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jueves, agosto 13, 2026

El valor de los eclipses para la ciencia

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Los eclipses de Sol han sido y continúan siendo muy valiosos para la ciencia, especialmente los eclipses totales. Hoy en día, se utilizan principalmente para investigar nuestra estrella.

 

En diciembre de 2024, la Agencia Espacial Europea, puso en marcha la misión Proba 3: envió al espacio dos naves capaces de crear eclipses de Sol totales artificiales, al orbitar en perfecta sincronía a 150 metros de distancia entre ellas. Gracias a ello, se pueden captar imágenes de la corona solar sin depender de la limitada frecuencia de los eclipses naturales y ayudar a responder preguntas aún abiertas, como el origen y funcionamiento de las tormentas solares que afectan a satélites y redes de comunicación. Esta misión cuenta con participación española.

 

La misión Proba 3 es, en cierto modo, una herencia del siglo XIX, cuando se consolidó la idea de que los eclipses eran oportunidades privilegiadas para profundizar en la física solar. Un ejemplo destacado es el gran eclipse total de Sol del 8 de julio de 1842, visible en buena parte de Europa. Numerosos astrónomos lo utilizaron para estudiar la corona solar y las protuberancias que genera el plasma de la atmósfera, así como para describir con detalle fenómenos como las ‘perlas de Baily’. El eclipse que marcó al joven Ramón y Cajal del 18 de julio de 1860 también atrajo a España expediciones de muchos países, entre ellos, Gran Bretaña, Portugal, Francia y Rusia. Durante este, el astrónomo británico Warren de la Rue, hizo la primera fotografía de las protuberancias solares desde el pueblo vasco de Rivabellosa.

No obstante, los eclipses han contribuido también de forma decisiva a la ciencia de otras formas. Durante sus observaciones del eclipse total del 18 de agosto de 1868 desde la India, el astrónomo francés Pierre Jansen descubrió el helio, el segundo elemento más abundante en el universo. Se le llamó así en honor al Sol (‘helios’ en griego). Unos cincuenta años después, el 29 de mayo de 1919, las expediciones lideradas por el astrónomo británico Arthur Eddington a Sobral (Brasil) y la isla de Príncipe en África, permitieron comprobar la Teoría de la Relatividad General usando también un eclipse total de Sol. Al medir la desviación de la luz de las estrellas debido a la gravedad del Sol predicha por Albert Einstein, catapultaron al físico alemán a la fama y convirtieron a este eclipse en uno de los más conocidos de la historia de la ciencia.

 

Además, de movilizar expediciones internacionales, los eclipses ponían en marcha colaboraciones entre observatorios y aparecían ampliamente en la prensa, reforzando el carácter público y colectivo de la astronomía. A raíz del trío de eclipses totales que hubo en España en 1900, 1905 y 1912, se fundaron y consolidaron varios observatorios astronómicos y se impulsaron actividades investigadoras. En 1902, se fundó el Observatorio de La Cartuja en Granada, constituyendo una de las razones por las que en 1975 se creó el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), dependiente actualmente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El Instituto de Astrofísica de Andalucía es hoy en día un referente internacional en investigación astrofísica de excelencia.

 

Por otro lado, el eclipse total de 1959, que fue solo visible desde España en las Islas Canarias, atrajo también a astrónomos de todo el mundo e impulsó la creación de un observatorio permanente en Tenerife. Finalmente, en 1970, se inauguró el Observatorio del Teide, esencial para que en 1975 se fundase el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), por acuerdo entre la Universidad de La Laguna, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Mancomunidad Interinsular de Cabildos de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Más tarde, en 1982, se consolidaría administrativamente como Consorcio Público convirtiéndose en el centro de mayor tamaño en investigación astronómica y astrofísica de España.

 

En definitiva, los eclipses de Sol han ayudado a expandir los horizontes de la ciencia y también a promover las investigaciones astrofísicas. (Fuente: Elisa María Ramírez García / CSIC. Contenido realizado dentro del Programa de Ayudas CSIC – Fundación BBVA de Comunicación Científica, Convocatoria 2024)