Alejandra para gobernadora

* Fernández, renuncia atípica

* Monreal en la sucesión local

En la perversidad del cálculo político a futuro cualquier hipótesis es pertinente, por alocada que parezca. Si un ranchero sonso e inculto como el bronco llegó a gobernador de Nuevo León y el caballo pudo empoderarse en Parral, arrastrando un oscuro historial, por que Alejandra de la Vega, exitosa empresaria y juarense comprometida con su tierra, no podría postular al cargo de gobernadora.

¿Política ficción? Pues mire, según desde donde la vea. Si pensamos en su cónyuge, un multimillonario texano miembro y financista del conservador Partido Republicano cuyos intereses están en El Paso y en buena parte de Texas, la propuesta es irracional y más teniendo en cuenta que Alejandra ha mantenido un consistente “no” a las aproximaciones de carácter político,  hechas por el gobernador.

Contra las premisas anteriores hay dos antídotos: uno el regustillo del poder. No es lo mismo vivir en la usual adulación del político encumbrado, que en la secrecía de la negociación empresarial. Ejemplos de millonarios añorantes del poder sobran; el otro es la obstinación de Javier Corral por hacer de Alejandra candidata al gobierno. Quizás un día se canse y diga si, voy.

No hay mejor apertura de precampaña, para una empresaria sin experiencia política, que llevar circo a la mayor población del estado. Tampoco mejor condición de negocio que recibiendo terrenos suficientes para sus planes inmobiliarios en el centro de Juárez, ofrecimiento público de Javier ¿Para cuántas hectáreas le gusta el regalito?.

Gustavo Madero nunca ha sido motivo de preocupación, no ganaría una elección interna ni comprando todos los votos –opción impensable teniendo presente que antes de llevar su mano al bolsillo, prefiere cortarse el brazo completo. No obstante Maru sí debería poner marcaje personal a la relación Alejandra-Corral, sólo por lo que el tiempo encoja.

El entusiasmo del gobernador no es porque le guste el futbol, de hecho hasta hace poco supo que se juega en dos tiempos de 45 minutos y todavía se confunde con los tiempos extras. Aguas con los Foster-de la Vega, pocos resisten los llamados al poder, así sean de los más acaudalados en el mundo.

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Como flor de girasol en día nublado –recordando a Artemio Iglesias- quedó medio gabinete estatal tras la renuncia de Lalo Fernández a la subsecretaría de Egresos, de Hacienda local. La otra mitad encontró la explicación más socorrida: “seguro se hartó de los desplantes de Corral”. Todos concluyen en que no hay explicación lógica, siendo el único en la Secretaría de Hacienda que realmente sabe de finanzas.

Previsiblemente su salida habría disipado los rumores de enroque en la Secretaría de Salud, donde hace tiempo daban por hecho que sustituiría Jesús Grajeda. Nada, salió sin decir adiós y aparentemente ni Javier Corral comprendió el motivo, pues ayer declaró que planea hablar con él para encontrar nuevas alternativas en el gabinete, dando a entender que se fue sin decir adiós. ¿Quedó abierta la puerta de Salud? Evitar opiniones resulta lo más sensato, también ayer Grajeda dijo que seguiría al frente de la dependencia y que jamás presentó su renuncia. En otras palabras la confusión total de quienes, con los ojos vendados, quieren hacer interpretación de los movimientos en el gabinete.

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Temprano llegó la extensa mano de Ricardo Monreal, uno de los presidenciables al 2024, a la sucesión en Chihuahua. Alejandro Rojas, suplente del senador y su operador en asuntos de política partidista, vino a declarar que sería perverso que Juan Carlos Loera fuese candidato a gobernador, dado que maneja los programas federales del asistencialismo.

Desde luego Rojas tiene razón, es una perversidad usar una responsabilidad como la de Loera, coordinador del padrón de los beneficiados, con fines estrictamente electorales. Sin embargo lo mismo aplica a todos los llamados superdelegados del país y ahí tenemos al gobernador electo de Baja California, Jaime Bonilla, que ganó usando en su beneficio los programas federales. Poco en asuntos de política electoral escapa al concepto de perverso.La campaña al interior de Morena toma forma entre los dos prospectos más visibles: Juan Carlos Loera y Cruz Pérez Cuéllar, pues Rojas viene con la tambora de Cruz. ¿Están seguros que son los únicos en el ruedo? ¿No se les ha ocurrido pensar en algún chihuahuita muy cercano de López Obrador? Abusados, en ésta campaña no ha llegado la caballería.