La tragedia corralista debe terminar

Jaime García Chávez.-

Nos han hablado mucho de un tigre que se puede soltar. Nos han dicho que hay un México bronco. Un México profundo al que se le ha sobrepuesto otro imaginario, lo dijo Guillermo Bonfill Batalla. El tema da para mucho y sobre todo para preocupar, actividad cada vez más lejana entre nuestros gobernantes, sólo ocupados por mantenerse en el poder y reproducirse.

La región centro-sur de Chihuahua –San Francisco, Camargo, La Cruz, Saucillo, Delicias, Meoqui y Rosales– de pronto nos dijo “¡presente!” y se adentró en una revuelta anunciadora de los tiempos de crisis social y económica, aunada al profundo malestar con la cultura imperante, que nos golpeará drásticamente a partir del 2021, aumentada por el flagelo del Covid-19, la pandemia de todos tan temida, salvo para los que les cayó como anillo al dedo. 

En Unión Ciudadana acusamos recibo de todo esto y afirmamos que en nuestro entorno inmediato los poderes del estado –el gobierno soberbio de Corral– han colapsado, y que es llegado el tiempo de hacerlos a un lado, defenestrarlos. 

Va aquí el mensaje que Unión Ciudadana proclamó este fin de semana:

“Como en todas partes, hoy en Chihuahua lo que no hagan los ciudadanos por sí mismos no lo hará nadie. No se realizan acciones de insurgencia o de desobediencia con más gusto que iniciar un trámite y obtener la satisfacción del reclamo. Los pueblos se levantan cuando ya se agotaron todas las alternativas e instancias con las que frecuentemente se recurre para postergar la satisfacción de grandes necesidades, tras las cuales están los privilegios de unos cuantos, o la injusticia, para decirlo de manera más precisa. Hay una larga serie de abusos del poder público que buscan someter a la voluntad ciudadana sus caprichos de siempre; por tanto, no se deben llamar a engaño cuando la respuesta se finca en la ira popular que tiene por mérito poner en blanco y negro la realidad que se padece.

El gobierno de la república y del estado han mostrado, por decirlo de manera amable, carencia de oficio para construir y tejer acuerdos en el muy delicado tema de la defensa del recurso hídrico por demás vital en un territorio como el de Chihuahua. Han jugado peligrosamente con el diferendo que los separa del sentir mayoritario de los productores agrícolas y campesinos y la sociedad entera. Carentes de una vocación de servicio para encontrar cauces a la civilidad de los conflictos, han recurrido al engaño, al regateo de la información, a esconderse, a mostrar su falta de oficio, a creer que las respuestas de los usuarios del agua son balandronadas o producto de agitadores y a disparar sus armas y emplear gases lacrimógenos para disolver manifestaciones pacíficas. Gobierno que recurre a la nocturnidad para ejecutar sus decisiones exhibe debilidad y encuentra la puerta falsa por la que quiere salir a criminalizar las protestas sociales a través del enjuiciamiento penal, que no es otra cosa que represión que desembocará en la existencia de presos políticos.

Los acontecimientos en la región centro-sur del estado de Chihuahua muestran la ausencia de Estado y de gobierno, si por tal debemos entender las razones que los ciudadanos tienen para obedecer. Pero ante la cerrazón y el empleo de la fuerza, la respuesta se produce recurriendo a las formas tradicionales de lucha que los mexicanos han tenido para hacerse justicia. No le den vueltas a la interpretación de los acontecimientos: la justicia está del lado del pueblo y el abuso en el sitio del gobierno, de todos los niveles. 

En la escala local, tenemos en Javier Corral Jurado un gobernador que se ha escondido frente a la crisis. Cree que, como las avestruces, basta con meter la cabeza en un hoyo para que los ingentes problemas no existan o, como líder de una “revolución pasiva” pretender un cambio pero sin romper con los antiguos vicios del sistema político, social y económico. Es decir, aparentar una transformación permitiendo que todo siga igual.

En Chihuahua ha concluido la gobernabilidad, que nunca fue democrática y que se entregó en manos ineficientes y de plutócratas como Alejandra De la Vega, Gustavo Madero y los cómplices del duartismo. El PAN como partido político se agotó en la vida cívica de Chihuahua. Se perdió en un juego de proyectos de poder y se olvidó de los compromisos con la sociedad y los ciudadanos. Mucho está en juego en estos momentos y en esta región, pero no saldremos adelante si no se construye el poder ciudadano a la brevedad. 

Llegó el momento de plantear de frente y con franqueza la necesidad de reemplazar los actuales poderes en Chihuahua, porque se han colocado al margen de la legalidad constitucional y ya son más los problemas que generan en su despliegue que las soluciones que un tiempo pudieron aportar. 

Es la oportunidad de plantearse con toda seriedad y con una agenda cívica precisa la edificación de un nuevo gobierno de reconstrucción del estado de Chihuahua para que en estos tiempos de crisis tome el timón de la entidad, suplantando a los que, ubicados al frente de las instituciones, traicionaron al estado, a su población y a sus ciudadanos; porque los tiempos que vienen serán de gran crisis social y económica, agravada por la pandemia del COVID-19, cuya conclusión es incierta, entre otras razones, porque los gobiernos no han hablado claro al respecto, y su comportamiento ha sido errático y violatorio de la Constitución en materia de crisis sanitarias.

Es el momento de la convergencia ciudadana, de la construcción de acuerdos, de ir al encuentro con la sociedad en la colonia agrícola, en el ejido, en la fábrica, en las universidades y escuelas superiores, a todas partes a pedir la respuesta de un pueblo cansado de la ruinosa forma en que se ha gobernado Chihuahua. 

Tenemos que hacerlo con denuedo y sacrificio, pero tenemos que hacerlo.    Ya algún líder histórico lo dijo con toda la ironía, que hoy se puede prestar a lo siniestro: “Hasta ahora se nos ha dicho que hay que estar decididos, a no estar decididos; resueltos a no estar resueltos; firmes para dejarse llevar; sólidos para ser fluidos y poderosos para ser impotentes”. Ideas de un clásico de la política que en un duro momento de crisis supo generar para su pueblo el camino de la libertad. 

Esa es la receta para salir adelante: decidirnos, estar resueltos, sólidos y ciudadanamente poderosos”.

De ese tamaño vemos el problema, y si no lo entendemos ahora lo vamos a lamentar muchísimo tiempo; así lo preludian los proyectos electorales que se mueven por todas partes y que sólo van a propiciar continuar al filo del precipicio y caerse en él. Eso explica el porqué los pretendientes a la gubernatura que han levantado la mano, sin exclusión alguna, sólo nos den como mensaje la novela rosa que pasean por todo el estado, y sin someterse a legalidad alguna porque han hecho a un lado las normas electorales y las instituciones que debieran hacer prevalecer.

Vienen tiempos difíciles.