Y si Andrea Chávez es activa integrante de “La Barredora”, como ha demostrado consistentemente, Cruz Pérez Cuéllar, el otro aspirante bien posicionado popularmente, tiene su propia historia relacionada con actividades criminales. Su caso es diferente al de la senadora, pues ella decidió pertenecer a ese grupo político delincuencial por voluntad e interés propios, en cambio él se vio involucrado por asunto de cargo. Es decir, como gobernante de un municipio donde domina uno de los grupos criminales bien identificados del país, en vez de combatirlo se puso a sus órdenes o por lo menos los dejó actuar a sus anchas. Eso, por sí mismo lo incrimina.
Sobre el tema no abundaré, es historia en proceso y además muy conocida, muchos de mis lectores saben que hace años decidí pasar de largo sobre asuntos de narcotráfico y sicarios del mal. Si quienes deben combatirlos confraternizan con ellos y Morena hasta los hace sus aliados, porque uno debería estar señalándolos. Pero esa circunstancia desde luego le duele a Cruz y, por supuesto, a varios de sus funcionarios, especialmente los relacionados con áreas de seguridad y manejos económicos. Como muestra, una de muchas que podrían ser mencionadas, sólo citaré el escándalo de los túneles. ¿Ustedes creen que los servicios de seguridad norteamericana se tragarían el cuento de que el Presidente Municipal ignoraba el hecho?. Ahí se las dejo.
En consecuencia, para efectos políticos Pérez Cuéllar es tan vulnerable como Chávez; en cualquier momento ambos pueden recibir un formal extrañamiento del gobierno norteamericano, del tipo “te retiro la visa y te abro un expediente en la Corte”, si es que todavía no lo han recibido. Pero el edil tiene además el problema de la legitimidad ideológico partidista; es considerado por muchos de Morena como un arribista convenenciero. No es que la senadora tenga pureza ideológica, ella también quiso ser tomada en cuenta por César Duarte y rogó al PT por una diputación. El edil, sin embargo, es en quién ha recaído este señalamiento. Le hizo daño el fuego amigo, en buena medida enderezado por la senadora y los puros de Morena.
La razón de que lo tengan por oportunista encuentra pertinencia en el simple hecho de que se corresponde con los hechos. Cuando el grupo de Maru Campos, con Mario Vázquez como principal operador, arrebató a Cruz el control del PAN estatal, éste caminó de un partido a otro antes de acomodarse, casi por accidente, en Morena. La incursión política que más daña su credibilidad es cuando prestó su nombre a César Duarte, para competir de candidato a gobernador por Movimiento Ciudadano, intentando frenar al PAN, con Javier Corral de candidato. Recibió tres pesos en compensación y no pudo entregar un voto más de los muy pocos que ya tenía el partido. En aquella elección apenas arañó el dos por ciento de la votación.
Los que apunto son datos, no especulaciones. Por tanto, si Ariadna Montiel quiere ser congruente con su promesa de no postular candidatos vinculados al crimen, lo ha dicho en varios momentos mostrando absoluta seguridad, tendría que prescindir de sus dos prospectos mejor calificados popularmente en Chihuahua. Tanto la senadora Chávez como el edil Pérez Cuéllar contribuyen a la idea de que Morena es un Narcopartido, lo que tanto les ha dolido pero se rehúsan a actuar en consecuencia. Repito lo que dije antes; la senadora por voluntad propia decidió ser parte de un grupo criminal, el edil por efecto de cargo. Hay matices, sí. Pero de la misma manera en que una mujer no puede estar medio embarazada, tampoco un político ser medio corrupto o estar medio involucrado en el crimen.
Sobre el deber ser de la política, según sus principios voluntariamente autoimpuestos, Morena debería dejarlos fuera de competencia. Por eliminación quedaría Martín Chaparro, el tercero citado días atrás por Ariadna, para una reunión de avenimiento entre los aspirantes. El profe Chaparro, él sí, cumple con todos los requerimientos de su partido para ser candidato: militante de izquierda desde sus tiempos normalistas, trabajador incansable en la fundación del partido, al punto que López Obrador dijo de él que “en Chihuahua nos ayudó mucho”, por eso le otorgó el cargo en la SEP y sin pedir nada recogió el partido cuando Víctor Quintana lo dejó tirado para ir a la campaña del entonces “derechista” Javier Corral.
Antes de ser candidato a senador, Cruz andaba tras de Chaparro rogándole que lo hiciese candidato… a lo que fuese. Es un hombre honesto, lo que no es fácil decir en política, con los mayores merecimientos para ser candidato de su partido. ¿Quiere Morena conjurar el mote de narcopartido, reconocer a su militancia valiosa y legitimar el trabajo de campo? En Chihuahua tiene a un aspirante que reúne todos los requisitos, el profe Martín Chaparro. Sin embargo, una cosa es el deber ser y otra el ser, dudo muchos que se atrevan a postularlo, ha demostrado ser un partido de vulgares ambiciones que hicieron del poder un negocio y de la política el cinismo.
















