*Tlahuelilpan, Precio de la improvisación

 

Felipe Calderón formuló, ufano y sintiéndose muy solvente,  una declaratoria de guerra contra el narcotráfico, empezando su gobierno. No sabía lo que hacía, su estrategia era crear una federación con el cartel de Sinaloa como cabeza de la actividad delictiva con tan mal tino que no consideró el enorme poder corruptor y la capacidad de fuego desplegada por los otros carteles, trabándose unos contra otros en violentas batallas libradas en decenas de ciudades altamente pobladas. En Juárez pueden darnos puntual razón de aquellos hechos.

Se ha dicho que apresuró su campaña contra el crimen a fin de conseguir la legitimación social y política, perdida durante la elección a causa de las fundadas sospechas de fraude. Cualquiera que haya sido su motivación hoy todos sabemos que los resultados fueron funestos; llevó a todo el país a una guerra fallida donde los muertos se cuentan por cientos de miles y de la que no hemos conseguido salir, hasta la fecha.

Aplaudo, como lo hacen el 87 por ciento de los mexicanos según encuesta de El Financiero, la entereza con que López Obrador decidió enfrentar a los huachicoleros, una rama delictiva también controlada por los carteles de la droga. No obstante tengo dudas sobre la eficacia de su estrategia y temo que, como Calderón, nos lleve a otra guerra sin esperanza de ganarla y donde los ciudadanos inocentes sean las mayores víctimas.

El desabasto de combustible en las ciudades que concentran la mitad de la población nacional es motivo suficiente para presumir desaciertos monumentales, el presidente no puede sentirse satisfecho con los primeros resultados si a cambio de frenar el robo paraliza a medio país.

Es de la mayor insensatez regresar al abasto mediante pipas sólo para evitar que los delincuentes sigan extrayendo combustible de los ductos. Miles de millones de pesos en perdidas por atenuar la actividad productiva, sin combustible ningún negocio se mantiene activo.

Pero lo que sucedió en Hidalgo, en ese pueblo llamado Tlahuelilpan que hasta el viernes en la tarde pocos conocían, es una tragedia incalificable ¿A quién responsabilizar? Por sentido común sería, en primer lugar, a quienes hicieron el agujero de la enorme fuga, obvio. En segundo a las cientos de personas que hicieron, según crónicas de los medios locales, una fiesta en la fuga, apresurándose a conseguir unos litros para malvenderlos mientras se bañaban en gasolina, ignorantes del enorme peligro que corrían.

También existe irresponsabilidad indirecta del Gobierno Federal. Se ha creado una especie de sicosis colectiva por el desabasto de combustible y la profusa información desaforada para que la gente respalde la medida. Cada conferencia mañanera de López Obrador es un estribillo justificatorio de sus cuestionadas acciones, con el argumento de que acabará con la corrupción en todos los niveles.

El pueblo bueno y sabio está azorado por lo que sucede, jamás imaginaron que el precio de combatir el robo de gasolina era paralizar la actividad productiva, tampoco tenían conciencia de la cantidad indiscriminada de tomas clandestinas, la participación de altos funcionarios de Pemex y las sospechas crecientes sobre el sindicato. Romero de Deschamp no sale de casa sin amparo.

El pueblo no tiene por que conocer la dimensión del problema, López Obrador si. Pero temo que no comprenda cabalmente y se haya apresurado sin contar con suficiente y fiable información de inteligencia. Tengo la impresión que actúa más por impulsos, apoyado en la creencia de que su peso moral y respaldo popular son razones suficientes para hacer entender a los malvados ladrones de combustible que, por decreto presidencial, se acabó la corrupción.

Que la tragedia de Hidalgo, 79 muertos y cientos de lesionados graves que iban hasta ayer, sirva para replantearse la estrategia: Combate a la corrupción sí, dondequiera que ésta se encuentre, pero sin precipitarnos al abismo. Los costos de la improvisación son muy altos, tomen por favor, señores empoderados de la 4T, la pésima experiencia de Calderón. Esa historia no se debe repetir.