Ariadna Montiel, responsable de operar las candidaturas de la demagogia populista, llegó a la etapa final de los procesos internos a gobernador con severas dificultades de credibilidad entre los aspirantes mejor posicionados. La crisis es pareja en el país, pongo el caso Chihuahua por uno de los ejemplos ilustrativos. A la mesa final llegaron Andrea Chávez, Cruz Pérez Cuéllar y Martín Chaparro, con la senadora y el edil como amplios aventajados en las encuestas, pero arrastrando ambos serios cuestionamientos de credibilidad.
La senadora Chávez es un caso patético, creció política y popularmente arrojada en los brazos del grupo más poderoso de Morena, pero también el más desprestigiado. Está protegida por la fracción con mayor descrédito; la organización político delincuencial conocida como “La Barredora”, cuyo capitán es Adán Augusto López, probablemente el personaje más siniestro e impresentable de Morena. Mucho decir en un partido de cínicos, ladrones y falsarios.
Por sí misma, Andrea Chávez no tiene ningún capital político, sin el respaldo del poderoso grupo al que vendió su alma no sería más que una joven cargando la bolsa de cualquier senadora o diputada, servicio que prestó a Bertha Caraveo antes de conocer al vulgar y ambicioso Adán Augusto. Su merito ha sido mantener el favor del senador y prestarse para una multimillonaria campaña aceitada con recursos presumiblemente de organizaciones criminales y negocios corruptos del poder.
Cometió un error común en los jóvenes políticos, creer que pueden comerse el mundo a puños, sin darse cuenta de que son pequeños instrumentos en los grandes juegos del poder. Con arrogancia se mantuvo dos años insultando a la gobernadora, hablando de un Chihuahua al que obviamente no conoce y creyendo que sólo era cuestión de tiempo para ser gobernadora. La real política le asignó una tarea diferente; limpiar el supurante rostro de su protector y defender con desvergüenza al grupo del que ya no podía salir y, por su conducta, tampoco quería. Parece estar muy cómoda como una más de “La Barredora”.
Sus problemas empezaron con el fuego amigo, cuando el gobernador Javier May (Morena) decidió confrontar a Adán Augusto López donde más le dolía, en su aliado y socio de muchos años, Hernán Requena, jefe operativo de la organización criminal. A partir de su detención se le vino el mundo encima al senador y por extensión a la joven Chávez, los golpeaban desde adentro mostrando grietas bien marcadas en el corazón de Morena. Cualquier otro coordinador del senado hubiese caído con aquel golpe brutal, Adán Augusto no. Él gozaba de la protección de pandilla proporcionada por el jefe superior, Andrés Manuel López Obrador.
La Barredora, sin embargo, era sólo la punta del iceberg. Luego llegaron las graves acusaciones sobre otra organización criminal donde aparecía el nombre de Adán Augusto López como eje articulador de una banda encumbrada en la parte superior del gobierno, dedicada al huachicol fiscal. En ese punto se marcó el quiebre visible con la presidenta Sheinbaum y la exigencia de aceptar una embajada a cambio de renunciar al senado. Sintiéndose amparado en la pandilla, en vez de pedir licencia mantuvo el desafío a la presidenta; sólo aceptó entregar la coordinación a condición de que lo sustituyese uno de los suyos, Ignacio Mier.
En esa parte todavía creía tener fuerza suficiente para exigir los espacios políticos presumiblemente acordados meses atrás, mostrando de pasada que renunciar a la coordinación simplemente había sido un movimiento estratégico. En ese contexto formuló aquella declaración retadora de que Andrea Chávez sería gobernadora de Chihuahua, poniéndose por encima del partido y de la misma Sheinbaum. ¿La recuerdan? Fue muy comentada en su momento, el protector derrotado exigiendo respeto al proyecto de su protegida. Era un gesto de absoluta soberbia, del tipo aquí no ha pasado nada, sigo mandando yo.
Y puede que, hasta ese punto, no hubiese pasado nada y siguiese mandando él, la protección del régimen a los suyos es como de perra recién parida con sus cachorros. Pero mientras Adán Augusto López desafiaba al poder presidencial, en Estados Unidos preparaban un grueso expediente contra él. Las últimas versiones son que le retiraron la visa y está siendo investigado en al menos dos cortes norteamericanas, versiones que intenta minimizar escondiéndose en la soberbia de quien se asume intocable; “yo no declaro”, responde cuando le preguntan sobre el tema. Sin embargo, tampoco las desmiente, las padece a pesar de ocultarse en sí mismo.
El camino de Andrea Chávez hacia la gubernatura empezó como un torbellino imparable, perdió impulso con los profusos señalamientos de corrupción contra su protector y pareció atorarse en la confrontación interna, especialmente con la presidenta. Siguiendo los hechos que la frenaban, me anticipé al darla por derrotada cuando Adán Augusto perdió la coordinación del senado. Estaba equivocado, pertenece a una mafia muy poderosa que puede imponer su candidatura contra la estructura del partido y contra la presidenta. ¿Podrá imponerla también contra el interés de los Estados Unidos, único enemigo al que temen los capitanes de “La Barredora”?.
Sinceramente considero que no, pero Morena es un partido de criminales, narcotraficantes y corruptos, es el narcopartido. En consecuencia, pueden suceder las cosas más insospechadas. Y en todo caso, la senadora con licencia sería el candidato más débil, muchos electores han comprendido que es un peligro para Chihuahua. Los millones del crimen y de la corrupción gubernamental serían insuficientes para imponerla contra la comunidad, estoy convencido que puede más la voluntad de los chihuahuenses que los caprichos e intereses personales de uno de los personajes más despreciables de la política mexicana, Adán Augusto López Hernández.
Aquí detengo esta entrega, en la próxima hablaré de Cruz Pérez Cuéllar y del profe Martín Chaparro. En esta me alargué más de lo que tenía previsto.
Rompeolas
¿Observaron que no mencioné para nada el nombre de Javier Corral? Es porque el corrupto y holgazán exgobernador carece de importancia en la disputa interna por la gubernatura. Está en la precampaña de la senadora Chávez porque no tuvo de otra, pues Cruz es uno de sus mayores enemigos y está convencido de que el profe Chaparro carece de posibilidades. Pero en el improbable caso de que Chávez sea candidata, Corral sería uno de sus mayores lastres. Su desprestigio en Chihuahua es mayúsculo.















