*Entre azorados y temerosos

* El tabú de la reelección, cede

froylan-columnista

 

El frenesí reformista de la 4T tocó a la ínsula de los partidos políticos y los líderes de oposición solo pudieron advertirlo cuando el tsunami los ahoga. Los operadores del nuevo régimen sientan el andamiaje legal para la reelección y, azorados o temerosos, no se atreven a denunciar sus pretensiones reeleccionistas.

En la cámara de diputados empezaron a discutir, si mediar aviso previo, reformas al artículo 35 de la Constitución para introducir los conceptos de “Revocación de mandato” y “Consulta popular”, presentados como figuras de inclusión ciudadana en la toma de decisiones. Maravilloso, que el pueblo sabio decida sobre el futuro de sus gobernantes; bueno si, malo sale. Ajá.

Es significativo que Gustavo de Hoyos, presidente de Coparmex, haya salido a medios con más fuerza que diputados de oposición y presidentes de partidos. El líder empresarial calificó la propuesta de reforma como “jugada tramposa”, la considera una especie de sofisma que servirá más bien para que López Obrador haga campaña a favor de los candidatos de Morena, durante la elección intermedia del 2021 y, tímidamente, introdujo también el concepto tabú de la “reelección”.

Un día antes entró al debate público la diputada de Movimiento Ciudadano, Martha Tagle, con argumentos similares pero nadie de su partido o su bancada la secundó. Y ayer tomó parte en la discusión Marko Cortés, presidente del PAN, sin mayor convicción que la de cumplir con el expediente mediático.

Tanto la Iniciativa Privada como los partidos que intentan conformar la oposición llegan tarde y débiles al debate, la iniciativa está presentada y siendo prioridad del presidente la votaran antes de que la retraída narrativa opositora encuentre eco social. Cuando quieran reaccionar estarán imprimiéndose las boletas con el nombre de López Obrador.

Su presencia en medios es desalentadora, además de llegar tarde se quedan en la superficie, dando prioridad a lo que visualizan como inequitativa campaña “sombrilla” a favor de los diputados de Morena, en la elección intermedia. Esa parte es la menos importante, lo que realmente busca López Obrador es dar el primer paso hacia la reelección.

Dos preguntas ayudarían a centrar la discusión donde corresponde: ¿Porqué un presidente pensaría en refrendarse, con los niveles de aceptación que tiene López Obrador? Innecesario, está más que refrendado, someter su mandato a consulta más bien pareciese felonía. La otra ¿Qué presidente, temiendo ser derrotado, sometería personalmente su mandato a un plebiscito revocatorio? Ninguno, todos desean permanecer en el poder a cualquier precio. Vean a Maduro y a tantos, decenas, ejemplos de la historia.

No hay razón política ni sentido jurídico para que un proceso formal de refrendo provenga del mismo presidente que debe ser refrenado. Es la más absurda de las ocurrencias disfrazadas de participación ciudadana. En todo caso den poder a los electores para que sean ellos, en ciertas condiciones y bajo determinados supuestos, los que inicien el plebiscito.

La iniciativa reforma constitucional, en los términos que la planeta Morena, admite cualquier especulación sobre la tentación de López Obrador de perpetuarse en el poder. Es, admitámoslo, una idea cada vez más fija en la mente colectiva de los mexicanos, sean conservadores, fifís o del pueblo sabio. El huevo de la serpiente está incubándose.

Piénsenlo así, tomada la decisión de someterse al escrutinio de la voluntad popular a la mitad del camino, porqué no también al final del sexenio y, pues bueno, yo siempre he dicho que no quiero reelegirme pero vean, el pueblo exige mi permanencia. Yo, humildemente, obedezco. Si tomó 18 años llegar al poder, porqué no pensar en recuperar el tiempo perdido con otros 18 despachando en Palacio Nacional. Cuidado, entramos en terrenos que han costado vidas.

Son reflexiones sueltas, póngalas como desahogos especulativos de un columnista calificable, en la nueva narrativa del poder, de fifí y extranjerizante que no ama al país. Qué importa, como sociedad más nos valdría discutir el tema hoy, que situarse en la hipótesis de que mañana sea realidad.