*Furtivos y de noche, una vileza

* Corral entre AMLO y Chihuahua

* Desenfoque de Juan Carlos Loera

Es una vileza valerse de la distracción social impuesta por la pandemia del coronavirus para llegar, furtivos y de noche, hasta las compuertas de la Boquilla y abrirlas a todo lo que dan. Los funcionarios de Conagua saben de la iracunda y comprensible reacción de la gente y sin embargo continúan con el infame atropello, sin detenerse a meditar las consecuencias. Las abren por que las abren y se acabó.

Al verse madrugados los productores se movilizaron también sin pensarlo e impusieron su anarquía en el punto vulnerable del gobierno; la autopista. Cacetas de cobro vandalizadas, vehículos incendiados, camiones de carga saqueados y en las inmediaciones de la presa choques violentos entre gente del pueblo y la Guardia Nacional.Abrir las compuertas de la Boquilla se convirtió en obsesión de algún funcionario arrogante desplantado en Conagua. Hablan de un tal Víctor Alcocer Yamanaka, subdirector de infraestructura hidráulica desde el sexenio pasado, cuyos intereses obviamente son oscuros. Si fuese instrucción -“sugerencia mañanera”- del Líder Amadísimo las mantienen abiertas contra todo reclamo, así el Ejército tuviese que sitiar pueblos y ciudades.

López Obrador no conoce ni está interesado en el norte, le resulta indiferente lo que suceda entre nosotros, y el conflicto está situado en dos entidades norteñas, Tamaulipas y Chihuahua, ¿De dónde el apuro de cumplir anticipadamente con un Tratado Internacional que no está siendo exigido por los Estados Unidos y jamás había sido motivo de discusiones domésticas?

Para saber dónde apretar, esa es la pregunta que deben formularse el gobernador Javier Corral, senadores y diputados que sueltan su gato a retozar con tal de no pasar por estatuas de sal o, al menos, tener escusas que les permitan decir “cumplimos, participaron activamente a favor de Chihuahua”. 

Aprovechar la distracción causada por la mayor pandemia en las últimas décadas ha ido demasiado lejos, habla de funcionarios mezquinos e inescrupulosos en los que no se puede confiar.

En vez de resolver el problema o, de plano, montar guardias encadenados a las compuertas, diputados y senadores del PAN se enredaron en un amasijo de comentarios y declaraciones buscando justificar su inacción. Ejercicio de autocomplacencia para salir del paso y decir, cumplimos.

La rueda de prensa encabezada por Madero, Mata y otros diputados federales del PAN fue patética. Se hubiesen visto a la distancia presumiendo reuniones con sus contrapartes Tamaulipecos y pontificando sobre el Tratado en la comodidad del salón acondicionado y frente a cámaras amigas, mientras los productores enfrentaban a las fuerzas federales y paralizaban la Panamericana. ¿Cuál solidaridad?. Palabrerías.

Les vale que del otro lado están peor. La desafortunada declaración de su contraparte, Juan Carlos Loera, hizo escalar el conflicto hasta convertirlo en crisis humanitaria –“es inhumano negarles, a los de Tamaulipas, el agua, dijo- como si allá estuviesen racionándola para el consumo humano, cuando todos saben que disponen de mucha más agua que nosotros. Para ser buen palero, es necesario tener gracia.

Más audaz y pertinente Cruz Pérez Cuéllar. Prefirió ponerse al lado de Chihuahua y acusó de traidora a la directora de Conagua, Blanca Jiménez Cisneros, siendo de su partido. Su riesgo es calculado, sabe que no lo quieren en Morena y que el asunto no es de interés prioritario del presidente, en consecuencia se desmarca de sus compañeros intentando granjearse el favor de los productores. ¿Oportunismo? Desde luego, está en precampaña.

A Javier Corral lo sorprendió el estallido en Ciudad de México, donde tenía programada una entrevista con el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Ya tarde hizo presencia en una videoconferencia y aunque no tuvo mucho que decir, salió del paso con que habría expresado su inconformidad a Olga Sánchez Cordero, Julio Scherer, Arturo Durazo, Lázaro Cárdenas y de haberse topado a más funcionarios federales en los pasillos de Palacio, también cita sus nombres. Por como lo platica, no pasó de un respetuoso reclamo.

La percepción es que Javier es prisionero de pactos privados con López Obrador, de los cuales todavía no hay claridad, y su compromiso de gobernador con los productores. Transita, sin éxito, en la delgada línea de honrar los acuerdos con el presidente y el deber con Chihuahua.

Con su historial de político atravesado y retador, la indefinición le sienta mal. La gente se pregunta dónde está el Javier de la marcha por la dignidad de Chihuahua durante la cual amenazaba con detener a Peña Nieto y desafiaba a medio gobierno. 

Lo ven apocado, por eso ahora pierde credibilidad. Quizás sus razones sean válidas, pero lo hacen ver tibio e indefinido.

Muy diferente se hubiese visto fajado en el lugar de los hechos, arropado por los liderazgos de Chihuahua exigiendo, con la enjundia de antes, respeto a la soberanía de Chihuahua. O enviando a los policías, como Patricio Martínez en su momento, a cuidar las compuertas para evitar que fuesen abiertas en la complicidad de la noche. Nada, durante su paseíllo por Palacio Nacional platicó con los funcionarios que se topó a su paso y manifestó su desacuerdo. Es el nuevo Javier.Lo mejor de la jornada es que la presión de los productores hizo recular a Conagua. Para ellos el reconocimiento pleno, saben defender sus intereses, que los políticos sigan jugando al tío Lolo.