y en la de julio pasado desbarrancó la otra mitad ¿A quién elegir entre las ruinas, si faltan sólo dos años para que haya candidato, tiempo insuficiente de recuperación?.

Cuando complicaban sus designaciones solían recurrir a perfiles frescos, generalmente empresariales, hoy que marchan sin perspectiva ¿Qué empresario estaría dispuesto a levantar la bandera del PRI, en las condiciones actuales? Ninguno, a menos que tuviese la promesa de recibir financiamiento generoso para su campaña y la seguridad de quedarse con la mitad. De otra forma jamás.

Pero tendrán candidato, así sea presencial o para negociar con alguna de las dos coaliciones dominantes entonces, Morena y PAN. A eso quedó reducido el antes partido hegemónico, a poner en oferta los tres votos de sus últimos leales y lo que pudieron conservar de la estructura.

Armando Cabada tendrá el reto de enfrentar a verdaderos adversarios. La primera vez ganó con apoyos de César Duarte, el vasto priismo anti Teto de ciudad Juárez y la inversión de poderosos empresarios. La segunda se la hizo tablas un personaje de limitados alcances y además manchado por la corrupción duartista.

¿Cómo convencer a los inversionistas de que su proyecto es viable si teniendo condiciones inmejorables para repetir sin problemas estuvo a nada de perder? Su mayor oportunidad sería un pacto con Morena, algo similar a lo que le ofrecieron –y rechazó- durante la pasada elección pero a escala estatal.

Su problema es que Morena hoy está sobrado de prospectos y Cabada demostró que no tiene control de la frontera, con un candidato de mejor perfil lo hubiesen despedazado -eso tienen registrado en México- lo que abre sospechas en torno a su competitividad electoral.

Del independiente de Parral ni hablar, si por algún impulso insensato pretende ingresar en las grandes ligas, le recordarán, mañana tarde y noche el origen de su fortuna y las relaciones impropias que ha cultivado. Está fuera del juego, en una batalla por la gubernatura no hay espacio para caballos improvisados.

El aporte de la presente entrega es limitado, entiendo, imposible más si median dos años antes de los jaloneos definitivos. Sirva de antecedente para un primer recuento del amplio abanico de aspirantes y la dificultad que tiene Corral para dejar heredero cómodo, así gane el PAN las elecciones.

Es de weba, ni hablar, algo tengo que escribir para descansar de la coneja productiva y la contumacia del Nuevo Amanecer por mantenerlo preso, de López Obrador y sus rectificaciones y la violencia creciente. Basta, quisiera uno terminar el sexenio a la mitad o salir corriendo antes de sucumbir al caos.