17.7 C
Chihuahua
lunes, mayo 25, 2026

San Antonio también es un superequipo

0
0
May 24, 2026; San Antonio, Texas, USA; San Antonio Spurs center Victor Wembanyama (1) dunks in the third quarter against the Oklahoma City Thunder during game four of the western conference finals for the 2026 NBA playoffs at Frost Bank Center. Mandatory Credit: Scott Wachter-Imagn Images

Estos Oklahoma City Thunder están llamados a ser un equipo histórico, pero, por si había alguna duda, no son los únicos en la serie en merecer dicho calificativo. Tras un Game 3 en el que los de Daigneault no solo ganaron sino que lucieron intratables, esta vez le ha tocado a los Spurs responder. Y la respuesta, con un aplastante 103-82, ha sido tan contundente como el golpe inicial.

Habría que remontarse mucho tiempo para recordar un encuentro en el que OKC pareciera tan humano, tan vulnerable. En cuestión de dos noches, ha pasado de ser un Aquiles sin talón a uno que nunca se bañó en la laguna Estigia. Sin armas, sin recursos para la guerra en ninguno de los dos lados del aro, sin la agresividad que caracteriza a este equipo. Los Thunder fueron víctimas de la impotencia que normalmente sufren los rivales de los Thunder.

Y todo San Antonio, con arsenal para ser la horma de su zapato, preparó este choque a conciencia.

Como viene siendo habitual en estos playoffs, qué pasa con Victor Wembanyama fue la cuestión en torno a la que giraron todos los ajustes, y en base a ello Mitch Johnson diseñó un plan de partido que fue la base del recital texano. Uno que le exigió dar pasos adelante en ciertos aspectos pero contenerse en otros. No tener miedo a ser protagonista pero no querer serlo siempre. Un equilibrio complicado en el que el francés se movió a la perfección.

Donde Johnson le pidió más fue en ataque. Con la subida del nivel físico por parte de Oklahoma, Wemby había estado bastante más cohibido en ataque tras el Game 1, pues se le estaba obligando a jugar mucho más lejos del aro, se le estaba complicando recibir balones y se le estaba forzando a tomar menos y peores tiros. Pero hoy hubo un esfuerzo consciente por evitar todo eso.

Los Spurs hicieron un esfuerzo consciente por involucrar a Victor en el juego desde el inicio, haciendo que el balón pasara menos por las manos de los bases, que habían tenido problemas para cuidarlo, y girando mucho más en torno el gigante galo. Se buscaron situaciones para que lanzara de fuera, para que atacara en uno contra uno o para que finalizara en alley oop, y se creó un contexto mucho más propicio para él.

Uno en el que, aun jugando 8 minutos menos que en el Game 3, lanzó más (22), anotó más (33) y asistió más (5). Y por ahí empezó a forjarse todo.

No obstante, el ajuste más contraintuitivo tuvo que ver con la defensa. Y es que en los últimos choques, el (completamente razonable) deseo de involucrar a Wemby en cada acción defensiva se había empezado a tornar en un pequeño problema para San Antonio. Sus ayudas constantes a cualquier jugador que se adentrara en la línea de triple estaban alterando tiros, sí, pero también liberando espacios que OKC estaba sabiendo usar cada vez mejor. Para lanzar triples, pare rebotear, para cortar.

Para hacer daño, en general. Para reducir todo lo posible el impacto del mejor defensor del planeta.

Así que los Spurs en general y Wembanyama en particular han tenido que aprender por la fuerza que a veces menos es más. Y aunque ni mucho menos de forma súper drástica, sí plantearon una defensa más contenida, que no necesitaba de su continua presencia en todos lados, lo que hizo que, sin reducir su impacto, los Thunder tuvieran más dificultades para encontrar buenos tiros tras penetrar y doblar.

Una filosofía similar se aplicó a la defensa sobre Shai Gilgeous-Alexander, que recibió menos dos contra uno que nunca y a quien se dejó operar con más facilidad lejos del aro para luego, una vez que se acercaba a la media distancia, rodearlo de forma más efectiva. Un planteamiento que, aunque peligroso si el canadiense hubiese tenido una de sus noches inspiradas, pareció pillarlo por sorpresa y le generó su peor actuación de la serie tanto en cuanto a anotación (19) como asistencias (7).

Esta premisa exigió mucho a los exteriores, obligados a ser tan importantes como Wemby, y su respuesta fue excelente. Stephon Castle, desposeído de ciertas responsabilidades ofensivas, pudo centrarse a amargar la noche a SGA y lo hizo como prácticamente nadie en la liga, pero no fue ni mucho menos el único en brillar. Lejos de poder confiar en las ayudas interiores, la defensa obligaba al backcourt a aguantar los unos contra uno y estar continuamente activos en ayudas y rotaciones.