*Sacudida la soberbia del Tlatoani

* Tragedia LeBaron; viene la intervención

Conocemos detalles de los horribles asesinatos por que la familia LeBaron decidió hacerlos públicos. Así vimos la camioneta incendiada y el horror de los pequeños cuerpos calcinados, apenas distinguibles entre cenizas; imaginamos a un puñado de niños ateridos apretados unos contra otros bajo ramas secas y hojarasca, esperanzados en que ahí no serían descubiertos: seguimos los inseguros pasos de la pequeña mackenzie huyendo de la balacera sin saber a dónde va, rogando a Dios que la ponga en brazos de sus padres; nos admiró el heroísmo de una joven madre pidiendo alto al fuego, de pie frente a las balas que cegarían su vida; y sentimos la misma angustia de los hombres que, estilo viejo oeste, partieron a buscarlos en la oscuridad espesa de la noche desolada, preguntándose mil veces “por que a ellos”…

Sabemos todo eso y nos embargan sentimientos de impotencia, angustia y rabia, como a esos mormones laboriosos cuando recibieron la trágica noticia de los asesinatos, noticias que ningún ser humano debería recibir, jamás. El caso es que hoy sabemos todos lo que sucedió aquella tarde funesta y hasta podemos reconstruir los hechos, basados en la crónica de Jhon LeBaron en su español mocho y dar rostro al terror sufrido por cada una de las víctimas.

¿Qué hubiese sucedido si la familia decide envolverse en su dolor y rumiarlo con la resignada mansedumbre de los convencidos de que “nada pueden hacer para regresar la vida”, en lugar de visibilizar la espantosa tragedia, hasta sus detalles como lo hicieron los mormones? Nada, no hubiese sucedido nada, rumores dispersos de “otra masacre en tierra de carteles”, versiones de “un enfrentamiento entre sicarios sin saldo reportado”.

En cambio hoy, difundidas las imágenes, estamos consternados, nos indigna la muerte de pequeños inocentes y sus madres indefensas. Somos, aunque sea en sentimiento y desde lejos, una comunidad solidaria y sensible al sufrimiento ajeno. Una noticia alentadora en el México de sangre que vivimos, señal de que somos más los buenos que los malos, aunque vivimos asustados.

Esa exposición de imágenes tuvo consecuencias, no sabemos hasta donde llegarán porque tras la indignación y el estupor viene la politiquería de líderes mezquinos y oportunistas, muchas veces tan inhumanos como los sicarios de “La Mora”. Trump dijo que si México necesita ayuda contra éstos monstruos, Estados Unidos está dispuesta a darla”. Y el vicepresidente Mike Pence cerró el ofrecimiento de su presidente, amenazando con intervenir en nuestro territorio: “trabajaremos para desmantelar estos carteles peligrosos”. El embajador Christopher Landau ratificó la decisión previamente tomada en Washintong: “la delincuencia es desafío conjunto de Estados Unidos y México”. Atrás llegaron los racistas; “prefiero ir a Siria antes que a México”, bramó el senador republicano Lindsey Graham.

Ante el acoso del Imperio, López Obrador dijo en su cuenta de twiter que “agradecí su disposición a ayudarnos y le informé (a Trump) que las instituciones del gobierno de México actúan para hacerse cargo”. Da risa con eso de “las instituciones”, acabamos de ver en Culiacán el miedo que le tienen los sicarios del mal.

Nos reflejamos en el espejo de la migración, ¿Recuerdan?. Al entrar, López Obrador abrió las puertas de la frontera sur a caravanas de indocumentados y facilitó el tránsito hacia los Estados Unidos, hasta que Trump impuso aranceles leoninos a productos mexicanos y nos obligó a frenar la migración. El resultado es que nos convertimos en aduana de los Estados Unidos. Miles de elementos de la Guarida Nacional y del Ejército patrullan hoy la frontera sur, previniendo el paso de indocumentados centroamericanos.

A ese punto hemos llegado con su estúpida ocurrencia de abrazos no balazos, fuchi guacala, los acusaré con sus mamacitas, convencido de que el bien triunfará sobre el mal y los sicarios terminarán pidiendo perdón, arrepentidos a sus pies. La insensata obstinación de no presentar un frente coherente contra los carteles de la droga, teniendo como resultado el fallido golpe en Culiacán y la tragedia de los LeBaron, abrió las puertas para que DEA y FBI intervengan de forma descarada en nuestro país.

Están preparando el terreno para su incursión. El resultado ya lo conocemos; no ser sirven con la cuchara grande, vienen y se llevan el sartén, dejándonos la cuchara para lamerla, apostilló un amigo. Suscribo la conclusión.Pero estamos combatiendo las causas de la violencia por que el mal se combate con el bien, ha dicho nuestro presidente revestido de humanismo.

Es lo que hay. ¿Y en Chihuahua? Las cosas en su sitio, Javier sigue jugando al golf, entusiasmado por que así despeja la mente y resuelve de mejor manera los problemas de Chihuahua. Nunca había visto un desgobierno así, estamos jodidos por partida doble y encima tendremos que lidiar con la prepotencia de las agencias gringas. Bienvenidos a la 4T, besos a todos y confianza en el “líder amadísimo”, nos guiará por el camino bueno.