*De herencia genética autodestructiva

* Sin el Tlatoani es pandillas de rufianes

Morena recibió registro de partido en julio del 2014, su primer presidente fue Martí Batres, hoy senador. El 20 de noviembre del 2015 asumió López Obrador la dirigencia nacional y la entregó el 12 de diciembre para ir de candidato a la Presidencia. Yeidkol Polevsky, secretaria general, entró al relevo de manera interina y en esa condición permaneció hasta que, por la fuerza del Tribunal Electoral, entregó el interinato a otro interino, Alfonso Ramírez Cuéllar, el 26 de enero del presente año. Ahí permanece hasta la fecha, esperanzado en que los conflictos internos alcancen al proceso electoral y hagan inviable su relevo.

Va para tres años desde que López Obrador dejó la dirigencia y Morena ha sido incapaz de elegir nuevo presidente. Sus liderazgos se boicotean, ofenden, acusan de fraude unos a otros, revientan asambleas violentamente –en algunas hubo hasta disparos- pactan y desconocen lo pactado, mienten, amenazan. Llegaron al ridículo de que el Trife ordenara, a sugerencia de AMLO, elegir presidente amparados en un método al margen de sus estatutos, encuestas, y encima Ramírez Cuéllar impugnó el proceso intentando posponerlo. En términos democráticos, son una calamidad de políticos.

Es tal su insolencia como políticos profesionales, que tienen harto a su referente y líder único, López Obrador. Dos veces ha reventado en público contra ellos, la primera hace más de un año, cuando los previno que renunciaría al partido y se llevaría las siglas, si continuaba la feroz confrontación; la segunda hace sólo unos días, esta vez los amonestó con que “traen el esquema antiguo, el viejo molde que hay que terminar de romperlo –pecado capital en la cuatroté-. Es mucho pueblo para tan poco dirigente, no hay dirección, es un desbarajuste”. Y dejó abierta la amenaza: “Lo digo para que no estén pensando que son indispensables, insustituibles”.

El “no estén pensando que son indispensables” cimbró a dos personajes, los más encendidos reventando la elección: la paisana Bertha Luján y Alfonso Ramírez Cuéllar, e hizo recular al ministro presidente del Trife, Felipe Alfredo Fuentes Barrera, sobre un proyecto para nulificar el proceso de elección y dejar la dirigencia actual hasta pasado el proceso electoral. Mario Delgado denunció la intentona un día antes de que sesionase el Tribunal.

El exabrupto del Tlatoani detuvo el proyecto que pospondría la elección, pero en el fondo sirvió de poco, el proceso siguió su curso sin que las encuestas decretaran ganador, dieron empate entre los dos candidatos aventajados: Mario Delgado, por la izquierda fifi de Marcelo Ebrard, y Porfirio Muñóz Ledo, por la izquierda radical de Claudia Sheinbaum. Trágame tierra, ahora qué hacer. Simple, otra encuesta.

Sólo que han tendido, otra vez, sobras sobre la legitimidad del proceso electivo. El resultado quedó 25.34 para Muñoz Ledo y 25.29 para Delgado, una diferencia de 0.05 puntos, suficiente para que Muñoz Ledo se autoproclamase ganador sobre la la falacia de que con un voto se gana y se pierde. El hecho es que nadie votó, hicieron una encuesta no una votación. El viejo político tensa más la crisis interna, a sabiendas que ambos grupos estaban prevenidos de una tercera ronda, en caso de empate. Sólo por mortificar, pregunto y si vuelven a empatar en la tercera y la cuarta y la quinta ¿Habría una sexta o las que sean necesarias hasta encontrar dirigente?. Dan ganas de reír.

No imagino, sinceramente, como resolverán sus diferencias sin que uno de los grupos quede reducido a cero, estamos frente a las purgas históricas de la izquierda antidemocrática y genocida. Un grupo prevalecerá y sólo estará conforme cuando el otro esté despedazado. Las declaraciones de Porfirio contra Ebrard ilustran esa convicción fraticida.

La solución práctica es que su Líder Amadísimo diga, enfáticamente y sin equívocos, va fulano y concluye la confrontación. Ante una orden así todos se doblan, su lealtad es ciega y la sumisión hasta la ignominia ¿O esperarán a que cumpla su amenaza de renunciar al partido y llevarse las siglas, dejándolos con el cascarón y sus rabietas delirantes?. Morena no es la nomenclatura, no son los duros ni los fifís, Morena es López Obrador, es el único factor de unidad y ahora vemos a que precio.

Nada demuestra más la vocación antidemocrática de esa pandilla de rufianes hechos gobierno, que la imposibilidad para elegir presidente de su partido y la ferocidad con pretenden aniquilarse entre sí. Aún recibiendo severas amonestaciones mantienen las mandíbulas trabadas en el cuello del contrario, cancelando cualquier solución política. La suya en una pelea a matar o morir.

Imagínelos si los radicales consiguen asaltar la Presidencia con Claudia. No la sueltan ni estando en la tumba, una vez tomado el poder Maduro sería niño de pecho, comparado con ellos. Pero si ya la tienen, dirá usted. Si y No: Si por que López Obrador es uno de ellos; No por que en la gran confrontación que viene, aunque usted no lo crea, tenemos una esperanza allí, adentro, en lo que llamo la izquierda Fifi.

Esas dos grandes fuerzas del oficialismo lopista mantendrán la confrontación hasta la designación de candidato a la presidencia en el 2024. Lo de hoy son ensayos, si acaso prolegómenos de lo que vendrá después. Prevalecen los radicales agrupados en torno a Sheinbaum y adiós al México que conocemos, la venezolización está garantizada. Ganan los fifís y tendremos ciertas garantías democráticas. Este tema lo desarrollaré después ampliamente.

Entonces si, es de importancia nacional la elección en ese partido, necesitamos conocer el rumbo que toma, el que pega primero pega dos veces ¿Política ficción? Aténganse.