*Un conjuro cierto contra la locura

* La palabra toca linderos peligrosos

* Rafa Espino empieza a dar de sí

* Chicanea Duarte su extradición

Tengo la convicción de que si los ciudadanos libres cerramos los ojos a la dolorosa realidad que sufre el país y nos agachamos confiados en que no pasa nada, permitiendo que López Obrador consolide la dictadura, una o dos generaciones de mexicanos verán cancelado su futuro. Las consecuencias del autoritarismo populista, está demostrado en la historia, fatalmente son la destrucción del país y el sometimiento de la sociedad a una voluntad usualmente perversa.

En esa dirección avanza el país, hacia el caos. Quisiera que fuese un farsante, un engreído vulgar que llegó al poder y disfruta burlándose de los opositores. No, estamos, cada día de su gobierno lo demuestra, frente a un Presidente de siniestros fines que no se conformó con llegar al poder, sino que está resuelto a poner su nombre en los libros de texto y su estatua en los altares de la patria, con el desatino de elegir la destrucción como vía para satisfacer sus ambiciones de trascendencia histórica.

El jueves pasado me inquietó la rendición de la Suprema Corte a los intereses electorales del Presidente, dando carácter constitucional a la mayor sinrazón: consultar al ciudadano sobre la aplicación de la ley y el cumplimiento de las obligaciones de las autoridades. “Anularon el Estado de Derecho”, concluyó un expresidente del STJE, conversando sobre el tema y no hay un solo abogado constitucionalista que justifique el fallo.

Los seis ministros que se doblaron ante las presiones son Arturo Zaldívar (Presidente), Juan González Alcántara, Margarita Ríos Farjat, Alfredo Gutiérrez Ortiz, Yasmín Esquivel Mossa y Alberto Pérez Dayán. Ellos concedieron a López Obrador un capricho cuyo costo económico será entre ocho y diez mil millones de pesos, sin que la consulta tenga carácter vinculante. Es una sinrazón sólo creíble en países tropicales gobernados por tiranías hipócritas disfrazadas de democráticas.

Así llegue hasta el sábado, pensando en la enorme dificultad para restar poder al autoritario, rescatando la Cámara de Diputados por la vía de los votos, hasta que el sábado empezaron a circular los videos de FRENAA, en el Zócalo. Estoy en desacuerdo con ese movimiento, si fue electo por seis años, les guste o no, debe concluir su periodo, es la normalidad democrática. Pero me congratuló ver la espontaneidad de la gente mientras marchaba sobre la plancha icónica, dispuestos a mostrar su hartazgo.

¿Cuantos le gusta que hayan sido? ¿100, 130, 150, 180, 200 mil?. El número es importante –la policía calculó el ridículo de cinco mil- pero más la determinación de un pueblo dispuesto a luchar por sus libertades sin complejos, frente a un Presidente concentrado en destruir la economía nacional, someter a las instituciones y polarizar al país hasta partirlo en dos, confiado en que así, divididos y enojados, fertiliza el campo donde planea consolidar su régimen inspirado en ideologías genocidas que la historia ha condenado.

Con ellos me quedo, con la gente que ha salido resuelta a las calles y exige un cambio de rumbo, un alto a la locura destructora, con aquellos que sacan la cara por una juventud adormecida que no ha reparado en su futuro amenazado. La subordinación hasta la ignominia de los magistrados y la lealtad ciega de sus compinches topará en macizo con esa sociedad espabilada y valiente que el sábado mandó un ejemplo de civismo y amor por el país. Ahora estamos seguros, hay un conjuro cierto contra la locura; la sociedad empoderada. Hagamos crecer esa fuerza esperanzadora.

Rompeolas

Francisco Martín Moreno es un autor y columnista conocido, que ha tenido el mal tino de declarar que “si estuviésemos en tiempos de la Inquisición, quemaría a todos los de Morena”. Una estupidez así hay que condenarla sin restricciones, la violencia verbal engendra violencia física. Sin embargo debo reconocer que tras esas declaraciones destempladas existe una explicación: las palabras en México están tocando linderos peligrosos. Desde luego repruebo el exabrupto, así fuese una pésima broma, que tuvo Martín Moreno, pero recordemos que López Obrador está empeñado en polarizar al país, ofendiendo sistemáticamente –a veces en tonos burlescos- a la oposición, tarea en la que lo acompañan funcionarios tan radicales como otro escritor, Paco Ignacio Taibo II, el que presumió de “meterselas doblada” y después pidió a otros dos escritores –Krauze y Aguilar Camín- que se “quedaran en su esquina o cambiaran de país”. El Presidente que debería poner el ejemplo y detener la violencia verbal, es por desgracia quien mas atiza el fuego. Otra vez ¿hacía dónde vamos?.

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Muy activo Rafa Espino, aspirante al gobierno estatal por Morena. Empieza a dar de si, ayer recargó la mano contra Cruz Pérez Cuéllar, en una conferencia donde reprobó el conocido chapulineo del senador, sin mencionar su nombre. Son apenas ensayos de sombra, Espino sabe que trae la pepita entre sus manos, esos escarceos no llevan otro fin sino hacer presencia. Estamos entrando en el momento de las definiciones, importantes, en las próximas semanas habrá noticias tanto en Morena como en otros partidos. El tema de Movimiento Ciudadano es muy atractivo, pronto hablaré de él.

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César Duarte está chicaneando su extradición, sabe que el tiempo juega a favor y retrasa todo lo que puede el proceso en Estados Unidos. Dado el brutal desencuentro entre López Obrador y Javier Corral, no me extrañaría que le dieran largas y más largas en los juzgados de Miami –Javier lo espera de regalo para Navidad- o de plano se saliese con la suya y ganara el juicio, si le dan la razón de que los delitos que le imputan están prescritos. Falta mucha tinta por desparramar, antes de que concluya la Telenovela.