Los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista (PVEM) no sólo se salieron con la suya y mantendrán sus privilegios —que en 2026 costarán a los mexicanos, entre ambos, más de mil 500 millones de pesos—, sino que además pusieron contra las cuerdas a Morena y le dejaron un mensaje claro: si quiere mantener el proceso de cambio de régimen en el país, no puede prescindir de ellos.
Y sí, como lo adelantamos en este espacio hace una semana, lo que viene será una “mini reforma”: una cirugía menor que no toca las facultades constitucionales del Instituto Nacional Electoral, del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ni de los órganos electorales locales, y mucho menos la forma en que se integra el Congreso de la Unión.
Así que, tras la decisión del pleno de San Lázaro de desechar la iniciativa presidencial, tanto el PT como el PVEM conservarán intactas sus prerrogativas —que en los últimos siete años han costado a los mexicanos más de 9 mil millones de pesos— y, además, seguirán garantizando espacios por la vía plurinominal en la Cámara de Diputados y en el Senado.

¡Así como digo una cosa digo otra!
Liderazgos del PT y del PVEM, consultados anoche por este columnista, admiten que su voto contra la reforma la Presidenta puede tener un costo político importante en la negociación de candidaturas rumbo a 2027, cuando se renovarán San Lázaro, 17 gubernaturas y cientos de municipios.
Pero también tienen claro —me dicen— que Morena los necesita. Y los necesita para algo más que ganar elecciones: para sostener el control del entramado jurídico del país y de los órganos de decisión que requieren la aprobación del Congreso de la Unión. Es decir, para mantener la hegemonía del nuevo régimen.
Saben, además, que su poder no está en el tamaño de sus bancadas, sino en su capacidad para inclinar cualquier votación constitucional. En ambas cámaras, sus votos pueden definir el sentido de una reforma… o sepultarla.
Tras rebelarse contra la presidenta Claudia Sheinbaum y provocar este revés legislativo, verdes y petistas han intentado reactivar el diálogo con Palacio Nacional y la Secretaría de Gobernación. Pero —me aseguran— no los quieren ni ver. Los han remitido con los coordinadores parlamentarios de Morena y con la dirigencia nacional guinda.
Aun así, en un intento por recomponer la relación —con la rama de olivo en la mano—, los partidos satélites han garantizado públicamente, incluso junto a la dirigencia nacional de Morena, su apoyo “incondicional” al llamado Plan B de la Presidenta para reducir el costo del sistema político-electoral del país. Es decir, a la mini reforma.
Y es que ese Plan B ya no toca lo esencial: no reduce en 25% el financiamiento a partidos ni a órganos electorales, no elimina los plurinominales ni desaparece el PREP. Va, en cambio, por ajustes acotados en leyes secundarias que sólo requieren 251 votos en la Cámara de Diputados.
Entre ellos: recortar presupuestos de congresos locales, reducir partidas para senadores, fijar un tope de 15 regidurías por municipio, ajustar sueldos de la alta burocracia electoral, evitar duplicidades entre el INE y los organismos locales, modificar el catálogo de consultas populares y llevar la revocación de mandato presidencial a 2027 para incluirla en la boleta.
Pero falta lo más importante: una ofrenda de paz mucho mayor por parte del PT y del PVEM si quieren mantener su alianza con Morena y con la presidenta Sheinbaum. Una oferta que —me aseguran— podría sorprender … y cambiar la narrativa que hoy empuja la oposición sobre un supuesto “narcogobierno”.
Al tiempo.
RADAR
HAY DE ZACATECANOS A ZACATECANOS
Me adelantan que en los próximos días estallará una bomba mediática que cimbrará a la clase política nacional. Se trata de investigaciones periodísticas, nacionales e internacionales, sobre los primeros 14 meses de gestión de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, originaria de Zacatecas. Habrá que estar atentos.
En contraste, tras la forma en que se procesó la reforma electoral, líderes parlamentarios del PRI y del PAN han expresado su respeto al coordinador de Morena en San Lázaro, Ricardo Monreal. Según comentarios recabados para este espacio, el trato político que dio a sus adversarios le ha ganado reconocimiento en la oposición.














