*Epístolas de San Andrés

* Olga la que trabajó cien años

froylan-columnista

 

Si la austeridad es una virtud entre hombres cuya conducta es regida por valores como la sencillez, sobriedad, mesura; en la Cuarta Transformación la austeridad republicana parece más bien humildad franciscana de conversos obligadamente dóciles, obedientes, sumisos, recatados, penitentes, anacoretas.

Así contempla el guía espiritual, pastor de la gran feligresía nacional, a los servidores de la patria que lo acompañan en su cruzada catequesica: los mira y piensa en ellos ve ejemplos de ciudadanos sin mancha, justos comprometidos con los principios más elevados del ascetismo cívico, el decoro y la decencia.

Y en su misión evangélica no descansa, cada mañana, desde Palacio, sale una nueva carta de San Andrés a los Gálatas del Huachicol, a los Tesalonicenses de la violencia, a los Corintios de la corrupción, a los Romanos del crimen organizado, a los Efesios del fraude y el chanchullo, a los Filipenses que roban sin mancharse el cuello. A Tito Michoacán y a Timoteo de Guanajuato.

A los Gálatas ofreció dinero suficiente a cambio de que abandonen sus abominables costumbres de robar combustible abriendo ductos; perdonó a los Romanos a condición de que suspendan sus insanos apetitos de matar inocentes sin ocuparse de lugar ni hora; los Filipenses sólo recibieron una amonestación, prevenidos de que a la otra los expulsa del paraíso y sobre ellos caen lenguas de fuego, prometió aborrecer a los Tesalonicenses si continúan esparciendo el virus del soborno. A Tito de Michoacán lo reconvino para evitar empleos deshonrosos y advirtió a Timoteo de Guanajuato que si vuelve a descalificar sus programas de los pobres y menesterosos, enviará una plaga de langostas para que acaben con sus sembradíos.

Los bárbaros de Chihuahua no han recibido la misiva porque los sensores morales de San Andrés preparan una epístola de severidad admonitoria sin comparación. Los tiene por réprobos merecedores de reprimenda ejemplar que los haga volver a las costumbres de los buenos indiciados; el sí señor, pase su merced, me quito el sombrero, cuál hora le apetece que sea.

Sin embargo la carta llegará, los heraldos preparan un sobre sellado al fuego que despeje posibilidades de plagio, pues sus dictados serán de observancia general y obligatoria, como todas las demás.

Ay de aquel siervo sentado en la mesa del señor que ose desatender los principios de la austeridad republicana, ocultando –por ejemplo- propiedades o bienes dentro o fuera del país. El infiel será exhibido en cadena nacional mostrando signos de contrición y arrepentimiento absoluto y deberán estar dispuestos a pagar la penitencia que le sea impuesta, así se llame Olga Sánchez Cordero y ronde los ochenta años.

Cualquiera que se desvía de los principios establecidos en la Constitución Moral será llamado a cuentas y no habrá explicación de cien años o más laborados para eximirlo de responsabilidad por el desacato. En el cuarto advenimiento no hay espacio para las sensibilidades propensas a la opulencia ni el despilfarro que dominó en los regímenes del pecado dispendioso.

Maldita austeridad republicana, dan ganas de renunciar al privilegio de contemplar de cerca el rostro del iluminado y salir corriendo al desenfreno antes de servir de floreros y pretender pasar, por que si, como ejemplo de humildad cada día a las seis de la mañana.

De qué le sirve al nuevo burócrata ganar el poder entero si no puede disfrutar de sus placeres, excesos y desplantes y además es obligado al disimulo y la engañifa ruin de quienes esconden sus apetitos más intensos, pretendiendo pasar –ante los ojos del censor moral- por sobrios y atemperados con tal de no ser exhibidos.

Ahora imagine a los conversos de vocación aristocrática, como doña Olga –hay que ver su casita-, madrugar diario para asistir a la lectura matutina de cartas moralistas, siendo que antes de jurar fidelidad al guía del poder no distinguía entre lunes y martes o sábados y domingos, por que cualquier día de la semana era el mismo para ella.

Las apuestas sobre la fecha en que Olga Sánchez presentará su renuncia están abiertas y los momios pronostican tiempos cortos. Veremos cuánto aguanta la señora secretaria levantándose a las cinco de la mañana, sin nada que hacer y privada de los fines de semana en su amado departamento de Houston. La vida del burócrata es dura en los tiempos de la Cuarta Iluminación.