*Ley Madero, donde todos pierden

* Ancha es la moral legislativa

*Quintana, factor de negociación

Dudo que Fernando Álvarez Monge, coordinador parlamentario del PAN, y el propio Javier Corral tengan certeza de lo que sucederá en el Congreso del Estado entre éste viernes y los próximos días, antes de que concluya el periodo legal para reformas electorales, dos de julio.

Ha sido tan batida la discusión por la Ley Madero dentro y fuera del Congreso, que nadie tiene claridad, en éstos momentos, de la votación final en el Pleno. Cuentas van, cuentas vienen; los diputados atan y desatan compromisos. Nadie sabe ni siquiera el resultado de éste viernes en comisiones unidas.

De lo que si tiene claridad el panista sinceramente convencido de su partido, esos militantes fieles que le han dado grandeza, es que esa Iniciativa de Ley nació maldita y seguirá maldita. Es la Ley donde todos los panistas pierden. Los ha dividido hasta la médula y las confrontaciones interpartidistas son como los pleitos entre hermanos por la herencia del viejo, hasta la muerte.

Si Gustavo Madero, a quién algunos atribuyen la autoría intelectual de la Iniciativa, piensa que sacándola adelante tiene la gubernatura asegurada, comete un fatal error de cálculo; Si Javier Corral considera que le vendría de perlas para manipular los procesos internos dentro y fuera del PAN y además alzarse como el campeón que “ciudadanizó” a los partidos, ha leído mal las últimas sucesiones en Chihuahua o perdió el tino, como sucede con muchos al final de su mandato.

Puede que, recargado en Javier y el poder del gobierno, Madero se quede con la candidatura del PAN, pero el costo será muy alto, competiría con las siglas de un PAN partido en dos; Quizás Javier consiga el aplauso fácil de los intelectuales orgánicos que usualmente lo adulan, pero habrá pavimentado el camino de Morena y socavado sus delirantes aspiraciones presidenciales. Ningún futbolista juega más que la pelota; ningún gobernador es más importante que su partido.

Hasta aquí dejo esta entrega, teniéndola como primera parte de un capítulo importante en la descarnada lucha al interior del PAN por la gubernatura y cuyo desenlace final será el dos de julio.

No hace sentido especular con lo que suceda hoy viernes en comisiones unidas ni proyectar imaginarios ejercicios de votación la semana que viene, en el Pleno. Calma, la política desvelará pronto los resultados definitivos. Ya veremos que depara a los protagonistas.

Rompeolas

En los conteos de ida y vuelta que realizan los operadores de la Ley, todo puede suceder el día de la votación. Si alguna constante prevalece entre los diputados –aquí si es permitido generalizar, aunque hay honrosas excepciones- son su holgado criterio legislativo y ancha moral. “En éstos momentos no se está negociando el articulado de la Iniciativa, lo que están viendo es el tamaño del bono”, comentó un agudo observador que ha seguido, de lejos, la confrontación entre panistas. Tiene razón, los señores legisladores hoy dicen que no y el mero día cambian de opinión para ser los primeros en levantar la mano a favor, si consideran suficiente la remuneración. Si en Baja California sacaron la Ley Bonilla, por qué en Chihuahua no aprobarían la “Ley Madero. Como dije, ya veremos.

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A su edad, cumplirá 74 años en días posteriores a la elección, Víctor Quintana se ha prestado para que su nombre sea factor de negociación entre los altos grupos que disputan las candidaturas en Morena. La izquierda radical lo ha tomado como instrumento para conseguir una tajada importante en la entidad. Quieren su parte y tomaron a Víctor de su ariete. Es la lucha por el poder. Presumiblemente el Congreso, a propuesta de un diputado de Morena, eliminarán el requisito de la edad para ser gobernador y, desembarazado de ese incómodo impedimento, Víctor adquiere mayor valor de negociación a los ojos de quienes lo manipulan. Él se deja querer, le vendría de perlas una diputación federal. Papa y fuero a nadie le hace daño.