Miles de veces mencionó López Obrador la palabra “ahorro”, tema recurrente durante las mañaneras e informes de aquel sexenio demencial. Al segundo año de su gobierno presumió ahorros por 1.3 billones y hacia mayo del 2024, cuando veía cerca el final de su administración, elevó la cifra a entre dos y tres billones. En su palabrería de viejo merolico en ayunas ahorró cuantiosas cantidades cuando canceló el aeropuerto, al combatir la corrupción, en detener el huachicol, en la compra de medicinas, en suprimir lujos, en bajar salarios a la burocracia, en evitar devoluciones de impuestos a multimillonarios, en fideicomisos inútiles. Visto el sexenio desde su mente trastornada jamás hubo más ahorros en la historia del país, porque además ahorraríamos en combustible cuando terminase la refinería, ganaríamos en turismo con el Tren Maya y el aeropuerto Felipe Ángeles.
Ahorro y ahorro un millón de veces mencionado durante las mañaneras sería el signo distintivo de su gobierno, sino fuese por que la realidad tesonera lo desmiente: el aeropuerto nos costó más de 330 mil millones de pesos que todavía seguimos pagando, por concepto de huachicol fiscal en vez de ahorrar perdemos 200 mil millones de pesos anuales, el gasto en medicinas se dobló y siguen sin ser surtidas adecuadamente, el costo de las megaobras se multiplicó por tres y seguimos costeando su operación. El ahorro en términos de López Obrador costó al país el mayor endeudamiento desde la Independencia Nacional, situándola en 18.5 billones de pesos, el 52.6 del PIB. Ese es su concepto de ahorro, para él significa exactamente lo contrario.
La peor mentira del régimen apuntalado en la demagogia populista es ahorro y austeridad, estribillo con el cual cometieron el mayor atentado al Estado Mexicano; hacer del Poder Judicial una parodia con los ministros del acordeón y las ceremonias humeantes inspiradas en comunidades tradicionales que hoy sólo existen en el folclor y la hipocresía de los falsos redentores indigenistas. Con ese argumento de impronta lopista, Claudia Sheinbaum pretende rescatar la malograda reforma electoral. Empezó por cuestionar “lo caro” de los Congresos locales, en una especie de quien es quien en el derroche legislativo de los estados. Con certeza ya tienen un prontuario completo de gastos excesivos para desmenuzar cada mañana.
Hipocresía perversa, el interés del régimen que representa, como está demostrado en siete años de gobierno falsario, no es ahorro ni austeridad. Lo suyo, también demostrado en los hechos, es desmontar el precario entramado legal que, con sangre y enorme esfuerzo, construimos los mexicanos durante décadas para empoderar al ciudadano frente al gobierno, levantado con instituciones ciudadanas de aspiración democrática. Faltaba mucho, no intento negarlo, pero íbamos en el camino correcto. En sólo cuatro décadas el país pasó de un régimen con partido hegemónico a uno de alternancia democrática estable y de una economía petrolizada a una inserta en el tratado comercial más importante del mundo. No estábamos en Suiza y nunca lo estuvimos, pero empezamos a construir instituciones sólidas que daban credibilidad democrática y propiciaban desarrollo.
Ignoro hasta donde llegarán los farsantes de hoy con su enésimo Plan B para socavar al sistema electoral del país, solo con los votos de sus diputados obedientes pueden provocar mucha destrucción, tienen la mayoría simple en ambas cámaras. Pueden, por ejemplo, suprimir las juntas distritales y acabar con el servicio electoral de carrera, monopolizar el manejo de las boletas y suplantar a los funcionarios de casilla por los chalecos guindas de su propaganda electoral, eliminar el PREP y debilitar la estructura ejecutiva del INE. En sus prisas y ambiciones por consolidar el autoritarismo, están insatisfechos con tener secuestrados a consejeros del INE y magistrados del Trife. Quieren quebrar al sistema completo, de modo que las deficiencias de organismos electorales famélicos sean suplidas por la fuerza del Estado, el Estado totalitario que pretenden construir con sus cuentos democráticos.
Tenía la esperanza de que Sheinbaum fuese, de a poco, dejando a un lado las instrucciones que López Obrador heredó en su testamento político. Me lo sugería la evidente confrontación entre radicales de Palenque y moderados de Palacio. Estaba equivocado, o la presidenta no quiere incomodarlo o no puede actuar por cuenta propia, el caso es que sigue prestándose para ser tenida por juanita del tlatoani. En términos y método (la presento y si la rechazan emprendo represalias contra ustedes) la malograda reforma es hechura de López Obrador. En términos y método el Plan B también. La Claudia Sheinbaum de estos días me ha recordado mucho al López Obrador de todo aquel sexenio perverso: tozuda, amenazante, contumaz, despectiva.
Está frustrada por no poder cumplir el encargo o teme sufrir las consecuencias de incumplirlo, el Líder Amadísimo jamás aceptó un No por respuesta. En cualquier caso da lo mismo, sea por temor a quien la llevó sobre los hombros (lo dijo Noroña) hasta Palacio Nacional o por convicción personal, está claro que la Presidenta no desistirá en sus delirios por cambiar los términos de la Ley Electoral, siendo que esa ley les permitió encaramarse en la parte superior del poder. Son ellos o el diluvio.
Que quiere cambiar porque la democracia mexicana cuesta mucho y el pueblo pidió la reforma. Farsantes hijos de la mentira, cuesta diez veces más un año de pérdidas por huachicol fiscal y en lugar de combatirlo protegen a los delincuentes, varios altos integrantes de su movimiento. Sigan mintiendo como lo han hecho desde que llegaron al gobierno; primero López Obrador, después Sheinbaum y siempre la pandilla de abyectos aplaudidores. Pero tengan certeza de que la gente, ese pueblo con el que se llenan la boca y en cuyo nombre dicen hablar, ya les tomó la medida, dejó de creer en sus mentiras. Hoy que a nadie pueden engañan, terminan engañándose ustedes mismos. Sigan así, van muy bien.
















