*Cada quien a lidiar con su pendejo

* En marcha la dinámica de muerte

Aquí estamos otras vez, puestos en medio de una guerra criminal como diez años atrás, cuando los carteles de Juárez y el Pacífico cubrieron de sangre las calles de nuestras ciudades. Ningún ciudadano escapó entonces a sus mortales consecuencias, de una u otra forma todos fuimos víctimas de la espiral asesina. En aquella época Felipe Calderón combatió al crimen organizado con las armas del Ejército, la contradicción de hoy es que López Obrador ha dicho que “no hay guerra”, e insiste en que la estrategia es atacar las causas que generan la violencia; soluciones de fondo, entendamos.

Si no hay guerra ¿Por qué los 14 policías asesinados en Aguililla, Michoacán? ¿Porqué 14 civiles y un militar muertos en Iguala, Guerrero? ¿Porqué 14 muertos, fuga masiva de reos y cientos de sicarios toman Culiacán y hacen retroceder a los militares? ¿Porqué 23 asesinados y camiones incendiados en las calles de Juárez? ¿Porqué seis niños y tres madres masacrados en “La Mora”?. La lista sería interminable; 35, 964 asesinatos el año pasado y 25,890 en el primer semestre del presente. Record histórico aceptado por el propio Inegi.

Insisto, si no hay guerra ¿Porqué los datos aterradores de muerte? La respuesta es que sólo en la mente del “líder amadísimo” estamos mejor ahora que en años anteriores. Está convencido de que su estrategia va muy bien, lo repite como estribillo todos los días desde el salón de conferencias matutinas.

Al verlo negado a la realidad que lo desmiente, tengo la impresión de que López Obrador diría que son fuegos artificiales, si un mal día soldados del crimen disparan contra las puertas de Palacio Nacional, a la hora de su encuentro con la prensa y, presurosos, el coro de sus aduladores “demostraría” que el presidente está en lo correcto.

Hoy sabemos que le gustan los cuentos y las fábulas, en días pasados nos recomendó leer “las ranas pidiendo rey”. Humildemente recomendaría, si me lo permite, la lectura “El Rey Desnudo”, pero como no tiene por costumbre leer, propongo que en su lugar repasen ese texto los aduladores de la nueva corte que, abyectos y obsequiosos, entusiasmados celebran sus estupideces.

Como el traje del ingenuo rey, así la oferta de amor contra la violencia de nuestro presidente, han resuelto que se trata de “una estrategia invisible y tan perfecta que sólo los tontos no pueden verla”.

El asunto es que únicamente el Tlatoani y sus aduladores se han tragado las estupideces de su perfecta estrategia, los sicarios del mal se descojonan cada que la escuchan a manera de amenaza y, sin que nadie los contenga, siguen matando a sus anchas mientras conquistan nuevos territorios donde gobiernan con las armas.

¿Serán los infames asesinato de las familias mormonas la bofetada que haga entrar en razón al presidente? Jamás, si por él fuese moriría diciendo que la estrategia va muy bien. El punto es que ahora el horror ha trascendido y nuevamente somos objeto de mofa mundial. El influyente Wall Street Journal escribió un amenazante editorial en el que concluye: “Si México no puede controlar su territorio, Estados Unidos tendría que hacer más para proteger a los ciudadanos estadounidenses de los carteles en ambos país” y en Londres The Guardian Weekly se preguntó en su portada: “Puede alguien poner fin a la mortal guerra de las drogas en México”. Son los voceros del Imperio.

De los últimos presidentes, López Obrador ha sido el más agachado con los Estados Unidos, teme verse forzado a una intervención vergonzosa de las agencias norteamericanas en nuestro país y no puede evitarlo ¿De qué depende una descarada intervención? Simplemente del interés electoral de Trump. Si juzga conveniente presionar a México para ganar votos, no dudaría ni un segundo en hacerlo.

López Obrador sabe que al “orate del norte” no puede convencerlo con que tiene controlada la situación del país, que ya se encarga la Fiscalía de las investigaciones y que habrá justicia para los LeBaron, pues ya encomendó a los sicarios con sus madrecitas, para que los reconvengan.Con todo y la muerte que nos rodea, estoy en contra de otra intervención del Imperio en suelo mexicano. Pendejo, soberbio y contumaz López Obrador es nuestro presidente y si nosotros lidiamos con nuestro pendejo, que los gringos lidien con el suyo.