*El valor de la congruencia

* Asoma Lucha las orejas, otra vez

* Corral ¿No sabe o no ve?

 

La prisa por desmontar el andamiaje que dejó César Duarte a modo de protección personal, encontró pronta respuesta en la Auditoria Superior del Estado, con la renuncia de Jesús Esparza, mes y medio después de que Javier Corral protestase el cargo. En su lugar entró de manera provisional Armando Valenzuela, conocido entre panistas del séptimo piso como “el oso”.

El episodio marcó un estilo atropellado, engreído e inocentón de las nuevas formas en el ejercicio del poder. Con una ligereza que sorprende, el oso declaró en público que sería nuevo Auditor por que lo había recomendado Arturo Fuentes Vélez, Secretario de Hacienda y en consecuencia primer funcionario sujeto a las futuras auditorias. Abofeteó en público a los diputados.

Inocente o cínico, el oso sabía lo que decía, a mediados de noviembre el Congreso del Estado lo votó Auditor provisional, sin reparar en que hubiese confesado el origen de su padrinazgo. Así abrieron el periodo más bochornoso y engreído en la historia política de Chihuahua, llegando al punto más alto de la sinrazón con la permanencia simultanea de dos auditores; Ignacio Rodríguez y el propio Valenzuela.

La imposición quedó saldada con la destitución de un coordinador parlamentario, Miguel Latorre, el surgimiento de una leyenda urbana con amenaza de cárcel para el “impostor” Rodríguez y otros altos panistas y un partido exhibido socialmente.

Para resolver el entuerto debieron pasar dos años, hasta que eligieron a Héctor Acosta Félix, actual Auditor, un hombre cercano a Javier Corral, si, pero profesional, capacitado y bien hecho.

Después vino el decreto para relevar de la presidencia del Tribunal Superior de Justicia a Gabriel Sepúlveda, la elección de Julio César Jiménez Castro en la presidencia, la instalación de la Judicatura y los esfuerzos, casi desesperados, por despojar a los “magistrados duartistas” de sus salas, abriendo un litigio entre magistrados y poderes que terminó con una sentencia de la Corte contra el decreto revocatorio de Sepúlveda y la elección de Jiménez Castro.

Otro periodo de vergüenza pública para el gobernador Corral, no por intentar deshacerse de los magistrados que Duarte nombró pensando en garantizar su impunidad, la gente quería que se fueran. El desdoro estuvo en la evidente falta de oficio, arrogancia y desconocimiento de las leyes para desmontar aquel andamiaje.

Resolvieron el problema con la elección de Héctor Pablo González Villaseñor, un jurista de reconocimiento nacional, carrera judicial y buenos modales, aunque avenido a los intereses del gobernador. Ambos episodios amenizan hasta hoy las mesas de café, donde menudean los “se pasaron de pendejos”.

En ésta parte entra también la imposición de Luz Estela Castro como Consejera de la Judicatura. Habiendo superado la edad constitucional para ocupar el cargo, los abogados del Congreso presentaron una disparatada interpretación legal sobre las fechas de nacimiento y sostuvieron su nombramiento.

Su caso también terminó en una sentencia de la Corte y actualmente es Consejera sólo por un voto de los ministros, mismo que consiguió en atención al frenético cabildeó del Gobierno Estatal y sus amplias relaciones en el gremio de los derechos humanos y el feminismo. Hoy cualquiera sabe que incumplía con el requisito de la edad y en consecuencia su nombramiento está manchado, por ilegal.

En el inter destituyeron a Rodolfo Leyva de la presidencia del Instituto Chihuahuense de Acceso a la información, por atreverse a rechazar la recomendación de Corral para que nombrase a Ricardo Gándara, esposo de Estefany Olmos, como Secretario Ejecutivo del organismo. Es famoso el efímero encuentro entre Leyva y Corral, en el Centro de Convenciones, con el diálogo reducido a un ¿Cumplirá? Pregunta del gobernador y la desafiante respuesta de Leyva: “en la Constitución, señor gobernador”. Hay audio y video.

Hoy el gobernador está frente al relevo en la Comisión Estatal de los Derechos Humanos y de nuevo asoma, desde las sombras, el nombre de Luz Estela Castro, la influyente Consejera de la Judicatura en cuya oficina han surgido todas las crisis. Su más reciente aportación al atropello de las leyes y las instituciones es el manoseo en la elección de jueces y magistrados –mucho se ha escrito al respecto- y encima la señora, afirman, presionan para dejar titular a modo de sus intereses.

¿No se percata el señor gobernador del deterioro social que sufre su imagen, cuando hincha su pecho y engola la voz para hablar de respeto a la autonomía, convicción democrática y compromiso con la legalidad, al tiempo que su administración está saturada de arbitrarias, desaseadas imposiciones y atropellos en otros poderes e instituciones? ¿Supone que la gente es taruga y no advierte o decide perdonarlo por que se trata de Corral, el vencedor de Duarte? ¿O de plano es él quién no advierte los atropellos y, como el Rey desnudo, se ve a sí mismo caminando por las calles arropado en el discurso de impoluto e incorruptible que pretende construirse?

Ha pasado la mitad de su gobierno, tiempo sobrado para entender y asumir que los días de prédica sobre el deber ser quedaron atrás y hoy es congruencia en el hacer y decir lo que la gente espera de él. Necesita entender que es un gobernador en activo, no un activista investido de gobernador.