*Por su mamacita, pórtense bien. Ajá

*Nos habla el pastor de almas buenas

No deja de sorprenderme López Obrador; político experimentado, opositor implacable, excelente comunicador, admirable su sentido común para interpretar el pueblo. Media vida buscando la presidencia y cuando la conquista se comporta más como predicador que como gobernante. Está sinceramente convencido que los delincuentes se convertirán escuchando sus predicas.

En Tamaulipas, una de las regiones donde el crimen organizado es más brutal y cruel, el presidente conminó a los sicarios del mal a que regresen al camino del bien, que piensen en sus madres, en sus mamacitas, en lo mucho que sufren de saber a sus hijos involucrados en actividades delincuenciales, pues además –dice- ya no hay razón para delinquir dado que ahora tienen oportunidades de trabajo.

Por Dios ¡¡¡¡¡¡Son asesinos, matones a sangre fría!!!!!!  Si les consiguen empleos honestos o colocan en programas sociales del gobierno, toman el dinero y siguen matando, secuestrando, extorsionando, envenenando a la juventud. Tuve que escucharlo para dar por buenas las declaraciones ¡¡¡¡¡ Por su mamacita pórtense bien!!!!!! Dan ganas de recordarle a su mamacita, de él.

Su sermón está dirigido a personas inhumanas que no conocen más ley que la ley de la fuerza; que hacen de la violencia su sentido de vida, que matan por diversión o negocios. Deberían enseñarle los videos que circulan en redes, para que sepa de lo que son capaces esas personas a las que pide pensar en sus madres. Su obligación es detenerlos y llevarlos a prisión, no conminarlos a portarse bien. Supongo que, al escucharlo, los sicarios se descojonan de risa.

Pero López Obrador está convencido de que los convertirá al bien, que atenderán su llamado por que les habla él, el hombre bueno que no miente, no roba y no traiciona al pueblo. Lo que me aterra, como ciudadano preocupado por el rumbo que toma el país, no son sus habituales sermones de apelación al bien, sino que ciertamente crea en ellos como instrumento de gobierno.

Cuando era candidato Ciro Gómez Leyva lo entrevisto. Entonces estaba caliente el tema del huachicol y le preguntó como resolvería el problema. La respuesta me pareció muy de su estilo, dijo que ya no habría delincuencia ni huachicoleros, porque si el presidente era honesto, los gobernadores serían honestos, los presidentes municipales honestos y la gente honesta. Acabaría el mal.

Está en campaña, dije entonces. Bien, ahora lleva más de nueve meses gobernando y su predicción se ha consumado; el país y los mexicanos hemos cambiado por el hecho de que llegó a la presidencia. Y por esa condición ahora somos un pueblo bueno, una comunidad de gente horada y sin malicia, como los habitantes de paraíso antes de que Eva tentase a Adán.

No ha se percatado, el insensato, que durante su administración van más de 22 mil muertes, una cifra de horror que tiende a crecer y cuya proyección al final del sexenio terminaría muy por arriba de las muertes herencia de Calderón. Rondarían los 180 mil asesinatos, casi el doble de las ocurridas durante el sexenio de Peña.

No las quiere ver o estamos frente al más ruin presidente que hayamos tenido, alguien que con tal de desviar la atención de un gravísimo problema de violencia que desangra a la sociedad, pasa por predicador con tal de evadir la responsabilidad. Como dije antes, sinceramente creo que no es así, que el señor presidente está convencido de que al embrujo de sus palabras el pueblo dejará de pecar.

Concluyo lo anterior por que los llamados a portarse bien no son exclusivos a la delincuencia; acaba de amonestar a los miembros de su partido por incurrir en practicas propias del anterior régimen y prometió salir de Morena si echan a perder al partido. ¡¡¡¡¡Piensa que puede controlar a las tribus de izquierda!!!!!!. Es el pórtense bien por que ahora vivimos en la Cuarta Transformación, en un nuevo régimen, un nuevo país y una nueva sociedad.

Ahí está nuestro presidente en oficio de predicador, de líder amadísimo y padre de la Nación. Entre los dos seres que habitan en su interior: el dictador populista y el predicador del bien, prefiero al dictador, por mucho. El problema es que cada vez predomina más su faceta mística, de modo que vemos al líder religioso predicando en lugar de al dictador gobernando.Si, me cuesta decirlo pero a veces pasamos por país de caricatura, de los que llaman despectivamente tropical o bananero. Imagino la mofa de quienes nos observan desde fuera diciendo pobres mexicanos, primero los saquea una pandilla de corruptos y bribones, después los consuela un predicador ingenuo que se asume redentor social y espera que sus palabras conviertan al bien a los malditos y asesinos.