La inmediata reelección

Según la Cuarta Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, mejor conocida como ENCUP (elaborada en el año 2008), dos de cada tres mexicanos están en contra de la reelección inmediata de diputados locales y presidentes municipales por una sencilla y práctica razón: el enorme riesgo de que las políticas públicas, las decisiones de gobierno y las estrategias de desarrollo social sean exclusivamente orientadas a pulir y beneficiar la imagen del gobernante, en lugar de privilegiar el bien común.

A simple vista, esa argumentación parece débil e insustentable frente a la lógica de que entre mejor se desempeñe un servidor público, es más fácil que obtenga el refrendo del electorado cuando busque la reelección. Sin embargo, esta lógica deja de tener peso específico cuando se analizan los resultados electorales en contraste con el desempeño de los servidores públicos y se llega a la extraña conclusión que el electorado no emite y razona su voto en función de cómo actuó el servidor público durante el ejercicio de sus responsabilidades públicas.

Esto se traduce en que un mal gobierno no necesariamente implica la derrota electoral, como tampoco un buen gobierno garantiza la victoria electoral. Son otros factores muy distintos los que determinan el proceder del electorado y éstos tienen que ver, desafortunadamente, con el grado de beneficio personal que el electorado obtiene por las circunstancias.

El estudio señala que lamentablemente el comportamiento político de los mexicanos es así, determinado por dos factores que son concluyentes: el grado de beneficio personal que el ciudadano obtiene al apoyar a tal o cual político (recompensa) y el grado de excepción de responsabilidades que el triunfo pueda generarle al ciudadano (evasión).

Si esto lo ajustáramos a las elecciones del pasado 5 de junio, tendríamos que considerar que el electorado de Chihuahua habría votado por el cambio fundamentalmente por dos razones: por la expectativa de ser librado de una serie de imposiciones autoritarias que afectaban principalmente su economía y su libertad (transporte público malo y caro, fotomultas, violencia, más impuestos, etc.) y la posibilidad de ser directamente beneficiado con un Gobierno distinto al que le dio la espalda.

Desde mi punto de vista, la reelección es positiva y puede ser motor para contar con cada vez mejores gobernantes. No podemos menospreciar la gran ventaja que significará la experiencia acumulada de los gobernantes, no sólo para resolver los problemas comunes de los ciudadanos, sino también para mejorar y exponenciar la calidad de los servicios que se ofrecen a la ciudadanía.

Este es, sin duda, el escenario ideal para un gobernante que tiene un desempeño mínimo de dos años al frente de la Administración municipal, pero: ¿Será lo mismo para quien apenas acaba de asumir el poder, para quienes apenas tienen un año de enfrentar el caos y el desorden que le heredaron sus antecesores y quien apenas empieza por conocer los intrincados recovecos de la Administración municipal? Esto debe de ser motivo de profunda reflexión y de necesaria reconsideración.

Hay quienes opinan que una ventaja de la reelección es que los gobernantes adquieren la obligación de una mejor rendición de cuentas, pero, en un político con integridad y ética, no debería de ser excepción, mucho menos condición.

Opino que el beneficio de la reelección debe otorgarse sólo a quienes lleven mínimo dos años en el poder y hayan logrado empezar por resolver los problemas sociales que son de fondo. En un mandato de sólo dos años, los gobernantes no habrán obtenido la experiencia necesaria para repetir en el cargo y se corre además el riesgo de que privilegien atender sólo los asuntos públicos llamativos, los que generan polvareda política electoral, los que garanticen el refrendo de la votación y en consecuencia se posponga la atención de los asuntos de fondo, los que tienen que ver con el desarrollo de las comunidades, la justicia social y el estado de derecho.

Para el caso de reelección en las presidencias municipales de dos años, propondría una reflexión y la consecuente reconsideración.

Autor: Alfredo Piñera Guevara