Texas abre juicio a 222 migrantes

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HOUSTON.— Al menos 222 migrantes que cruzaron la frontera desde México a Estados Unidos en marzo tras derribar un cerco militar fueron procesados por amotinamiento y pueden ser deportados, aseguró el gobernador de Texas, Greg Abbott.

(Habrá) cargos de amotinamiento para 222 inmigrantes que rompieron el alambre de púas y derribaron a la Guardia Nacional de Texas. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas confirmó que obtendrá la custodia de todos los acusados de cruzar la frontera e iniciará procedimientos de deportación contra todos ellos. Mándenlos de vuelta”, agregó Abbott.

En la mañana del jueves 21 de marzo, “un grupo importante de migrantes” vulneró  una cerca de alambre de púas en la frontera, desbordó el control militar e ingresó a Texas.

Los migrantes hicieron a un lado parte de una barricada de alambre de concertina que la Guardia Nacional de Texas tiene instalada entre el río Bravo y el muro fronterizo en la ciudad de El Paso, Texas.

Tras el incidente, los migrantes fueron llevados a un centro de procesamiento y los militares retomaron el control del lugar. 

Algunos de los procesados permanecen en una cárcel del condado de El Paso.

Abbott, aliado del trumpismo, ha desafiado varias veces la ley federal y militarizó parte de la frontera, mientras lucha para que la justicia le dé luz verde a la aplicación de una ley que permite detener en Texas a migrantes que hayan ingresado ilegalmente, e incluso expulsarlos a México.

En cuanto a la crisis humanitaria, el expresidente Donald Trump denunció ayer “un baño de sangre fronterizo” bajo el mandato del presidente Joe Biden.

Me presento hoy ante ustedes para declarar que el baño de sangre fronterizo de Joe Biden está destruyendo nuestro país”, declaró el magnate neoyorquino en un mitin en Grand Rapids, Michigan, un estado clave para los comicios.

El republicano, que hizo de la migración su tema principal de campaña en 2016, denunció “saqueos, violaciones y matanzas” cometidos por migrantes en situación ilegal.

El expresidente utilizó de nuevo el término que causó revuelo hace dos semanas, cuando dijo que habrá “un baño de sangre” si no gana los comicios.

Los demócratas lo acusaron de avivar la “violencia política”, pero su equipo explicó que se refería a la destrucción económica.