* «Duartito» Lozoya, confundido y delirante

*Disfruta Madero su momento de fama

* Enrique Grajeda con los días contados

Se mete donde nadie lo ha llamado, en todas partes pretende hacer presencia menos en los asuntos de Parral. Una vez por semana viaja a la ciudad de México sin que consiga nada para el municipio, cuantas veces puede hace paseíllo en Ciudad Juárez, los fines de semana viaja a municipios serranos y en el más absoluto de los disparates, hace contracampaña intentando abortar el plebiscito sobre Alumbrado Público en Chihuahua.

¿Qué asuntos tiene el caballo fuera de Parral? En México hace cabildeos desesperados por que, contrario a su imagen de “independiente”, lo postule Morena de candidato al gobierno; a Juárez asiste intentando posicionar su nombre e incomodar a Cabada, en la sierra se presenta como el político dadivoso y en Chihuahua suelta su gato a retozar con obscuros intereses, presumiblemente de índole económico.

Su conducta recuerda el ajetreo de César Duarte en los meses previos a la postulación de candidato del PRI a la gubernatura. Iba y venía con frenesí inusitado de un lado a otro y, jactancioso, reía cuando sus aduladores le decían que podía estar en dos lugares a la vez.

César era diputado federal, no tenía responsabilidad administrativa así que disponía del fuero para hacer precampaña sin restricciones. En cambio el “caballo” Lozoya tiene un compromiso con los parralenses, lo eligieron para ser edil, no candil de la calle y oscuridad de su casa.

Por eso he dicho, en columnas anteriores, que Lozoya me parece un Duarte de bolsillo, es decir miniatura. Con el mismo frenesí que su paisano hoy en fuga busca la gubernatura, sin reparar en los asuntos que interesan a su comunidad, donde ha perdido progresivamente popularidad. Que personajes más aviesos surgen de Parral, tanto escuchan que es la capital del mundo que terminan por creerlo.

Hasta en estos tiempos de frivolidad política el cinismo tiene límites, debería. Con la desfachatez del mundo viene a Chihuahua y opina sobre una consulta ciudadana como si tuviese vela en el entierro, siendo que no radica en la ciudad. Otra vez la pregunta ¿Qué pretende Lozoya intentando boicotear el plebiscito? ¿Sólo reflectores? Debería explicarlo.

Rompeolas

Gustavo Madero disfruta de su minuto de fama, ha sabido sacarle jugo a la foto que se hizo en medio de los senadores por Morena, donde deliberadamente se puso para los empellones a fin de jalar reflectores y ahora sus aplaudidores, entre ellos Javier Corral, lo toman por héroe. El senador de los moches está en su momento, siente que se ha puesto adelante en la carrera por la gubernatura, sin tener en cuenta que no gana una elección abierta ni en la presidencia de abuelos en el kínder de sus nietos. Es muy temprano para que Corral desvele su preferencia por Madero, se entiendo que poderosos compromisos los unen, pero debería verse en el espejo de Duarte, su odiado enemigo, y recordar que hizo hasta lo imposible por heredar el cargo a Serrano, ignorante de que aferrándose a esa candidatura construía los peldaños hacia el abismo de su ruina política.

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Más que Guadalupe Muro Hernández, la directora de Recursos Humanos en la Secretaría de Salud que llamó delincuentes a los trabajadores del Sector, quien podría salir de la Secretaría es Jesús Enrique Grajeda, su actual titular, pues hay evidencia de que le contó las muelas al gobernador. Como todo encumbrado, a Javier le choca verse engañado por subordinados. Bien, ha trascendido en hospitales y Centros de Trabajo que Grajeda le ha tomado el pelo al gobernador. O pongámoslo así; le ha contado mentirillas piadosas para evitar reprimendas o derivar responsabilidades en direcciones opuestas a la suya. La próxima semana podría reventar la liga, esté pendiente.