*De cínicos, gotas cítricas y detentes

* El merolico camino al desecho

* La desesperación de Javier

No se, sospecho que somos un país de mentirosos, ladrones y traicioneros, por que si “estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar y no traicionar, ayuda mucho para que no de el coronavirus”, como nos aclaró ayer el gran Tlatoani y Líder Amadísimo, al tiempo de que nuestro país se colocó en el séptimo de la lista entre las naciones con mayor número de muertos por el virus y primero en contagios desde la “Nueva Realidad», es que tales principios nos resultan ajenos.

Esa es una explicación al crecimiento constante de contagios y muertes, pues si nos atenemos a los datos de López Gatell, ayer llegamos a los 12 mil quinientos fallecimientos con cerca de 120 mil contagios. Hay otra, que muy pocos han tenido acceso a las maravillosas “gotas de cítrico”, con las cuales mata el virus la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, y por la que no tiene necesidad de usar tapabocas. Así está blindada la señora secretaria.

El nuestro, más bien, es un país de gobernantes cínicos, bribones, amuleteros y engañabobos. En el pico de la pandemia, López Obrador declara el fin de la sana distancia y se aventura, sin atender la recomendación más elemental del tapabocas, en una gira para inaugurar una obra que tardará años en su realización y cuyo banderazo protocolario pudo esperar meses. 

Para limpiar su conciencia encontró retorcidas e incontrastables estadísticas en el sentido de que México ocupa el lugar 18 con el mayor número de muertes, en referencia a la población de cada país. Desahogo indolente, ¡sólo llevamos 12 mil quinientos muertos!. Que se preocupen los jefes de estado en otros países.

Mientras López Obrador se oculta en narrativas para idiotas, López Gatell, merolico de las tardes encargado de tender cortinas de humo que ocultan la realidad de la emergencia, elevó sus cálculos de muerte a 35 mil. Si el merolico habla de 35 mil, imagine hasta dónde llegaremos.

No quiero ser catastrofista y menos generar temor entre los lectores, pero tomando como base la nueva estimación máxima oficial, es pertinente inferir que podemos superar, por mucho, los cien mil casos. Si la curva está aplanada, el Covid domado y la sana distancia eliminada, los muertos serán si mucho 35 mil. Ellos ponen la realidad.

Sin embargo las luces rojas llegan del exterior. El País, periódico más importante de habla hispana, proporcionó otros dato: “Para la mitad de los fallecidos no hubo diagnóstico público por coronavirus, antes de su muerte”. Lo que por nuestro sentido común siempre hemos sospechado, los especialistas empiezan a ponerlo en blanco y negro; muchas muertes por Covid no están registradas.

En cuanto a datos verificables estamos a ciegas. También el influyente medio español menciona que “El país norteamericano (México), que ha rebasado los 100.000 contagios y 11.000 muertes, no conocerá la cifra real de víctimas del SARS-CoV-2 sino hasta dentro de varios meses”, citando fuente recogida en los estados.

La necesidad económica y el enfado nos impulsan a las calles, es la realidad social no conjurada en amuletos, principios universales ni gotitas mágicas. En la medida que avanzan los apremios económicos, la impostergable necesidad del sustento diario, empezamos a perder miedo al virus y nos apresuramos a salir.

Ni como recriminar a todas esas personas que, desesperadas, intentan reanudar urgentemente su vida. Están frente a dos temores muy profundos del ser humano: morir por el virus o morir de hambre. Elige tu veneno.

Cada quien sabe lo que pesa su carga, pero como sociedad estamos muy lejos de superar la emergencia, probablemente en uno o dos meses veremos un rebrote que nos haga temblar de nuevo, obligándonos al forzado refugio del hogar. Mientras tanto, pida su dotación de gotas cítricas y sea honesto, sincero y leal. Eso también protege, nos dijo ya saben quien.

Rompeolas

Muy desesperado está el gobernador Javier Corral, entrando en la parte final de su administración, para que se haya tragado su exaltado orgullo compartiendo pan y sal con “periodistas corruptos, vendidos y aplaudidores de Duarte”, que tanto lo atacaron durante su campaña y al principio de su administración. El suyo no ha sido el gobierno con el cual soñó, la cena de ayer es una señal de su fracaso en materia de comunicación pues de otra forma no se hubiese sentándose al lado del periodismo que con tanta enjundia insultó. Hasta invitó a los tinterillos del periodismo a quienes César Duarte les mandó poner un periódico para enderezar la peor campaña contra el entonces candidato Corral. wow, también la reversa es cambio.