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domingo, abril 12, 2026
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Nunca me ha gustado la guerra sucia, la considero estrategia deleznable, ruin. Además lleva el reconocimiento implícito de que tu adversario es superior, para ganarle precisas difamarlo o sacar al sol sus trapitos más hediondos. Sin embargo entiendo, es un recurso habitual porque da resultados; si la calumnia paga, las verdades incómodas pagan doble. La política es el arte de mentir, difamar, engañar mirando a los ojos. Los que mejor mienten llegan más lejos en la búsqueda del poder, vean hasta donde llegó López Obrador con el ideario de no robar, no mentir y no traicionar, mientras robaba, mentía y traicionaba. Su éxito es el triunfo absoluto de la mentira sobre la verdad.

Cuando vi el rostro de Cruz Pérez Cuéllar con trompa de cerdo y dientes de rata, pintado en una pared de Juárez, ratifiqué mi convicción de que no existen líneas rojas en la búsqueda por el poder. Todo está permitido, los límites éticos no son conocidos, para ellos la moral es un árbol que da moras. Cruz está siendo víctima de sus propios desenfrenos, todo juarense medianamente informado conoce su ostentosa corrupción, el frenesí de la costosa campaña está marcando época. Hasta sus promotores más entusiastas admiten el desenfreno, justificándolo en la muy mexicana frase de que “se baña pero salpica”. No hay virtud en salpicar, en un sentido ético sería peor, aparte de corrupto es corruptor.

Como hay verdad en la descripción gráfica que lo representa, le pudo sobre manera verse pintado con características de los dos animales íconos de la inmundicia política: el cerdo y la rata. Los creativos no se conformaron con asociarlo a uno, lo embarraron en los dos. Por eso mandó detener a los atrevidos, tocaron el botón de su vulnerabilidad. Ese grafiti causó más efecto que todos los señalamientos hechos por sus detractores. Tiene potencial para causar más daño que una lista bien documentada de sus acciones deshonestas, éstas las puede desmentir, justificar, minimizar, culpar a otros. El grafiti no, queda para recordarle el precio de su ambición, paga un alto costo y no está seguro de llegar.

Hemos visto la magia de la comunicación, la sátira despiadada con que la gente se burla de sus gobernantes impopulares. Hay que temerle más al genio creativo de un atrevido que a diez expertos acuartelados en un cuarto de guerra, duele más la burla que la descripción de hechos objetivos exponiendo sus trácalas. Aunque siempre queda la sospecha de culpar al adversario, en cuyo caso hablaríamos de la combinación creativa y la perversión política. Digo internos porque la PAN no se le hubiese ocurrido, ha sido incapaz de mantener una narrativa eficiente contra el gobierno destructor del país. Morena es el lobo de Morena, buscando el poder se despedazan brutalmente entre ellos.

Sea espontaneo o parte de un plan para reventarlo, Cruz entendió por las malas que una idea creativa bien ejecutada puede ser devastadora, el grafiti de su parodia zoofilica corrió en redes a velocidad sorprendente sin que pueda hacer nada para evitarlo. Lo manda borrar y lo despedazan por intolerante a la crítica, lo deja y servirá de permanente recordatorio a su administración cuestionada. Con seguridad advirtió el dilema cuando detuvo a los creadores y la gente explotó acusándolo de atentar contra la libertad de expresión, haciéndolo ver como autoritario. Así que los liberó pronto, probablemente al concluir que lo mejor es dejar que los efectos del tiempo hagan su parte y la gente se ocupe de otros asuntos. En este caso la inacción es lo mejor.

Tampoco es que la pinta tenga poder para influir en la decisión que al edil importa, el dedazo de gobernador. Cruz forma parte de un régimen construido en mentiras y nutrido en la corrupción institucionalizada. Es un niño de pecho comparado con siniestros personajes como Adán Augusto López, Hernán Bermúdez, los hermanos López Beltrán, Roció Nahle, Ricardo Monreal, Ramírez Bedolla, Marina del Pilar, Durazo, Noroña y tantos otros bajo la sombrilla protectora de López Obrador, padre de la mentira y la calumnia moderna. Las llevó a niveles inimaginables.

Contando mentiras, engañando al pueblo con supuesta honestidad y austeridad, Morena logró tejer en sólo un sexenio el más ingenioso y basto entramado corrupto que jamás haya existiendo en el país. En esa parte Cruz es un eslabón muy menor, ¿Porqué estaría preocupado si el eje de la corrupción en el país adoptó a su adversaria, la senadora Chávez, como la favorita para el gobierno y uno de los más grandes corruptos, con fundadas sospechas de estar asociado con organizaciones criminales, Adán Augusto López, es el principal promotor de la senadora?.

No hay motivo de preocupación interna, en la cueva de Ali Baba la decencia es problema no virtud. En esa cueva Cruz ocupa los lugares inferiores, en la cima están los promotores de la senadora Chávez. Lo que debe preocuparle es que ahora el tema de campaña será la corrupción en su entorno, estará permanentemente cuestionado. El logro mayor de la pinta es colocar en el centro de la discusión pública esa verdad incómoda del edil juarito y a ningún político le gusta que lo tengan por deshonesto y mentiroso. Que nadie levante sus enaguas es prioridad de cualquiera en campaña. A Cruz se las acaba de levantar una pinta.

Ese San Benito no podrá quitárselo el resto de su vida y todo por una trompa y unos dientes puestos sobre su rostro en el lugar y momento precisos. Nunca como ahora adquiere tanta validez el viejo dicho de que una imagen dice más que mil palabras. Cruz topó con sus excesos, la única ventaja es que, entre cerdos y ratones, es de los menos significantes.