El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos mantiene detenido al periodista mexicano Carlitos Ricardo Parias, quien recibió un disparo de un agente y denunció falta de atención médica para su herida, además de condiciones insalubres en el centro de detención migratoria de California, donde hoy cumple 300 días de su arresto, informó The Intercept.
El caso de Parias se convirtió en el periodo más prolongado de detención de un periodista registrado en Estados Unidos.
El comunicador afirmó que ha soportado una secuencia prolongada de violencia, persecución y encarcelamiento a manos del gobierno estadunidense, a pesar de que un juez desestimó todos los cargos penales en su contra con carácter definitivo, tras ser enjuiciado por una falsa acusación de fiscales estadunidenses de agresión a un agente federal ocurrida durante su detención.
Parias, originario de Puebla, sigue detenido y los trámites para su deportación continúan mientras permanece retenido en el Centro de Procesamiento del ICE de Adelanto, California, donde no recibe tratamiento para la recuperación de un brazo que se le está poniendo morado tras ser operado por una herida de bala al momento de su arresto.
El periodista mexicano vive entre cucarachas en una celda insalubre y el agua que le dan para beber contiene gusanos, como pudo constatar The Intercept.
Espionaje contra activistas
En paralelo, la organización Movimiento Sunrise, que está en contra de la violencia ejercida por el ICE fue objeto de una agresiva campaña de espionaje gubernamental que duró varios meses, en la que incluso participó un agente migratorio estadunidense encubierto que asistía a sus reuniones y protestas.
Una investigación de The Intercept reveló que documentos de la investigación del ICE sobre el Movimiento Sunrise a los que el medio tuvo acceso, muestran que un agente se ofreció como voluntario para fabricar herramientas para protestas de “acción directa” mediante la confrontación.
Movimiento Sunrise afirmó que estas tácticas son una señal de que la administración de Donald Trump está perdiendo la batalla por la opinión pública.
















