*López Obrador plantea una paradoja política

*Desprecia al “conservadurismo terracista”

*Loera, con su amo abyecto, con otros infame

*Gustavo Madero pide lo que jamás ha dado

El colapso financiero del gobierno estatal es obvio, la transición detectó un déficit preliminar superior a los cuatro mil millones de pesos, pero los expertos en finanzas públicas sostienen que ronda los diez mil. Esa crisis es el mayor problema de la gobernadora electa; recibirá una administración quebrada y sin forma de captar recursos.

La frágil estabilidad del crimen organizado, cuyas bandas rivales ejercen presión constante intentando extender o retener sus “fronteras”, siempre dispuestos a entrar en guerra, es la gran amenaza. A los de Sinaloa les da por recuperar la plaza de Chihuahua y ya sabemos, el terror nos aguarda. Este es el mayor riesgo.

Un tercer foco amarillo está en la casilla de la siempre compleja relación del estado con el gobierno federal, ahora potenciado por un presidente que tiene por enemigos a quienes rechazan sus modos populistas; “o se está con la 4T o se está contra la 4T”, ha dicho. Aquí tiene Maru el más grande reto político de su administración.

Sobre el reto hablaré hoy. Establecer una sana e institucional relación con López Obrador, voraz centralizador del poder, implica descifrar una compleja paradoja política: cómo se lo granjearía Maru sin comprometer su credibilidad con los chihuahuenses, sabiendo que no basta con asumir una actitud comedida, de responsabilidad y compromiso con Chihuahua, el hombre exige obediencia ciega, sumisión absoluta, acatamiento sin cuestionar.

En la circunstancia presente es casi una contradicción tratar de conciliar los intereses de Chihuahua con los de la Federación. Los confronta una visión absolutista del Presidente quien reduce toda acción de gobierno al interés electoral de su partido, obsesionado en construir un régimen que dure mil años y lo haga pasar a la historia junto a Hidalgo, Juárez y Madero.

Pese a la dificultad Maru Campos tiene la obligación de intentarlo, confrontarse con él sería un desatino mayor si pretende recuperar las finanzas estatales e impulsar el desarrollo económico. Será necesario hacer de tripas corazón sin perder dignidad, no hay forma de que un peso ligero predomine sobre uno pesado, decía con agudo sentido común Miguel Etzel Maldonado.

Ahí están los ejemplos de gobernadores anteriores. Fernando Baeza pudo realizar una gran obra pública y política por su relación personal con Miguel de la Madrid y con algunos de los secretarios más influyentes de Salinas, como Gustavo Petricioli, entonces Secretario de Programación y Presupuesto.

Cuando Salinas de Gortari vino a inaugurar la autopista Juárez-Jiménez, Pedro Aspe confió a Baeza una verdad absoluta: “que gran obra hiciste, Fernando, a pesar de mi”, le dijo sobre el puente del Río Florido en Jiménez, donde remataban los cuatro carriles. Baeza supo vencer resistencias del poderoso secretario de Hacienda y traer abundante inversión a Chihuahua.

Otro gobernador que consiguió importantes recursos económicos fue César Duarte. Ya sabemos, en su caso predominó la corrupción, la irresponsabilidad y los abusos, pero en esa administración hubo dinero. Duarte presumía que con Felipe Calderón se había metido hasta la cocina y, jactancioso, decía que con Peña “seré parte de la cocina”. A los dos presidentes, uno del PAN y otro del PRI, supo ganarse y si hubiese sido un gobernador honesto y responsable, su obra pública habría sido de las más grandes desde Fernando Baeza.

Javier Corral llegó sin tener conciencia de que sus estridencias complicaban la relación institucional y en vez de asumirse gobernador decidió oficiar de Ministerio Público. Obsesionado con detener a Duarte la emprendió también contra Peña, intentando someterlo a proceso. En los tiempos de la marcha su narrativa y conducta eran tan estridentes como delirantes. Con López Obrador estableció una relación bipolar, igual hacía de panadero horneándole rayadas, que lo desafiaba con el más absurdo desencuentro. Resultado: en ambos casos Hacienda le cerró las puertas.

Maru es una mujer con cultura política, conoce la historia de Chihuahua y la de sus gobernadores, entiende la necesidad de establecer una relación próspera y confiable con el Gobierno Federal. En ninguna otra circunstancia tendría problemas, en la actual es un reto mayor, López Obrador no es ni Calderón, ni Peña, en su mundo la política es de negros y blancos; los que con él no juntan, desparraman.

Desentrañar esa mente retorcida y vengativa, esa gran paradoja, es necesario paciencia de monje tibetano, agudeza política de priista pueblerino, templanza de mártir en las persecuciones romanas y carácter de temporalero en el desierto, todas juntas y cada una por separado, sólo así sabrá cuando decir no sin despertar la ira del tlatoani, cuando guardar silencio y cuando granjeárselo sin comprometer su credibilidad con la base electoral que la encumbró con tal de cerrar el paso a Morena.

La buena noticia es que a medio camino será relevado y que a partir de enero próximo progresivamente irá perdiendo su poder; la mala es que postule y haga ganar a Claudia Sheinbaum, su juanita, o a cualquier otro candidato de la izquierda radical. Consolida el maximato y adiós futuro, adiós país y adiós Chihuahua, no quiere y nunca ha querido el estado, para él somos “el conservadurismo terracista”.

Buena tarea tienes por delante, éxito Maru, involucrando a la sociedad la harás más ligera.

Rompeolas

Juan Carlos Loera es un político despreciable. Con su amo, el tlatoani, asume la más abyecta actitud, un servilismo de cortesano medieval indigno; con sus adversarios es inhumano, infame y vengativo. En su obediencia ciega a López Obrador se ganó la animadversión muchos chihuahuenses, obstinado en dejar a Delicias y la región sin agua, en lugar de asumir una efectiva mediación y ahora, cuando detienen injustamente a uno de los dirigentes de aquel movimiento social, una lucha ciudadana en defensa de sus derechos, pide extender las detenciones, acusando a los líderes de violentos. Difícil dar crédito, no recuerdo a ningún otro político que aspire –seguirá intentando- a ser gobernador mientras lastima de la peor forma a los electores. Es demencial su conducta.

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Gustavo Madero declaró que no ve inclusión en el equipo de Maru Campos. No es que esté ciego, así como no ve a quienes chinga tampoco ve la inclusión de Maru, pero ahí están para desmentirlo Carlos Olson, Fernando Álvarez Monge y Olivia Franco y decenas más, muchos panistas identificados con el senador han sido incluidos en el equipo de los ganadores. Ya supérala Gustavo, ir por las calles con la estaca hasta el fondo debe ser muy doloroso y corres el riesgo de que se te pudra. A propósito ¿Quién podría ir a prisión por aquel programa que compró Hacienda apenas inició el gobierno y que jamás funcionó, a pesar de que lo pagaron dos veces?. Es sólo una pregunta.