Unión Ciudadana abre sus perspectivas

jaime garcia chavez

Unión Ciudadana acaba de dar un paso muy importante:  se ha constituido como una Asociación Civil para dar institucionalidad, permanencia y mayor claridad de propósitos al combate en favor del Estado constitucional de derecho en Chihuahua. Nunca ha sido Unión Ciudadana un proyecto personalista, ni voluntarista, ni mucho menos una quijotada más en contra del autoritarismo. Por eso, ahora que somos una agrupación legalmente constituida, su carácter colectivo, a la vez respetuoso de las individualidades, se va a traducir en un esfuerzo humano con muchos rostros. Con el rostro de todos y cada uno de sus integrantes, de quienes queremos un país de libre de corrupción política que violenta el sentido de la dignidad humana y la plena vigencia progresiva de los derechos humanos.

Hace cuatro años fundamos Unión Ciudadana, un brazo cívico para encarar con sólidos argumentos, valentía y coraje la tiranía priísta de César Duarte. Unión Ciudadana fue vertiente por donde fluyó con soltura la pluralidad política y se solidificó un difícil esfuerzo  caracterizado por la honradez y el desinterés por el arribismo para escalar por peldaños de poder engañosos y oportunistas. Hubo que enfrentar no pocos desafíos, amenazas, represión y agresiones a la dignidad humana.

Nos calificaron de locos, títeres, chismosos, y, a su tiempo, se supo desmontar todo el engaño con el que se pretendió derrotarnos y pasaron los días, las semanas, los meses y los años y aquí estamos resistiendo y contestando con afirmación el pase de lista.

El tirano y su pandilla, en cambio, huyó, perdiendo la tierra por la que un día, en arrogancia demagógica, dijo estar dispuesto a morir. Perdió la corona y el cetro, y hasta el partido. Ahora sólo le resta restituir a las arcas de nuestro erario el patrimonio que robó a los chihuahuenses y pasar algunos años tras las rejas.

Unión Ciudadana sacó a la calle la lucha contra la corrupción política, base del régimen de impunidad que se cae a pedazos, pero que aún resiste en defensa de sus privilegios y sus bochornosos fraudes y fueros. Es aire fresco en la enrarecida atmósfera de la clase política putrefacta y un aliento para refundar –conforme a la ética– la esfera pública y la vida misma del Estado. Ratifica ahora su disposición a luchar y sudar hasta el último aliento para que sea una realidad, con existencia cívica, el ideal constitucional que dispone que el poder dimana del pueblo y se instituye en su exclusivo beneficio.

Cuatro años obligan a un balance: el 23 de septiembre de 2014, justo cuando el tirano estaba apoltronado en la soberbia del poder absoluto y con el control de todos los hilos sobre el mismo, denunciamos su corrupción y el cómo había convertido al estado, el gobierno y las instituciones en un poder doble y paralelo para saquear a Chihuahua, violentando sus derechos a la vida, al trabajo, la salud, la tierra, el techo digno, la paz, la seguridad, la alimentación, la justicia y la independencia, todos los derechos humanos que dan sustento a los bienes públicos a que son acreedores los que pueblan nuestro territorio.

Lo sabíamos desde antes: aparte de lucrar con la riqueza pública, Duarte pretendía crear, fincar proyectos de poder financiados con recursos públicos, blindar financieramente al PRI en otras regiones de nuestro país, para eternizar un régimen caduco, muerto, que ha mantenido postrados a los mexicanos. No fue la primera vez en la que los ciudadanos nos levantamos para exigir la separación de los negocios públicos de los negocios del Estado, cuya infame mezcla se pretendió fundir en el Banco Unión Progreso de Chihuahua de cuyo técnico de la maldad fue Jaime Ramón Herrera Corral, hoy protegido de Javier Corral Jurado.

En ese tiempo Duarte lo controlaba todo: los partidos –PRI, PAN, MC, PRD, Verde, PT y PANAL–; el Congreso desapareció por el contubernio con las oposiciones de membrete y el Poder Judicial fue golpeado como nunca y aún no se recupera. Los órganos constitucionales autónomos se convirtieron en caricaturas y fueron maleable plastilina en la mano del déspota. Las universidades y el grueso de la prensa también se entregaron, o mejor dicho, continuaron declamando sus libretos ancestrales. Duarte, el crimen organizado, el huachicoleo y el narcotráfico, soldaron férreos eslabones para aparentar una paz y seguridad que nunca llegaron.  Hubo crimen en todas partes.  Los jefes de Iglesia Católica lo consagraron y todo fue del César y los empresarios. ¡Ah los empresarios! Se acomodaron del lado donde dormían las aves de rapiña, demostrando que su amor por el Estado de derecho es falso. Duarte quiso controlar y someternos a todos: se presentaba como el invencible –“el poder es para poder”, nos escupió en la cara–. Como a Goliat, bastó una pedrada muy bien puesta para desmontar su farsa y hoy está en el basurero, aunque ya le hayan instalado su museo en la Ciudad de México.

En esta hora de balance, es pertinente recordar que apostamos por el derecho, lanzamos un reto a las instituciones para que cumplan con sus responsabilidades y postulamos con pruebas irrebatibles el peculado y todas las figuras del abuso del poder posibles y catalogadas en nuestras leyes penales. Pero Enrique Peña Nieto lo protegió, al igual que sus cuatro procuradores sexenales, y hasta el final de su gobierno quiso colocarlo en el nicho de los intocables. De todas maneras la investigación está viva y en contra del tirano. Ha esperado cuatro años para ser consignada a un juez competente para que, acatando el debido proceso, se le obligue a pagar todas y cada una de sus faltas. Hay que concluir esa tarea. Estamos preparados.

En Unión Ciudadana nos queda claro: sin su acción oportuna y eficaz, hoy viviríamos sojuzgados por el duartismo y el títere Enrique Serrano sería el gobernador. Haberlo impedido a tiempo es un blasón que nos distingue y nos honra a todos los chihuahuenses. Mucho le han dado a Chihuahua los hombres y mujeres de Unión Ciudadana, un puñado pequeño y digno, que se levantó contra el duartismo. Indicaron que el camino es la libertad y que además es una senda irrenunciable, sobre todo para el porvenir. La lucha contra la corrupción no es patrimonio ni monopolio de nadie, su carácter transversal a toda la sociedad lo explica puntualmente. La honradez en el manejo de la cosa pública sirve a todos, ricos y pobres, hombres y mujeres, campesinos, pueblos originarios hermanos, obreros y empresarios. A todos por igual la rectitud nos prodiga bienes enormes.

Javier Corral soslayó esto, desertó de Unión Ciudadana y de sus ideales esenciales tan pronto se hizo del gobierno y excluyó de sus obligaciones –jurídicas y morales– impulsar la denuncia original, misma que caracterizó en su momento como “una causa robusta y soportada en un arsenal de pruebas”. Le ganó el espíritu de secta, su proyecto personal y la razón de partido, lo que queda de su partido. Lo alienta la peregrina idea de ser campeón único en esta lucha, y se le olvida que la misma sólo se prohíja fecundamente con la energía social invencible e incluyente de todos los que la sostenemos como una de las bases de la redención del ideal democrático, representativo, con eticidad de Estado y validez en el derecho.

Con la inauguración de la administración de Andrés Manuel López Obrador, es oportuno gritar y decir: ¡ni perdón, ni olvido! Los criminales y traidores contra México han de pagar. Muchos chihuahuenses hemos luchado en las más diversas trincheras, hay una cuota de sangre que todos tenemos en nuestra memoria; en este parteaguas refrendamos nuestras profundas convicciones en favor de una nueva república, sustentada en una democracia avanzada, profundamente federalista y municipalista, popular y laica, con visión de género y respetuoso de la diversidad. Un Estado con una Constitución de aliento universal, valladar contra el totalitarismo. Lo que no cabe es la corrupción política. Desde aquí decimos que en Chihuahua nuestro mejor escudo está en nuestras libertades, irrenunciables, por una parte, y resguardo contra todas las tiranías imaginables. 

El año que viene, 2019, será de acumulación de fuerzas, de revalorar una pluralidad que nos distingue, una nueva pluralidad a la que hay que dar cauce. Por eso, es el año de la reorganización y afinamiento de Unión Ciudadana en todo el estado y marchará con redoblado ímpetu hacia el año 2021, o antes si es preciso, a la construcción de un poder ciudadano real, atento, ligado al pueblo, solventando las soluciones a sus ingentes problemas y aplicando recursos para un futuro con porvenir para todos, recursos que están en el valor de su gente: sus ciudadanos unidos.