*De violencia y de gobernadores

Siempre he pensado que Reyes Baeza pudo ser el mejor gobernador de Chihuahua; heredero legítimo de una maciza cultura política iniciada en las ricas experiencias del mítico Oscar Flores, de las que aprendió escuchando a su tío Fernando, quién después aportaría la suyas. Estrella emergente del grupo político más influyente en Chihuahua desde los medios ochentas hasta antes del tsunami del 2018. Carismático, popular, de sangre liviana, líder de una generación de jóvenes políticos formados en la institucionalidad del viejo régimen al que no parecía importarle su entorno de poder e influencias. Lo encontraba cotidiano.

Y hubiese sido el mejor de haber gobernado en tiempos de paz, pues todo ese bagaje político y la experiencia acumulada durante la reconstrucción de la ciudad y en la Presidencia Municipal, jamás lo prepararon para la guerra que vendría en la segunda parte de su administración. Paradigmas y patrones políticos aprendidos durante su etapa de formación, de pronto perdieron eficacia.

Malos tiempos para ser gobernador, la violencia destrozó sus planes. En cuanto Calderón hizo guerra contra el crimen organizado, la entidad se convirtió en campo de batalla: ajusticiamientos, policías matando o “poniendo” a policías, sicarios asesinos de personajes ligados al gobernador, destacados chihuahuenses convertidos en victimas mortales, matanzas múltiples en bares, cantinas, fiestas infantiles, para “calentar la plaza”. Un espanto que deprimió la vida social.

Las comparaciones son odiosas, pero útiles. Al poco tiempo de que Javier Corral protestó el cargo de gobernador empezó una nueva espiral violenta en la entidad, con grupos criminales disputando otra vez parte del territorio estatal y desde el año pasado Chihuahua es uno de los estados más violentos del país.

Si la guerra de los carteles por apoderarse de amplias franjas de territorio estatal era demasiado, en las últimas semanas nos hemos acercado a los peores días de aquella era de terror, cuando el crimen nos dobló y nos hizo refugiarnos en casa, una vez caído el sol.

La jornada violenta en Ciudad Juárez que inició con quema de camiones, asesinatos y disparos contra la oficina de la Fiscalía, nos hizo recordar aquellos tiempos negros entre el 2008 y el 2010. Lo peor es que no ha quedado ahí, la violencia sigue escalando en Juárez y empezó a manifestarse en ésta capital.

¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno estatal frente a la emergencia de inseguridad? Negación de la realidad que los rebasa, replegarse con la esperanza de que los sicarios bajen las armas por sí mismos y minimizar los hechos fingiendo que no ha pasado nada. Ahí están los hechos: el gobernador mantiene su agenda ordinaria donde no tienen cabida los asuntos de seguridad, y el Fiscal “hace que hace” subiendo a sus redes un desesperado mensaje que intranquiliza a la sociedad, en lugar de serenarla. Ya cumplieron.

Frente a esa indolencia de las autoridades, los grupos criminales se ven solos y emprenden más ataques. Esa fue la respuesta al mensaje de Peniche, en lugar de replegarse arreciaron su campaña de muerte con mayor intensidad. Si hoy no hay personas calcinadas es sólo por obra de Dios. Mira, temblamos de miedo, reviraron los sicarios al mensaje de Peniche.

La escalada violenta que sufre la entidad desde el asesinato de las familias mormonas, preocuparían a cualquier gobernador consciente de sus deberes. A Javier, en cambio, escenas de terror así parecen no inmutarlo, el señor gobernador continúa en sus asuntos como si la seguridad fuese tema de otras competencias, jamás de la suya.

Pregunté a un especialista en temas de seguridad si estamos como en los tiempos de Reyes: “En los estándares del 2008 si; Comparándolo con el 2010 no, pero en ese rumbo vamos”, concluyó. Proyección aterradora de la que no podemos escapar, por experiencia sabemos que iniciada la dinámica de muerte, la tranquilidad social tarda años en quedar restablecida.

Durante el segundo trienio de Reyes vivimos los tiempos más oscuros, una era de terror que trastornó la vida de los chihuahuenses y cuya máxima expresión alcanzó al hermano de la entonces desprestigiada procuradora Patricia González, al que torturaron hasta darle muerte. No pude ver completo ese video de horro, confieso.

Al dejar el gobierno Reyes encontró vigencia política por que tuvo el tino de asociarse con el futuro presidente de México, Enrique Peña Nieto, pero la impronta de sangre macó a su administración. Y la procuradora González pagó un precio altísimo con la vida de su hermano, aunque también la política le ha dado otra oportunidad.

Cuando protestó el cargo, Javier Corral ofreció ser el mejor gobernador de la historia, legítima su aspiración. La realidad lo pone en su lugar, los primeros tres años están perdidos y sólo restan dos para que deje su marasmo y recupere la seguridad del estado que gobierna por mandato popular. De persistir en la indolencia su legado será uno de la peores y si también pierde en la política habrá cancelado cualquier aspiración futura.En cuanto a Peniche y Aparicio ¿Cuáles serían los saldos que la vida les tiene preparados? Ay nanita, de sólo pensarlo me dan escalofríos.