*La rifa del elefante y el rey desnudo

*Perseverante criada de María Félix

Habla despacio por que si, apresurado, involuntariamente suelta un comentario impropio sería noticia mundial. Con ese argumento, evitar improperios, justifica López Obrador su hablar pausado. Si por mi fuese le recomendaría que hable despreocupado y de corridito, puede decir cuanta estupidez llegue a su mente y todas le serán perdonadas. Es la prerrogativa de quienes tienen el monopolio de la verdad, sus dichos son la realidad; el cielo es amarillo, por supuesto; la tierra es plana, desde luego; los cocodrilos vuelan; bajito pero vuelan.

No es broma, estamos frente a un presidente que fijó la fundación de México diez mil años atrás, convencido de que entonces ya teníamos universidades e imprenta, mientras los búfalos pastaban en las praderas de lo que hoy es Nueva York y cuando quiso aclarar se fue hasta los diez mil millones de años. ¿Qué más podríamos esperar? Ha dicho tantas estupideces que perdieron interés, no son noticia mundial como supone y en México estamos aprendiendo a tomarlas por chunga, convencidos de que puede ir por la calle desnudo y sin calzado, como el rey del cuento, y sus devotos lo verán vestido en sus mejores galas y calzando zapatos de legítimo charol.

La rifa del avión reventó los medidores más laxos de las ocurrencias y nos hizo preguntarnos si juega con nosotros o hemos perdido al “líder amadísimo”. Hemos llegado al punto donde no existen antecedentes para contrastar sus ocurrencias, a lo más recuerdo a Maduro y el pajarito que le hablaba como si fuese Chávez, pero las de López Obrador van más allá, son ocurrencias que cuestan miles de millones de pesos, no se quedan en la fugaz visión de un pájaro parlante que hace la vez de medio espiritista.

Pensamos que había sido mucho ofrecer el avión a cambio de ambulancias, tomógrafos, equipos de rayos X, jeringas, agujas hipodérmicas, gallinas, patos, chivos, frijol sin gorgojo y pasajes en vuelos comerciales para dos años. Ternuritas, no conocemos sus alcances, nos tenía reservada la ocurrencia mayor, hasta hoy; rifar el avión presidencial colgado de un razonamiento a modo del contumaz hecho en los delirios; si no puedo venderlo, rentarlo, ni negociarlo en trueque, lo rifo. Hizo una operación aritmética simple y resolvió que con seis millones de cachitos vendidos a quinientos pesos, conseguiría los 150 millones de dólares que nadie ofreció por el avión. Asunto resuelto, el avión sale por que sale, me canso ganso que se va en la rifa, como que me llamo Andrés.

Yo también hice cálculos y, percatado de la oferta, propuse una vaquita entre mis compañeros. Ocho se apuntaron de modo que nos tocan 62 pesos con 50 centavos comprar un chachito, una ganga si pensamos en que ganaremos alrededor de 15 millones de dólares, ya descontados los impuestos, una vez encontrado comprador. El negocio es tentador ¡15 millones de dólares por 60 pesos! ¿Dónde estaban?. Pssss, no hagan olas, después entran las envidias y se nos ceba, lo primero es ganarnos el avión, después veremos que hacemos con él, quien quita hasta el mismo López Obrador nos lo compre, al cabo que para entonces no sería el avión de Peña ni de Calderón, sino del pueblo bueno.

También acordamos entrar a la rifa de un elefante; es otra ganga inmejorable. Los hermanos Ataide están rifando al paquidermo, un millón de cachitos a diez pesos, desde luego con la lotería nacional, se trata de dar certeza y legalidad. La verdad estamos muy emocionados, cualquiera lo estaría, por quinientos pesos tendremos un avión presidencial y por diez un elefante que sabe hacer gracias; baila cumbias, patea la pelota, da vueltas sobre un enorme taburete y baja la trompa para que lo monten.

En ambos casos los pequeños inconvenientes están resueltos; el avión viene con un año de servicio y el elefante con seis meses de alfalfa y atención veterinaria. Bien planeado, nada podría salir mal, el avión puede estar en el hangar de Don Eloy Vallina –es el más grande de Chihuahua- y al elefante lo ponemos en la sala, como es educado sabe que no debe dañar los muebles ni ensuciar las alfombras. Es de risa, pero el que se lleva se aguanta, él empezó.

Nuestro querido presidente está como la sirvienta de María Félix. Llegó la Doña con un abrigo impresionante y al verlo la criadita se quedó boca abierta ¿Y ese abrigo, Doña María? Es uno de mink, respondió la diva y como la criada era medio sorda, escuchó “uno de mil” Tiempo después la criada llegó con otro abrigo igual, para sorpresa de la Doña ¿Cómo lo conseguiste, preguntó intrigada? Pues mil de a uno, señora.Nuestro Tlatoani es tan perseverante como aquella criadita de la Doña, no encontró un comprador de mil para el avión, pero si la forma de conseguir mil de uno. El pueblo buena paga, son solo quinientos pesos y seis millones de fieles.