Siempre será mejor estar junto al peor enemigo de los amigos, que junto al mejor amigo de los enemigos. Si pierden y les va bien, los traerán de sus pendejos.
En el lumbral de la decadencia, Artemio Iglesias solía decir que “al PRI no le basta para ganar por si solo, pero sin el PRI no se puede ganar”. Reconocía de esa manera el declive de su partido, aclarando que a pesar de todo mantenía relevancia electoral única. Eran los tiempos en que la partidocracia mexicana entraba en franco deterioro, cuando todos los partidos perdían credibilidad frente a los electores. El actual momento nacional es diferente, hoy sufrimos feroces intentos por consolidar un nuevo partido hegemónico (si no es que único), como base de un régimen autoritario asentado en narrativas polarizantes que parten a la sociedad en dos. Considero que aquella frase que por primera vez escuché de Artemio Iglesias, aplica al PAN de hoy: “EL PAN no puede ganar una elección por sí mismo, pero sin el PAN tampoco se puede ganar”.
La frase tenía sentido en los tiempos que la mencionaba Iglesias, también tiene sentido ahora que no la escucho en ningún prominente panista. A pesar de sí mismo y de muchos de sus dirigentes, Acción Nacional es el partido de oposición más relevante frente al oficialismo demagogo que aturde al país, ningún proyecto político puede prosperar sin sus siglas. Esta realidad nacional, de la que Chihuahua terminó siendo actor protagónico, plantea una pregunta fundamental a los líderes formales e informales del PAN: ¿Con quién establecer alianzas electorales exitosas que les permitan preservar al estado de la influencia populista?. En un sistema estable de partidos la pregunta sería hasta impertinente y la respuesta obvia; pues con las otras fuerzas opositoras.
En la realidad actual la pregunta no es impertinente ni la respuesta obvia, el sistema de partidos está prostituido. Una parte de Movimiento Ciudadano, quienes ahora ocupan la Presidencia Nacional del partido con palanca en Nuevo León, han demostrado consistentemente ser paleros del oficialismo. Tomando como ejemplo al viejo PRI, donde aprendieron la enorme mayoría de los grandes liderazgos del régimen actual, Morena firmó relaciones oficiales bígamas con PT y Verde. Movimiento Ciudadano, al menos la parte que mencioné antes, se ha comportado como la amante oculta, en cada elección han sido renuentes a poner sus siglas contra el oficialismo autoritario. El PRI quedó reducido al “partido de alito”, con rechazos electorales por arriba del 70 por ciento y un desprestigio social que lo hace carga, no impulso.
La democracia en México se ha corrompido tanto, que a pesar de las taras partidistas muchos estrategas tradicionales piensan que PRI y MC podrían ser aliados útiles a los proyectos del PAN. Piensan así por que siguen ponderando el corporativismo. Tengo dudas, cuántos votos efectivos puede aportar el PRI de las siglas, comparados con los que ahuyenta su desprestigio, ¿alguien ha realizado ese ejercicio metodológicamente?. ¿Cuántos votos aportaría MC por la magia de sus siglas, sin tener una asidero de movilización ni recursos propios para realizarla?. Para responder asertivamente a la pregunta de con quien establecer alianzas, el PAN necesita responde primero a las preguntas anteriores, no por intuición, no por resultados electorales previos. Tiene que responder en razón de un ejercicio científico levantado profesionalmente. Se puede realizar.
En lo que realizan el ejercicio, dudo que lo hagan, una propuesta de sentido común desprovista de intereses particulares. La lógica sugiere alejarse del PRI siglado que arrastra el desprestigio y acordar alianzas fácticas con algunos de sus liderazgos reales. Todavía los hay y son valiosos. También existe un priismo muy actuante que reniega de su dirigencia, son exgobernadores, expresidentes municipales, exdiputados, exsenadores, expresidentes de partido y junto a ellos militantes contados en miles que por convicción rechazan al populismo demagogo, al que ven como amenaza para el país. Ellos no piden cargos, dinero, ni reflectores, sólo quieren tener espacios de participación que los hagan sentirse útiles a una causa en la que no saben cómo incidir. Y los antiguos militantes sólo piden, es más ruegan, que les pongan candidatos digeribles. Los malos candidatos si los alejan del voto. Por alguna razón inexplicable, el PAN no ha tenido interés o visión de aprovechar ese reservorio de experiencia probada ni entusiasmar a los viejos militantes priistas que no saben como votar, pues están desilusionados de su partido.
Movimiento Ciudadano está en mejores condiciones sociales que el PRI, no arrastra el desprestigio. Son probablemente peores, pero la gente no se ha dado cuenta, es un partido relativamente joven que ha sabido distinguirse públicamente “de la vieja política”. Con ellos es más simple, sin el PRI oficialmente aliado, es decir sin juntar siglas, MC no tendría pretexto para rechazar alianzas. Si rehúye pretextando cualquier simpleza, ratificaría su condición de palero al régimen. En ese caso no habría mucho por hacer, sino buscar acuerdos escondidos con quienes mueven el Partido en Chihuahua, que por lo demás han demostrado ser muy interesados e ineficientes promotores del voto.
Pongamos que los negociadores de cada partido consiguen hacer el mejor acuerdo para proyectos exitosos contra el populismo chihuahuita; acuerdos fácticos con los liderazgos actuales y pasados del PRI, alianza formal con MC y candidatos aceptables al sentir no partidista. En ese caso habrían dado un primer paso importante para frenar al autoritarismo. Aún así sería insuficiente, los partidos aportan poco. La gran alianza del PAN tiene que ser con la sociedad, con miles y miles de chihuahuenses defraudados reiteradamente por la clase política, con los que no saben de partidos pero si de trabajo, esfuerzo y amor al país. Como está de voraz el oficialismo y teniendo en cuenta la nueva Ley Electoral que seguramente diseñarán a su modo, sin una sólida y real alianza ciudadana es improbable que trascienda cualquier proyecto democrático.
¿Utopía? A pesar de las mezquindades en que se bate habitualmente la política, de los pequeños intereses personales, de los ascos reales o fingidos entre unos y otros, de las diferencias históricas, estoy convencido de su viabilidad; difícil pero posible, hay formas. Es el momento de separar a los interesados en sí mismos, de los que aspiran a dar una lucha genuina, larga, dolorosa y desigual contra el autoritarismo demoagogo que corrompe y atrasa al país. En unidad es posible frenarlos, divididos seguirán arrogándose mayorías espurias y manipulando el voto a discreción. Sitúense por una vez en su vida seis años adelante y pregúntense donde estarán si los ascos, intereses o mezquindades de hoy no les permiten avenirse de manera pragmática. Se los dejó a su imaginación, sus buenos deseos o pesimismos augurios, que cada quien se responda. Sólo una recomendación no pedida, les conviene tener presente que siempre será mejor estar junto al peor enemigo de los amigos, que junto al mejor amigo de los enemigos. Si pierden y les va bien, los traerán de sus pendejos.
Rompeolas
Me dio gusto que María Corina Machado recibiese el Nobel de la Paz, también que un asesino dictador con ínfulas de zar y los corruptos cínicos del populismo (Noroña y compañía en Latinoamérica) se hayan molestado. Su reacción ennoblece a la decidida luchadora venezolana. Que pena por Sheinbaum, no tuvo la menor palabra de reconocimiento, prefirió guardar silencio. Demostró que su vocación autoritaria es personal, en esa parte es igual que Putin, Noroña y el escondido.
















