22.3 C
Chihuahua
lunes, junio 8, 2026

Un raro meteorito demuestra que existió otro planeta en nuestro sistema solar

0
0

Según algunas teorías, hace unos cuatro mil quinientos millones de años, había un astro de gran masa, hoy inexistente, en órbita al Sol. La masa de este astro pudo ser tan grande como la de Marte. Sin embargo, en aquella época colisionó contra otro cuerpo celeste y se deshizo en un montón de escombros.

 

Ahora, unos científicos han encontrado la primera evidencia definitiva de que este planeta o protoplaneta desaparecido, existió. Su singular composición geológica desafía las ideas preconcebidas sobre la evolución de los planetas.

 

La investigación la ha realizado un equipo encabezado por Aaron Bell, de la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos.

 

La clave del hallazgo fue un fragmento de esos restos planetarios, que se estrelló en la Tierra y fue encontrado. Concretamente, esta piedra fue recogida en el desierto del Sahara y se la conoce como el meteorito NWA 12774. Pertenece a una clase de meteoritos conocidos como angritas. Sus siglas NWA hacen referencia en inglés al área donde fue encontrada, el noroeste de África.

 

Las angritas figuran entre las rocas volcánicas más antiguas conocidas del sistema solar, formadas apenas unos pocos millones de años después de nacer el sistema solar, hace aproximadamente 4560 millones de años. También son excepcionalmente raras. De los más de 80 000 meteoritos descubiertos en la Tierra, solo 68 son angritas.

 

Lo que hace que las angritas sean especialmente desconcertantes es su composición química. A diferencia de la Tierra, Marte y otros planetas rocosos, las angritas contienen muy poco dióxido de silicio, o sílice, que es un componente principal en casi todos los planetas rocosos del sistema solar.

 

Por esa razón, se creyó durante bastante tiempo que los meteoritos de esa clase debían provenir de algún asteroide, con un radio inferior a 200 kilómetros.

 

Cuando Bell y sus colegas estudiaban NWA 12774, descubrieron que el meteorito contiene clinopiroxeno, un mineral cristalino que se encuentra comúnmente en la corteza y el manto terrestres. En particular, el clinopiroxeno de NWA 12774 es excepcionalmente rico en aluminio, una señal inequívoca de que el meteorito se formó bajo una enorme presión en las profundidades de un astro.

 

Los investigadores reconstruyeron entonces las condiciones de presión que tuvieron que darse para hacer posible la formación de NWA 12774.

 

Para su sorpresa, el clinopiroxeno rico en aluminio resultó necesitar al menos 17,5 kilobares de presión. En comparación, la aplastante presión en el fondo de la Fosa de las Marianas, el punto más profundo de la Tierra al que se ha descendido, es de tan solo alrededor de 1 kilobar.

 

Esa presión de al menos 17,5 kilobares no pudo existir dentro de un asteroide. Los cálculos indican que el astro del que provienen las angritas debía tener al menos unos 1000 kilómetros de radio.

 

Otras pistas en el meteorito apuntan a una posibilidad aún más llamativa. Los cristales dentro de NWA 12774 conservan bordes afilados y delicados patrones químicos que se habrían borrado si se hubieran formado en las profundidades del subsuelo. Esto sugiere que los cristales probablemente se formaron a profundidades relativamente escasas dentro del cuerpo progenitor, por lo que el astro debía ser aún más grande.

 

Según este escenario, el cuerpo progenitor de las angritas pudo superar los 1800 kilómetros de radio, lo que lo haría comparable en tamaño a la Luna o quizá a Marte, que tiene un radio de 3300 kilómetros.

 

Aún no está claro cómo se destruyó el planeta. Una posibilidad es que una colisión catastrófica en la infancia del sistema solar lo desmenuzase, y que buena parte de sus fragmentos se convirtieran posteriormente en componentes de otros planetas rocosos, incluida la Tierra.

 

El estudio se titula “High-pressure clinopyroxene in Northwest Africa 12774 and new geobarometric evidence for a planetary embryo-sized angrite parent body”. Y se ha publicado en la revista académica Earth and Planetary Science Letters.