*Hartazgo en el pico del virus

* Desconfinamiento, los riesgos

* El desenfoque de la oleada fifí

La gente se hartó de permanecer en casa y, en el pico de la pandemia, decidió desconfinarse, por sus pistolas. El fin de semana las calles de la ciudad estaban a reventar, como si todos hubiésemos vuelto a la normalidad confiados en que ya pasó. Es una decisión tan imprudente como temeraria, descuidarnos en el peor momento tendrá necesariamente consecuencias negativas.

Por eso entiendo los apremiantes llamados a permanecer en casa de Maru Campos, presidenta municipal. Ella conoce las consecuencias de salir en tropel, como si nada hubiese pasado, cuando seguimos en semáforo rojo. Pero hay poco que se pueda hacer, en el subconsciente colectivo se instaló la idea de que a partir de hoy, uno de junio, volveremos a la normalidad.

No es así, también lo ha dicho la presidencia y las autoridades de Salud. Insisten en que nos encontramos en momentos de alto riesgo al contagio y es sencillo entenderlo, sólo necesitamos ver el número de nuevos muertos y contagiados diarios, el problema está en que la gente ya no soporta más la casa. Todo tiene un límite y parece que los chihuahuenses han llegado a él.

De ser así, si hemos decidido salir contra las recomendaciones, atengámonos a las consecuencias. La única característica universalmente aceptada de la gran pandemia, es que en torno a ella prevalece la incertidumbre; las autoridades se contradicen, los científicos no hacen consenso, la confusión prevalece.

Bien, por mero sentido común deberíamos pensar en el escenario peor, sólo como instinto de protección. Y este escenario es el que han descrito algunos investigadores de biología molecular, que mientras no haya una vacuna confiable producida en miles de millones de dosis, se estandarice un tratamiento confiable y los contagios alcancen el 70 por ciento, seguiremos en grave riesgo.

Esas tres condicionantes de los investigadores nos dan una idea de que tardarán años, podrían ser uno, dos o hasta tres –nadie sabe cuántos- viviendo con el temor de un virus cuyos efectos y debilidades, para combatirlo, no han podido ser identificados por la ciencia.

Así que calma, si hemos decidido no hacer caso de las autoridades, confiemos en nuestro propio sentido de supervivencia; es una insensatez desconfinarnos cuando el número de contagios alcanza cada días valores máximos. La nueva normalidad será “muy nueva” y por tanto impredecible ¿Por qué complicarnos la vida?

Ahora, hay gente que por necesidad económica tiene que salir a buscar el sustento. Es totalmente comprensible, también estamos por entrar a “la otra pandemia”, la de privaciones y austeridad al límite, con pérdida de empleos y carencias económicas. Ni hablar, en esos casos que la gente haga su lucha, tampoco es para quedarse de brazos cruzados mientras la familia sufre hasta para conseguir alimento.

Pero quienes no están en esa situación apremiante, pues atiendan las recomendaciones, si no lo hacen por ellos mismos, háganlo por los ancianos que más quieran y en general por las personas más vulnerables. La actitud de nada pasa o “de algo me voy a morir”, además de temeraria es irresponsable. Pongamos por delante el interés colectivo al personal y saldremos bien librados de esta ¿Cuándo? Cuando el virus diga, ni antes ni después.

Rompeolas

Los organizadores de la “marcha” vehicular del sábado están muy satisfechos con el resultado, en sus redes hicieron notar que fue todo un éxito. Con independencia del número de mexicanos que se haya movilizado, yo creo que están desenfocados; su narrativa está equivocada, no es momento para pedir que se vaya López Obrador. 


Durante décadas he sido critico del ahora Presidente, estoy convencido de que sus desaciertos costarán al país el atraso de una generación, pero tengamos presente que promover su salida antes de tiempo contribuye a la desestabilización del país, por si fuese poco lo que estamos viviendo. 
Aparte no existen condiciones sociales suficientes para que un movimiento así tenga éxito, el hombre ganó una elección incuestionada y abrumadoramente mayoritaria, respetemos eso y preparémonos para las futuras elecciones ¿Por qué darles oportunidad de victimizarlos facilitando su latente idea de un golpe de estado? Es contra toda lógica política, le hacen un favor. Y si vamos más lejos, recordemos que llegó por el enorme enfado social contra la corrupta mafia del PRIAN, en la que políticos y empresarios del pasado régimen dilapidaron los recursos públicos inescrupulosamente. 


La corrupción alcanzó niveles de espanto, necesitábamos un ejercicio expiatorio para conjurarla y en la rifa electoral nos tocó el menos indicado. Paciencia, evitemos la reelección y el país sobrevivirá a sus desvaríos, ya vienen las elecciones intermedias. Expresen ahí sus frustraciones, pero no contribuyamos a la polarización, hacemos exactamente lo que condenamos.