Ricardo Yáñez y la farsa suprema

* Canta que te quiero ver cantar

*Graciela, operadora de “alito”

El acuerdo de libertad a Ricardo Yáñez, aceptado ayer por la Secretaría de Hacienda, es tan risible que admite cualquier chacoteo, sin forzarlo. Imaginemos el diálogo entre abogado y cliente, al momento de la noticia:

Abogado

-Ricardo, traigo la noticia que tanto habíamos esperado. ¡Te vas a casa!.

Ricardo

-¿En serio? ¿Estás seguro? Ya sabes como son éstos cabrones, nos han jugado varias.

Abogado

-Te lo juro, como crees que jugaría con eso, hermano. Prepárate para disfrutar, nuevamente, la libertad. Al fin lo hemos logrado.

Ricardo

-Perfecto, que me traigan ropa nueva, el estilo nunca debe perderse. ¿Cuáles fueron las condiciones?

Abogado

-Sencillo, cosa de nada, cerrar unos cuantos trámites y pagar 246 millones de pesos, pero no te preocupes, en abonos chiquitos a cubrir en dos años, 30 o 40 millones mensuales hasta cerrar con un pago de 115 millones en 2021. Pan comido, papá. Lo importante es que nos vamos a casa.

Ricardo

-Todo por la libertad y además, para qué son los bienes sino para remediar los males. ¿Dónde firmo?

Abogado

-Tranquilo, primero el 30 por ciento de mis honorarios, pocos abogados en el país son capaces de negociar con las autoridades un acuerdo así ¡246 millones de pesos a cambio de dos años de libertad! A poco no está chingón.

Ricardo

-Chingonsísimo, mi aboganster, quieres tu parte en pesos o dolares; propiedades o joyas. Te lo deposito en bancos mexicanos, suizos o en las Islas Canarias. Tu dime cómo, este acuerdo hay que celebrarlo, no todos los días recupera uno su libertad y menos por esa ganga.

Es de risa, ese acuerdo de libertad nos puso frente a la más burda y cínica farsa que hayamos visto en los maxijuicios de la corrupción duartista, y vaya que se cuecen solos.

Pongámosla de la siguiente manera: Si usted debe elegir entre permanecer dos años en una prisión de baja seguridad o pagar 246 millones de pesos y encima tragarse la sentencia de culpable ¿Qué opción tomaría?.

Ricardo eligió pagar los 246 millones de pesos, que en el lapso de dos años le significa una erogación de diez millones de pesos al mes, algo así como 330 mil pesos diarios ¿Pues cuánto ganó durante la administración de Duarte?

Es una tomadura de pelo, Ricardo nunca pagará esa cantidad, el suyo fue un acuerdo tejido sin respaldo legal, en la oscuridad de alguna oficina pública. Lo más que desembolsó, o desembolsará, según versiones en el submundo de la litis y la chicana, es una cantidad similar al diez por ciento de los 246, presumiblemente algo así como 24 millones garantizados con diversas propiedades.

¿Qué cambió entre la audiencia donde le negaron la libertad, hace cosa de un mes, y la de hoy?. Legalmente nada. Pensando en que llegaron a la farsa de un acuerdo tejido en la oscuridad, debemos preguntarnos por que salió ahora y no en la pasada audiencia.

Los tinterillos complotistas, muchos de ellos, sospechan que Ricardo Yánez cantó con más convicción, tono y armonía que un canario en la plenitud de su vida reproductiva. Y acodados en la barra razonan: Si puso a la Coneja y a Duarte ¿A quién le quedaba por entregar?.

Siguiendo el hilo especulativo de los tinterillos sin oficio, da para pensar en otro personaje de apellido Yáñez cuyo nombre de pila evoca a la casa tequilera más importante del mundo y a un tal Tagle, apellido que sonó mucho en otros juicios. Ay nanita, los demonios salieron de recreo, otra vez.

Rompeolas

Graciela Ortiz, chela para los de casa, recibió ayer su justo pago por la campaña interna del PRI; Alejandro Moreno la nombró Secretaria de Operación Política del CEN, el cargo de mayor importancia después de la Presidencia y la Secretaría General. Ya se vio grillando en todo el país y, a mediano plazo, despachando en San Lázaro –hay que destapar las viuditas de Clicquot Victor-. En Chihuahua Omar Bazán no acaba de festejar, con Graciela empoderada y su amistad con Alito –dicen que son cuadernos de doble raya- no habrá Fermimes Ordoñez, Enriques Serranos ni “ex” que se le atraviesen. El pandero quedó chico, pero sólo ellos lo mueven.