*La justicia ronda a los “ex”

* Serrano y Fermín dan risa

* Corral, campaña de “obras”

Francisco Labastida encontró en Peña Nieto a su villano favorito, responsable de la desgracia que padece su partido. Severo, juzgó al expresidente el más malo que haya tenido el país durante el siglo pasado y lo que va del presente: “Yo creo que el Presidente Peña fue el peor Presidente que hemos tenido en México, quizás en toda nuestra historia de los siglos XX y XXI”, dijo entrevistado sobre la elección interna del PRI.

Lo dice uno de los mayores dinosaurios del viejo régimen, uno que ha sido gobernador de Sinaloa, Secretario de Gobernación, Secretario de Energía y candidato presidencial. El Hombre sabe de lo que habla, pero ¿Así de pésimo estuvo el sexenio de Peña?, ¿En serio peor que las locuras populistas de Luis Echeverría y los trágicos desvaríos de López Portillo que desgraciaron la vida de una generación?.

Según Labastida si, poco faltó para que lo comparase con Santana. Sinceramente dudo que haya sido el peor de los presidentes, sin embargo el calificativo lo tiene bien ganado, la corrupción durante su sexenio es la más insultante y visible de la que la sociedad mexicana tenga memoria y hablamos de un régimen asociado a dispendios, saqueos, enriquecimiento inexplicable de sus más altos representantes.

Y en todo caso, si no fue, así lo juzgó la sociedad, el PRI pagó un alto precio por la corrupción de Peña, sus funcionarios y los gobernadores, pasando de partido en el poder a la decadencia política en tan sólo una elección. La impudicia con la que desfalcaron al erario no encuentra igual en el periodo señalado por Labastida.

Cubierta la factura electoral, falta saldar los cargos con la Justicia, que los responsables del saqueo respondan por sus pecados personales. Detenida Rosarios Robles, presa desde ayer en Santa Martha, veremos hasta donde el nuevo oficialismo está dispuesto a llegar con los juicios.

Trágame tierra, el pacto de impunidad trastabilla y el ingenuo expresidente que lo firmó es hoy un sólido candidato a ser incluido entre los actores principales del espectáculo que, válidamente, podría ser llamado el Juicio de la Historia. Rosario es la hebra que llevaría hasta “los de arriba”, como los ha llamado López Obrador, si hasta allá quieren llegar.

Felipe de Jesús Delgadillo, juez de control que conoce el caso, deslizó la idea de citar a Peña Nieto, con una insinuación perturbadora para los involucrados: “Si existe aviso por escrito a Enrique Peña Nieto y no lo presentó, está encubriendo al expresidente, por lo que se debe aclarar si Peña Nieto está involucrado y si actuó, o no”, dijo el juez Delgadillo, subrayando el “se debe aclarar”.

Cuando Peña decidió exiliarse en Madrid, tras la incomodidad generada por las imprudentes fotos en la boda de la hija del abogado Juan Collado, hoy también detenido, escribí que su salida del país era prudente, pues el pacto con López Obrador carece de garantías, firmó un pacto con el diablo.

Con las detenciones de Emilio Lozoya, de Juan Collado y ahora Rosario Robles y las últimas declaraciones de López Obrador jurando que “no es Pilatos para lavarse las manos”, me inclino a pensar que en el ánimo del presidente prevaleció el rencor acumulado durante décadas, sobre el valor de la palabra empeñada para suavizar su acceso al poder.

Sin embargo siempre debemos tener presente que la justicia mexicana, tratándose de poderosos, está sujeta al interés del presidente en turno. En consecuencia las detenciones bien podrían ser una farsa, la simulación de procurar justicia sabiendo que el objetivo es retirar de la vida pública a los “integrantes de la mafia”. Sometidos y calladitos se ven más bonitos.

O, en el colmo de la especulación y la política ficción, hacer un favor al nuevo dirigente del PRI, Alejandro Moreno, para que asuma el control del partido sin tener que lidiar con la incomodidad de los grandes tiburones desplazados –otra vez volvemos a la mafia- que cooptaron y se sirvieron del partido durante el periodo que López Obrador luchaba por la presidencia.

En el curso de las diligencias ministeriales sabremos hasta donde llegará la acción justiciera del “líder amadísimo”, es decir si va en serio o sólo envía un mensaje del tipo quiero a todos mis enemigos pecho tierra. Para cerrar una pregunta ¿Quién habla hoy de Javier Corral y su campaña contra César Duarte y sus cómplices en el saqueo a Chihuahua?. Como dije, es pregunta.

Rompeolas

Enrique Serrano y Fermín Ordoñez dan risa, causan pena ajena. Hicieron su carrera política en las peores practicas del PRI, en el caso de Serrano llegando hasta ser candidato a gobernador, y cuando les pagan con la misma moneda hacen su pancho y se dicen ultrajados. Su reclamo es como el de una prostituta que, contando el dinero del servicio, acusa al cliente de violación. Quien los entiende y menos si además piden unidad, ser incluidos en una repartición de huesos que no existe. Son una calamidad, ni siquiera alcanzan a comprender que una vez derrotados es mejor es no moverse, Oscar Flores explicaba la razón de mantenerse quietos.

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Pasó media administración para que Javier Corral se percatase de la importancia que tiene para los electores un gobierno constructor. Es una ventaja, hay otros que nunca lo comprenden. Así desplegó una campaña en redes y medios tradicionales, sobre las obras de su gobierno; un puente de siete millones en aquel pueblo, una reconstrucción de cinco millones en éste otro. Son avances, así hablemos de cinco, seis o siete milloncitos, algo es algo para un gobierno con presupuesto anual de 65 mil millones de pesos y deuda creciente. Felicidades, al menos ahora tiene donde poner placas de fierro vaciado con su nombre.