*¿Un nuevo Javier Corral?

* Trabajando en domingo

* AMLO, intolerancia y enojo

froylan-columnista

 

El gobernador Javier Corral consumió los primeros dos años de su corta administración siguiendo a César Duarte. Retorció la ley, ofreció trato de privilegio a testigos anónimos, encarceló inocentes, desatendió sus deberes con Chihuahua y se confrontó con el entonces presidente, Enrique Peña Nieto, con tal de apresarlo.

Tengo la impresión que ha perdido la esperanza de colocar a Duarte en prisión. Quizás entendió que las complicidades del “ex” llegan al más alto nivel de la política y hoy supone que lo incluyeron en el pacto de impunidad, presumiblemente firmado por Peña y AMLO. O simplemente aceptó que pretendió morder más de sus capacidades y ajustó sus prioridades.

Quien sabe, igual entrada la primavera organiza otra marcha de la dignidad e incluye a Peña Nieto, Beltrones, Emilio Gambio entre los sujetos justiciables, acusando al presidente de cómplice, por no detenerlos. Pero queda claro que en éstas primeras semanas de su tercer año como gobernador está más ocupado contra López Obrador que pensando en Duarte. No desaprovecha oportunidad para desafiar al presidente.

Ayer lo hizo en domingo, con un tema de la mayor importancia para los pequeños municipios mineros. Tiene razón Corral, es un “exceso”, un “abuso”, un “agandalle” –los entrecomillados van por que son los calificativos usados por el gobernador- de López Obrador apropiarse de dichos recursos a fin de sumarlos a la ya gigantesca bolsa de sus programas sociales.

El Presidente se apropia del presupuesto federal, también lo dijo Corral, para crear mecanismo de carácter clientelar, con fines a establecer la viabilidad electoral del nuevo régimen. Los objetivos electorales son bastante obvios, pero que lo diga un gobernador tiene sus implicaciones ¿Habrá hecho el cálculo?.

Creo que ésta vez Javier Corral acierta en su desafío. Una cosa es tratar de encarcelar a Peña Nieto por que no le ayudó a detener a Duarte; otra defender a los municipios que han sido despojados de recursos valiosos. Y si además involucra a los ediles en la presentación de recursos jurídicos impugnando legalmente la pretensión presidencial, mejor.

¿Estamos frente a un nuevo Javier Corral? Da la impresión que si, incluso el tono de voz ha moderado, sin embargo tengo mis dudas, el hombre es necio hasta la contumacia. Me gustaría pensar que aprendió de los errores cometidos en los dos primeros años y optó por atemperarse antes de soltar diatribas y exabruptos sin medir las reacciones en contra.

Ojalá se comporte más como gobernador y menos como precandidato presidencial o fiscal severísimo. Además es saludable, por otra parte, verlo trabajar en domingo, lo que no había hecho en lo va que del quinquenio, recuerde que sus apariciones dominicales en público eran exclusivamente para las llamadas carreras de la liberación.

Cierto, la cabra tira al monte, pero también está el dicho de que no hay borracho que coma lumbre. Si Javier se ocupa más de Chihuahua y sus problemas y menos de sus apetitos justicieros y aspiraciones presidencialistas, tendrá tiempo de recibir el reconocimiento social que sus paisanos le han negado. ¿Lo hará? veremos en los hechos, por ahora queda la impresión de que estamos frente a los esbozos de un nuevo Javier Corral.

Si nuestro gobernador entra en mesura, López Obrador exhibe signos de intolerancia y enfado. En Morelos lo interpeló un nutrido grupo de ciudadanos que, entonando el estribillo de “agua si, termo no”, rechazaban la construcción de una termoeléctrica que ofreció poner en marcha.

Aunque haya gritos y sombrerazos la democracia será impuesta, reviró un molesto presidente que no esperaba oposición a sus planes y anunció que la encuesta para conocer la verdadera opinión del pueblo bueno será levantada entre los días 23 y 24 de febrero en Morelos y los municipios de Puebla y Tlaxcala donde la termo tendrá impacto.

El resultado de la encuesta será 90 por el si 10 por el no, eso ya lo sabemos, el punto está en que López Obrador profundiza su conocida intolerancia desaprobando los extremismos: “escuchen, radicales de izquierda que para mi no son más que conservadores”, dijo a sus oponentes.

Todo el que lo interpele o esté en contra de sus proyectos, ideas u ocurrencias es descalificado por ser “conservador” o “radical de izquierda” que para efectos del presidente son una y la misma cosa. ¿Quedó claro? Clarísimo, desde ahora todos en la izquierda moderada, así parezcan fifís.