El matemático Cédric Villani es uno de los candidatos a diputado de Macron

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Mientras la mayoría de candidatos que han pasado a la segunda vuelta de las legislativas francesas de este domingo se han volcado en su campaña de forma frenética, Cédric Villani ha encontrado tiempo para acercarse a París a dar una conferencia en torno a la creatividad: ¿Es la creatividad un proceso científico o artístico? El evento debía durar poco más de una hora pero se alargó hasta dos y, después, Villani tiene aún que dedicar un buen rato a firmar a los asistentes uno de los muchos libros que ha escrito. Es lo que pasa cuando se es un genio de las matemáticas —en 2010 ganó la Fields Medal, el equivalente al Nobel del sector— y, además, miembro de consejos científicos nacionales e internacionales, un prolífico autor y conferenciante. Si todo sale como calcula —y en este campo él es el experto— a partir del domingo que viene habrá que añadir a sus títulos el de diputado.

“No hay que ceder jamás a la tentación de encerrar al especialista en su especialización”, subraya Villani. El excéntrico matemático —es famoso por su vestimenta más propia de un dandi barroco que de un científico de 43 años del Siglo XXI, con su melenita corta, su sempiterno lazo de seda al cuello, traje con chaleco y cadena de reloj cruzada, y un broche de araña, su particular sello personal, en la solapa— es una de las adiciones estrella del presidente Emmanuel Macron a su movimiento La República En Marcha (LRM). Villani encarna en buena parte todo lo que simboliza Macron, el éxito de las élites urbanas, acomodadas y educadas, el optimismo y el europeísmo convencido.

“En comparación con la clase política tal como la conocemos, nosotros ya vamos a lograr una representatividad mucho mayor”, replica Villani en entrevista con los medios europeos de la alianza LENA. “Aunque todo se puede mejorar siempre”, concede, “vamos a tener una Asamblea Nacional mucho más diversificada en materia de competencias, con más mujeres, más joven, así que ya habremos dado un gran paso en materia de representatividad de Francia”.

A Villani le faltaron menos de tres puntos para haber sido elegido en la primera vuelta por su circunscripción en Essonne, a 50 kilómetros de París. Con 47,46% de los votos, parte sin embargo con una fuerte ventaja frente a su rival en la reválida, la candidata de Los Republicanos Laure Darcos, que obtuvo 16,82%. Aun así, asegura que tanto él como el resto de candidatos de LRM que aspiran a lograr una arrolladora mayoría para Macron en la Asamblea Nacional van “con mucho cuidado”, conscientes de que “no todo está hecho” aún. Y recuerda entre risas la “remontada”, el 6-1 del Barcelona contra el PSG en la Liga de Campeones. Un término que la política francesa, por cierto, ya ha adoptado. “No queremos dar una imagen arrogante”, agrega, ya más serio.

Al matemático no le caben dudas de las posibilidades que ofrece la nueva era Macron, un hombre al que conoció en 2013, cuando “no era aún nada mediático, pero en los círculos proeuropeos ya se sabía que había un joven político muy brillante y proeuropeo trabajando en el Elíseo”. “Nos entendimos muy bien desde el principio”, asegura quien también dice sentirse “ni de izquierdas ni de derechas” y que “llevaba 15 años esperando” la llegada de un político como Macron.

Si le tomó algún tiempo mostrar su apoyo público al candidato es porque, como director de un centro público —desde 2009 dirige el principal centro matemático francés, el Institut Henri Poincaré de París— “uno tiene que evaluar primero que no se ponga en peligro a la institución”. No menos meditada fue su decisión de implicarse personalmente, como candidato a diputado, algo que decidió apenas hace dos meses. Pero no se ha arrepentido de ello, pese a que pueda erosionar su gran popularidad.

“No podemos contentarnos con decir que los políticos son malos. Cuando se tienen la oportunidad y las ganas, es deber de uno asumir esa responsabilidad e intentarlo”, afirma. Lo que no se atreve a calcular este matemático es el tiempo que durará su nueva aventura. “Cuando me nombraron director del Poincaré me dije que lo haría por cinco años y que pararía, pero al cumplirse estos vi que no era suficiente tiempo. Veremos. Cinco años es un tiempo corto para hacer bien las cosas”.