*Freno al atropello de Bonilla

*Mi voto por la Corte; aplausos

* El contador marioneta del régimen

*Covid ¿Todos somos iguales?

He dicho y sostengo que seis años son insuficientes para que un gobierno populista, ineficiente, irresponsable y matizado de autócrata, como el de López Obrador, son insuficientes para destruir al país. Son tantas sus fortalezas que necesitaría más de un sexenio, por eso la importancia de resistir, a cualquier costo, sus tentaciones reeleccionistas.

Además estoy convencido de que si los desenfrenos y locuras convertidas en políticas púbicas son el precio que debemos pagar por los años de gobiernos corruptos, frívolos e indiferentes a la brutal pobreza, es un pago que vale la pena. Sería nuestro proceso expiatorio por tolerar los dispendios de políticos  y empresarios agrupados en el PRIAN que se hincharon de dinero a costa del erario. Si, también ellos causaron profundo daño al país.

No sabemos en qué termine el sexenio ni hasta donde lleguen las pretensiones reeleccionistas del presidente y su cohorte de aduladores, pero en medio de un proceso hacia el autoritarismo, la noticia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, anulando el atropello de Jaime Bonilla contra la Constitución y los electores, es una de las mejores que hemos recibido quienes aspiramos a vivir en un país de leyes, instituciones y libertades plenas.

Aparte de la importancia en sí misma, cancelar la extensión de dos a cinco años el mandato y poner en su lugar a un gobernador que se asume intocado por saberse amigo del Presidente, la sentencia de la Corte envía un mensaje alentador a todo el país; por extensión hace reflexionar a quienes alimentan impulsos de perpetuarse y los obliga a reparar en la importancia de un Poder Soberano.

También es relevante la unanimidad, los once votaron en igual sentido. Mostrar fisuras en los criterios legales hubiese desmerecido la sentencia en un asunto de la mayor trascendencia. Necesitaban ser firmes y lo fueron al votar juntos e incluir en sus argumentos conceptos fundamentales como “violación a los principios de certeza y democracia y fraude a la Constitución”. Muy fuertes.

Bonilla, como uno esperaría de políticos bribones sin convicción democrática, se pronunció en desacuerdo. Que importa, es su frustración, las sentencias de la Corte son inapelables, nada puede hacer. Felicito a los ministros, los once, y me congratulo de que hayan hecho valer la independencia y autonomía del Poder Judicial.

Rompeolas

Hoy que los medios más influyentes del mundo –The New York Times, Wall Street Journal, El País- cuestionaron la validez de los datos mexicanos sobre el Covid, encuentro pertinente hacer una comparación entre López Gatell, vocero del gobierno para asuntos de la Pandemia, y el contador corrupto. ¿Cuantos son dos por dos? preguntó el cliente ¿Cuántos quiere que sean? Dijo el contador vivillo. En un gobierno donde nada se mueve sin la voluntad de Gran Tlatoani y Líder Amadísimo, el número de contagiados y muertos por el virus ya está predeterminado, el vocero sólo tiene que encontrar los argumentos que los justifiquen. Por ese motivo llegan a sandeces tales como esa de que primero aplanamos la curva y después entramos en el punto máximo de la emergencia. Sólo en México. Es imposible conocer el tamaño del problema si el gobierno prohibió hacer pruebas, las hace cuando los pacientes entran muriendo a los hospitales. Estamos a ciegas. Apuesta de alto riesgo la que tomó López Obrador, pero el suyo es un riesgo calculado, sólo puede perderla con imágenes de hospitales colapsados por que no se dan abasto atendiendo a moribundos en sus pasillos y salas de espera. Ojalá no, esa apuesta si quiero que la gane el presidente, son vidas humanas las que están en juego.

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Javier está limpio del virus, lo anunció en sus redes. El susto demostró que también en la pandemia hay niveles; para que a un sospechoso ordinario le hagan la prueba tiene que estar a punto de morir y eso si los reactivos llegan a tiempo. El señor gobernador no, en cuanto conoció que Armando Cabada, otro privilegiado, dio positivo, ordenó que le practicaran la prueba, así como a su familia y entorno próximo. En tiempos del Covid, como siempre, todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros ¿Cierto, Javier?.