*Violencia, soluciones de saliva

* Corral, apuesta por una comida

*Maru hace su trabajo de imagen

*La soledad de Martín Chaparro

Cuidaron bien el informe sobre inseguridad, era necesario presentar datos sin interrupciones de la prensa y así lo hizo el presidente López Obrador durante la mañana de ayer, en su habitual comparecencia ante medios.

A casi un año de protestar el cargo definió lo que a su juicio es lo más importante en el programa de seguridad: “Al poner en el centro el respeto a los Derechos Humanos, el uso moderado dela fuerza, la manera en que se avanza sin guerra, sin exterminios, sin razias y sin masacres”.

Y siguió con su parte favorita, la justicia social como instrumento contra la violencia: “No se puede resolver el problema que se ha generado con el abandono al pueblo, sólo con medidas coercitivas, con el uso de la fuerza. No se puede enfrentar el mal con el mal, el mal se enfrenta haciendo el bien. Esa es la nueva estrategia”.

Después Alfonso Durazo cerró el ciclo informativo de la mañana, al explicar que la inseguridad llegó a un punto de inflexión, mostrando detalladas gráficas en las que la curva de muerte empezó el descenso. Envió así el mensaje de que la crisis empieza a ceder y pronto estaremos mejor.

La realidad los alcanzó antes de terminar su presentación matutina, desde un pueblo en el municipio de Aguililla, Michoacán, llegaron noticias funestas que contradicen los buenos augurios oficiales: Sujetos fuertemente armados emboscaron a policías estatales, matando a catorce, si catorce, y presumiblemente se habrían llevado otros siete, pues hasta ayer permanecían desaparecidos.

En la región de Madera tenemos nuestras historias particulares de Muerte, en Jalisco y Guanajuato las autoridades están replegadas, en Tamaulipas los malos conservan sus espacios de coto. No hay nada, aparte de la gráfica de Durazo, que presuma una mejoría en el combate al crimen.

Sin embargo en la narrativa del nuevo oficialismo de izquierda no hay guerra, ni masacres, ni exterminios, ni razias ¿Cómo podrían llamar, entonces, a los frecuentes episodios de muerte donde sicarios del mal secuestran o asesinan policías, vejan a soldados uniformados, civiles matándose entre ellos, ignorantes de la instrucción presidencial de portarse bien o serán acusados con sus madres?. Que cada quién le llame como quiera, pero entienda que no es guerra ni exterminio, eso se acabó por decreto presidencial.

Quieren resolver la crisis de seguridad con estrategias de saliva. Mala idea, la terca realidad los desmiente una y otra vez, no pueden decir que vamos avanzando por que la violencia está concentrada en cinco estados, que juntos representan el 40 por ciento de las muertes, donde Chihuahua aporta –por cierto- una cuota alta. Es un argumento falaz ¿Dónde está el otro 60 por ciento? Donde siempre, en la regiones dominadas por los grupos criminales, dispersas en todo el país.

Los barones del mal sigue conservando amplias franjas del territorio nacional, espacios donde ejercen un férreo control y ni policías, Guardia Nacional o Ejército son capaces de entrar sin riesgo a que los asesinen, como sucedió ayer en Aguililla, Michoacán.

En medio de la aterradora violencia es bueno saber, creerlo por dogma de fe, que el pueblo ya no está en el abandono y los sicarios del mal cambian, de a poco, su mal comportamiento, prevenidos que de persistir en el error serán reprendidos por sus madres.

La criminalidad se combate aplicando el Estado de Derecho, para eso el gobierno cuenta con la prerrogativa constitucional del uso legítimo de la fuerza, es obligación valerse de todos los recursos de que los provee el Estado, los sicarios y sus patrocinadores no entienden otra ley sino la ley del más fuerte. Con buenos deseos y graficas bien presentadas no resolverán nada, los sicarios los ven en la T.V y caen muertos de risa, estimulándose unos a otros para ser más osados y violentos.

Rompeolas

Mientras las armas del crimen continúan esparciendo muerte, nuestro gobernador Javier Corral y el presidente López Obrador sucumben a la fiebre beisbolera. A Javier le dio por apostar y, como bisoños estrenándose en el deporte, reta al presidente para que acepte una apuesta de comida. Frivolidad ingenua, no se dan cuenta que la gente los quiere ver gobernar, no distraídos en la serie mundial y mucho menos haciendo ridículas apuestas. Eso déjenlo para el ciudadano ordinario, los que encuentran en el beisbol –y en otros deportes- un espacio de alivio a sus problemas diarios.

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Maru Campos sigue bateando fuerte, ahora la calificaron como la mejor presidente municipal del país, entre 55 alcaldes calificados. Un reconocimiento difícil de conseguir hasta para quienes se autopromueven, pues todos los gobernantes invierten en su imagen. En esa parte va muy bien, hace el trabajo que la posiciona como la más avanzada en la carrera por la gubernatura, teniendo presentes las dificultades en puerta. Felicidades, piano pianito.

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Es tan desventurada la presidencia estatal de Martín Chaparro, que estando Morena en la cumbre del poder, el hombre planea irse al rancho de López Obrador –la chingada- una vez que concluya su etapa de presidente estatal. ¿De plano hasta allá lo enviarían sus propios compañeros de partido? Pues parece, lo han reventado anímicamente, de otra forma no formularía declaraciones así.