*Tony, candidez primaveral

* … Y Cano? … Y Teto? Y…

* Indefinición de Morena

No estoy seguro si Tony Meléndez se encuerda sólo o permite que otros lo encuerden, acelere usual en política. En cualquier caso su aspiración de ser gobernador de Chihuahua es una candidez primaveral y no se trata de su persona, sino del partido que lo postularía; el decadente PRI.

Se engañan los más optimistas en este partido cuando dicen que en la peor jornada electoral de la historia obtuvieron el 23 por ciento de los votos. De tener sentido común y conciencia histórica deberían agregar un oportuno “hasta hoy”. En la pasada elección rondaron ese porcentaje de votación pero la suya es una tendencia irreversible al vacío.

El abandono de las viejas formas que les dieron cohesión durante décadas y la insultante corrupción a todos los niveles, desde el presidente hasta el regidor más modesto –salvando excepciones honrosas-, los ha puesto al borde del precipicio teniendo sólo dos años para revertir la espectacular caída.

¿Cómo podría el buen Tony, por muy popular que sea y encante a las doñas, encontrar condiciones electoralmente competitivas? Imposible, en las próximas contiendas el PRI perdería así resucite a Juan Gabriel o Pedro infante y los ponga candidatos en la misma boleta.

Prospectos sobran en ese partido y todos muy competitivos según los parámetros “pre Cuarta Transformación”. Ahí está Teto Murguía, Alejandro Cano, Lilia Merodio, Jorge Doroteo Zapata, Leonel de la Rosa, Enrique Serrano, Oscar Villalobos, y otros 125 que siempre quisieron ser pero hoy reculan.

Guardan silencio por que saben que los tiempos son otros. Para empezar ¿Quién, entre estos lagartones, da el primer paso al frente y saca un poco del dinerito que hizo durante sus años de poder, para invertirlo en campaña? Esos tiempos heroicos no los vio el PRI ni en sus años de gloria menos en franca decadencia. Además César Duarte y Enrique Serrano demostraron hace dos años que ni provistos de carretadas de dinero ganan una elección, cuando el descrédito social está generalizado.

Mientras más pronto se resignen a ocupar la mecedora o busquen incorporarse a la ola de Morena menos traumas arrastrarán hacia el ocaso de sus carreras políticas. Valga el comentario como una reflexión no pedida.

La indefinición de los actores protagónicos en Morena genera una parálisis en la toma de decisiones que tiene preocupados a los militantes añorantes de hueso provisto con carnita. Ven que pasan los días y el telefonazo esperado no llega.

Hagan acopio de paciencia, si a los nuevos empoderados de la Cuarta Transformación les falta capacidad de acuerdo hasta para nombrar al coordinador de Comunicación Social en el Congreso del Estado, tardarán años en resolver los nombramientos en las delegaciones importantes.

En teoría esa decisión corresponde a Juan Carlos Loera, el llamado superdelegado. Pero ocupado en desacreditar a Cruz Pérez Cuéllar y, a la vez, en defenderse del senador que no deja de provocarlo; discutiendo durante horas con los diputados sobre si la dialéctica marxista sigue teniendo vigencia o tratando de reventar a Chaparro, no tiene cabeza para lo importante.

Además arrastran con el agravante de que los operadores en México –son por lo menos tres grupos los que tratan de meter las manos, cuando se acuerdan- están concentrados en la distribución del gran pastel y los asuntos de Chihuahua los tienen sin cuidado.

Al paso que van, cada secretario del gabinete federal terminará nombrado a su delegado en la entidad y no tendrán cara con qué reclamar. Una sana recomendación a los interesados es que se den sus vueltecitas a la ciudad de México, hagan antesala en las oficinas de sus padrinos, si los tienen y pongan cara de que hace años no comen con manteca.

Los que no tengan padrino pongan el santo de sus abuelitas de cabeza y esperen el milagro, estos de Morena tienen dificultades hasta para decidir a quién mandar por tortas y refrescos y cuando se animan hacen votación, eso sí económica, para ver donde las compra, si en la esquina con doña Juana o don José del carrito.