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miércoles, julio 15, 2026
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Con una versión inverosímil del tipo “me chamaquearon”, salió a medios la gobernadora de Tijuana, Marina del Pilar. Intenta justificar su traición al Movimiento explicando que la engañó el exgobernador Jaime Bonilla, con quien mantiene pública confrontación. Dijo que Bonilla le acercó a supuestos agentes del FBI, a quienes -según el video publicado por De Mauleón- ella ofreció colaborar entregando información clasificada sobre la seguridad del país.

Bonilla desautorizó las declaraciones de la gobernadora en apuros con un argumento de sentido común: “es ilógico que a quien ha señalado como su peor enemigo, a quien ha perseguido política y penalmente pueda participar en eventos tan sensibles y confidenciales de la gobernadora”, señaló en un comunicado.

Desde luego, es un despropósito responsabilizar a su peor enemigo político de haber sido conducto para encaminarse a la condición de testigo colaborador, en la pandilla conocido como sapo. En esa condición la tienen al interior del régimen, basta con ver el minieditorial de La Jornada publicado ayer: “Si colabora como sapo, delata como sapo y trabaja a las órdenes de otra nación como sapo, ¿qué es?. Sólo faltó cerrar con un: ¿cierto Marina?.

Así ven los devotos a la gobernadora de Tijuana, como una delatora a las órdenes de Estados Unidos, lo que obviamente consideran traición inadmisible. Tienen razón, el audio difundido por el columnista de El Universal es incriminatorio, de haber sido un gobernador de oposición el exhibido, hubiesen descargado sobre él la propaganda con todo su poder, acusándolo de traición a la Patria, recordemos el caso de Maru Campos. Pero como es una de ellos, la cubren con el manto de la complicidad.

A pesar del obvio encubrimiento, la gobernadora está desesperada, a punto de infarto. De otra manera nunca hubiese tratado de justificar su colaboración con un argumento tan débil como ese de que confió en su peor enemigo, para resolver un asunto donde va en juego su libertad. Esto sucede por que ya no puede más, sabe que la Justicia Norteamericana podría reclamarla en cualquier momento, como a Rocha Moya, y quiere tener asideros fuera del país.

Del Pilar es la imagen que describe la desesperación de muchos encumbrados del régimen, al ver que pueden ser presentados ante la Justicia de un país donde no cuentan con un sistema político que les dé protección, se vuelen locos y hacen lo que sea con tal de salvar el pellejo. Por lo que hemos visto en los últimos días, hacen bien en tomar sus providencias personales, la más reciente declaración del director de la DEA es feroz. Ay nanita, todos a correr y sálvese quien pueda.

 

Rompeolas

 

Julián LeBaron se estrenó como precandidato al gobierno estatal con un acto de fantasía; que lo amenazaron de muerte por querer ser gobernador y tuvo que sacar a su familia del país. Que se la crea su abuelita, nadie toma en serio su candidatura como para tratar de bajarlo a la mala, es de risa. Abusado, Guadalupe, Lebaron es el ladino estridente y mentiroso que conocen los chihuahuenses y que pronto conocerán los dirigentes de “Somos México”. Al ver que no prospera su proyecto, los dejará tirados y luego se dirá traicionado. Están metiéndose con alguien muy cuestionado en la región. Se entiende que necesitan votos, pero cuidar el prestigio de la naciente organización es, debería ser, más importante.

 

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Javier Corral debería estar triste, perdió al caballero de brillante armadura que lo rescató de la Justicia chihuahuense, cuando departía en un restaurante de Ciudad de México. Ulises Ruiz, el que se hizo abogado de un día para otro -literal- en una escuela fantasma de Iztapalapa, renunció en circunstancias sospechosas a la Fiscalía General de la República, donde se desempeñaba como Fiscal de asuntos relevantes. A él debe Corral su libertad, fue quien pisoteó la ley para protegerlo cuando ya estaba en poder de agentes ministeriales del estado. El corrupto (está acusado por malversar casi 100 millones de pesos) y holgazán exgobernador pierde a sus cómplices. Los seguirá perdiendo; La Barredora está en la mira de Donald Trump y muchos ahí son amigos de Corral.