A Rosy Carmona la quitaron del PRI municipal en la capital porque se andaba juntando mucho con Reyes Baeza y Javier Garfio. Grosera e inadmisible conducta, te marchas. En su lugar pondrán a Pedro Beristain; en Juárez relevaron a Oscar Nieto por ser amiguis de Omar Bazán y vetaron a Manuel Dick, prospecto extraordinario que hizo una campaña ejemplar a diputado federal. Su imperdonable deslealtad fue tomarse la foto con Adriana Fuentes; En Parral impusieron a Julio Yáñez, suplente de Noel Chávez, menospreciando a Ramón Arredondo bajo la sospecha de tener excelente relación con los grupos de la región, circunstancia que lo hace inviable, así no es confiable, ¿para quién?, preguntó el otro.
El PRI de Chihuahua está tomando decisiones basadas en la consolidación de un liderazgo ausente en la comunidad y en la política doméstica. Su liderazgo está influenciado por criterio de sometimiento y subordinación absoluta muy del tipo “noventa por ciento lealtad y diez por ciento capacidad”, impuestos por el monarca del populismo como requisito indispensable para que sus devotos ingresen a cargos públicos del gobierno. Dan la impresión de que su mayor, o única, pretensión es seguir recibiendo las exiguas rentas que todavía dejan las siglas, apalancados en ellas hasta que truenen.
Habitan en su pequeña burbuja ajenos a una realidad que los supera, despreocupados de las señales mercantilistas que mandan. Un priista mordaz comentó, muerto de risa, que “vivimos en el mundo de Blanca Nieves y los cinco enanos”, interpretación a waltdisnelyana nunca antes vista. Se refería a los tres enanos que protestarán el sábado, presumiblemente con alito de testigo, como presidentes de los comités municipales en Chihuahua, Juárez y Parral, otro que deambula entre Balleza y la torre Legislativa sin saber de que va su asunto y uno más que charolea con Tony Meléndez, intentando calentarlo para gobernador sin más propósito que incrementar las tarifas monetarias de una posible negociación.
Pero los enanos del cuento son siete, no cinco, aclaró el ingenuo. Cierto, sólo que el PRI está hoy tan disminuido que no le alcanza para identificar a siete. Tony no los necesita, Noel tiene fuerza propia, Chacón juega en el equipo de la Justicia, Janis guarda relación personal con los cercanos de alito. Paradójico, mientras más empequeñece, más se divide el viejo partido hegemónico. Pues abusados, al paso que van pronto serán cuatro, tres, dos uno hasta que desaparezcan junto con Blanca Nieves. Son como un club de amigos en fuga a cuyas reuniones van unos cuantos, con la falaz creencia de que “a menos burros más olotes”, sin darse cuenta que se acaban al parejo burros y olotes.
De pena lo que sucede en el PRI de Chihuahua, pierden la enorme experiencia política y electoral de exgobernadores, exalcades, expresidentes del Partido, exsenadores, exdiputados federales y locales, exfuncionarios bien calificados. Pero incluso más que a la clase política, enconchados en sí mismos espantan a una militancia muy maciza y comprometida. Les han cerrado las puertas siendo que muchos de ellos decidieron rechazar, por convicción personal, ofrecimientos de Morena. Así están cerradas para la enorme mayoría, ahí no cabe nadie más que los cinco enanos.
Rompeolas
Lo que hizo Manjarrez el sábado puede ser declarado, válidamente, como una estupidez de tres bandas: La primera es invitar a tiburones de la política a un supuesto informe, sin avisarles que realmente se trataba de un evento para Cruz Pérez Cuéllar. Ahí estaban Javier Garfio, Jorge Esteban Sandoval, Rafael Servando Portillo, del PAN Manque Granados y otros. Quedó mal con todos, desde el sábado lo tienen por político inmaduro capaz de pisotear las formas más elementales de la cortesía política; La segunda es que, en su delirio precampañero, Cruz ratifica en los hechos lo que dicen sus compañeros de ocasión, que trabaja más para el PRIAN que para Morena; y la tercera es la forma en que renunció, queriendo imponer en el cargo a un incondicional sin autorización de la dirigencia nacional. ¿A quien se le ocurre tamaña estupidez? Pues si, al amigo Manjarrez.
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Hay otras dos derivadas del “informe-renuncia”. Reportan que Alejandro Domínguez tenía previsto asistir y ya estando en camino, su secretaria particular preguntó si tenía lugar asignado y prevista una participación. La respuesta de Manjarrez fue que ni una ni la otra, casi como preguntando y ¿quié es el tal Domínguez?. Presumiblemente se regresó de la puerta. Son conocidas las trastadas que Domínguez le hizo a Manjarrez, pero no son formas de tratar al presidente del CDE, le cerró las puertas en la nariz mientras asignaba a Pérez Cuéllar el espacio principal.
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Y por último con el tema de nuestros queridos amigos del PRI, como Manjarrez supo muy bien lo que hizo, horas más tarde se negó a responder una llamada de la dirigente nacional, quien seguramente pensaba hacerle formal extrañamiento. Su vocación cenesista le importó tres cacahuates y canceló, de plano, toda comunicación. En vez de responde entregó el cel a Sergio Prieto para que fuese él quien contestara la incómoda llamada. Trágame tierra, ¿tan buenos son los contratitos que tiene Manjarrez con Cruz? Ojalá si, porque si Cruz no llega habrá terminado su carrera política antes de iniciarla.
















