*Jorge al hoyo; Lucha exonerada

* Ruin discrecionalidad de la justicia

*El año de Duarte… y el de Corral

La discrecionalidad con que procuran justicia los descalifica, socava su credibilidad y exhibe a Javier Corral como sujeto vengativo e intolerante cuando se trata de juzgar a funcionarios asociados a la corrupción de César Duarte, y permisivo haciendo de tapadera herméticamente sellada hablando de la corrupción en el gobierno a su cargo.

La justicia selectiva es venganza, la justicia dirigida es abuso de poder; el silencio ante los que pisotean la ley es complicidad, el disimulo frente a los excesos negligencia criminal. Me refiero, claramente, al juicio de desafuero contra Jorge Ramírez –presumiblemente estaría por empezar- y al pisoteo que hizo Luz Estele Castro de las leyes y la convocatoria para elegir magistrados y jueces del poder judicial. Llegó violando la ley –pasaba los 65 años- y salió sin despedirse, envuelta en escándalo.

Dos casos, dos personas, dos varas; al amigo del odiado rival, el “vulgar ladrón”, todo el peso de la ley, así sea tres años después y de preferencia en tiempos de rentabilidad electoral, que valga la pena; a la consejera y amiga absoluta libertad para imponer jueces y magistrados a su antojo y la protección para que nadie ose cuestionarla. Hay niveles, hermano.

Provisto de un “arsenal probatorio” Joaquín Sotelo Mesta, consejero de la Judicatura elegido en los términos de la presente administración panista, ha denunciando el batidero que dejó la señora Castro en la elección de jueces y magistrados ¿Cuál ha sido la respuesta de las instancias judiciales rendidas a Palacio? Cubrirla incluso contra una disposición legal de la Justicia Federal.

Y no defiendo a Jorge Ramírez, en mi vida he cruzado cuatro o cinco veces palabras con él, pero si hablamos de barajas en la corrupción de Duarte, el magistrado Ramírez está entre los números más bajos de las cartas ¿Por qué van contra él? El juicio de desafuero es tentador, se trata de un magistrado, a falta del “as de oros” alguien debe mantener encendida la llama de los maxijuicios.

No tengo ningún rubor a decir lo anterior, cualquiera que busque en las hemerotecas encontrará que fui uno de los primeros en denunciar la corrupción de César Duarte y exigir que sea llevado a la justicia. Lo hice cuando todavía oficiaba de gobernador y entonces también denuncié los excesos de la llamada “oxigenación”, proceso en el que Jorge Ramírez recibió la Sala de Magistrado.

Y no lo hice una ni dos veces, mi exigencia de justicia para Chihuahua desde entonces ha sido reiterada, la he pedido por escrito y firmando con mi nombre cientos de veces. Así que no me vayan a salir con que tengo añoranza por aquellos años de dispendio alocado, arrogancia y abuso de poder.

Sucede que me indigna la discrecionalidad con que la presente administración de Javier Corral decidió aplicar la ley. Uno esperaría que esos apetitos de venganza y la seguridad e indiferencia con que ignora los abusos cometidos en su gobierno, fuesen desplantes de un político hecho en las peores costumbres del PRI, no de alguien que se asume rabiosamente democrático.

Javier fue electo democráticamente, beneficiario principal del hartazgo ciudadano que generó,  precisamente, la corrupción y los abusos de Duarte. Puesto en oficio de verdugo y a la vez tapadera, merma su tejita de credibilidad social, concediendo que algún pedazo le quede.

Que desafueren y presenten ante la Justicia a Jorge Ramírez, a condición de que respeten sus derechos y el debido proceso. Pero que también hurguen en los episodios de sospecha que ensombrecen al presente gobierno. Como botón de muestra están Lucha y Gustavo, con ellos podrían empezar.

Rompeolas

El 2020 terminó siendo el año de César Duarte, puede ser igual o más importante que aquel lejano 2010 cuando protestó el cargo y, arrogante, espetó sobre el rostro de Reyes Baeza el refrito mil veces escuchado “el poder es para poder, no para no poder”. Si consigue transitarlo en los Estados Unidos, donde según Raymundo Riva Palacio es testigo protegido, se habrá salido con la suya y disfrutará muerto de risa los millones acumulados en seis años de gobierno; si lo extraditan entonces tendrá tiempo sobrado para preguntarse si valió la pena tanto exceso. Por asociación directa también es el año de Javier Corral, el tiempo de cumplir con la única promesa de campaña, detener a Duarte, se aprieta y el segundero no deja de dar vueltas. Tanto que se odian y tan unidos que están, la felicidad de uno es la desdicha del otro y viceversa. Benditos, sin proponérselo terminaron enredados entre si, quizás piensan, inconscientes, que del odio al amor hay solo un paso. Imagíneles tomados de la mano parloteando en el parque y en medio de ambos Cruz y la Coneja. No se rían, en política todo puede suceder. Ajá, se topan y la emprenden a dentelladas uno contra el otro.