*Aventó el calzón a López Obrador

*¿Prematura rendición de Javier?

Prefiero al Javier de voz impostada y adjetivo fácil plantado sin complejos frente a sus adversarios; al opositor formidable de filosa narrativa y seguro de si mismo levantando banderas revindicadoras. No se, pero al verlo reducido frente a López Obrador, achicado y sin su habitual aplomo al tomar el micrófono, me hizo recordarlo durante sus tiempos de gloria en la Cámara de Diputados y el senado.

El contraste es mayúsculo, veo dos javieres opuestos entre sí. No me refiero al grosero abucheo del fuera, fuera que le tenían reservado los simpatizantes de Morena, pongamos que la silbatina es parte del nuevo protocolo en la relación del “líder amadísimo” y los gobernadores. La intolerancia prevalece, es la divisa. Hablo de la prematura rendición incondicional de Corral ante el presidente López Obrador, de su inconsecuente subordinación política.

A Javier no le importó más que dejar fe pública del compromiso con el Gobierno Federal y, subrayado, con López Obrador en lo personal: “Aquí estoy, acompañándolo en la gira, en todos y cada uno de sus eventos, por que quiero que quede de manifiesto, no solamente mi solidaridad, sino mi voluntad de colaborar en todo momento con su gobierno y con usted en lo personal”.

El nuevo régimen ha tratado a Chihuahua con la punta del píe; ningunea recursos, desatiende su compromiso con la seguridad, quieren vaciar las presas y Javier agradeciendo como si hubiésemos recibido favores extraordinarios. Entiendo la cortesía política, el compromiso de institucionalidad, la obligada colaboración entre niveles de gobierno, pero ello no implica sumisión abyecta.

Que diferente hubiese sido ver a un gobernador enjundioso con su habitual aplomo, advirtiendo, por ejemplo, que “no permitiremos que saquen ni un solo litro de agua de nuestras presas, esa exigencia es un abuso inadmisible para los chihuahuenses, una ofensa ruin que nos lastima”… “Hoy la violencia en Chihuahua está llegando a niveles intolerantes y no hemos visto el cabal compromiso de la Guardia Nacional.

 En el combate al crimen necesitamos mayor compromiso de la Federación”… “Nuestro sistema de Salud es precario y no entendemos la operación del Instituto de Salud para el Bienestar, por eso hemos decidido mantener la vigencia del Seguro Popular”…

No es que uno quiera verlo peleando siempre, se consigue más con una gota de miel que con una tonelada de hiel, pero hay momentos en los que obliga la patria chica. El viernes fue uno de ellos, la oportunidad propicia de plantarse con dignidad y respeto frente al presidente y exigir mayor compromiso de la Federación con Chihuahua, al menos en los sensibles temas de agua y salud.

En cambio lo que hizo el gobernador fue ponerse a las ordenes y agradecer a López Obrador lo que obviamente no ha hecho por Chihuahua. También comprendo el momento de la rechifla, a nadie le gusta escuchar estribillos como el “fuera fuera”. Sin embargo Javier es un orador consumado, sabe –o debería saber- lidiar con esas groserías. Nada, cumplió con el ritual de la sumisión y quedó satisfecho.

Me intriga saber por que su prematura e incondicional rendición, no veo la urgencia de que López Obrador conociese su voluntad de colaborar “también en lo personal”. ¿Ya son los grandes cuates? ¿El día de mañana nos dará una sorpresa de apoyos extraordinarios para Chihuahua? ¿Tiene tanto que agradecerle que necesitaba hacerlo sin demora y poniendo a medio Chihuahua por testigo?

Aguante la leperada, es sólo un recurso periodístico para interpretar los hechos del viernes en Juárez. La conducta obsequiosa de Javier me recordó a las secretarias frescas de conducta disoluta y moral cuestionable, que al presentarse y ponerse a las ordenes del nuevo jefe subrayan el “estoy a sus órdenes, para todo lo que usted quiera, licenciado, para todo”.A eso llaman “aventar el calzón”. Así interpreto la bienvenida de Corral a López Obrador. No fue el ordinario recibimiento zalamero propio de la cultura política mexicana, que los gobernadores dispensan al presidente de turno en las giras por los estados, el tono que puso Javier Corral, las palabras elegidas y la urgencia de hacerlo público sugieren segundas intenciones.


Supongo que tienen que ver con la elección en puerta e intuyo que ensaya ejercicios de alianzas políticas insospechadas, rumeadas mil veces en la soledad de sus noches largas. Para bajarse los calzones en público es que trama algo verdaderamente interesante. Se reciben ideas.